Curiosidades 'a la carta'

El hombre que se envió a si mismo, las cartas a la atención de Dios y otras historias epistolares.

¿Sabías que hubo un tipo a finales del siglo XIX que se envió a sí mismo por correo?, ¿y que la gente manda miles de cartas a diario… a Dios?, ¿y que un americano se ha hecho de oro recibiendo postales? Celebramos el Día Mundial del Correo contándote cinco divertidas historias epistolares que (seguramente) no conoces.

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La carta que se hizo canción

Tommy Torres es un músico portorriqueño, protagonista de una bonita historia. Como tantos otros artistas, su buzón y su cuenta de twitter es asaltada muy a menudo por fans que le felicitan pero también le solicitan todo tipo de favores. Esta la historia de uno de ellos. Un tal Paco. Enamorado hasta los huesos de una chica (fan ella del cantante), escribió a Torres pidiéndole, básicamente, que le pusiera a ese sentimiento las palabras que a él no le salían. Que le ayudara a declararse. Ante el primer mail, no hubo respuesta del músico. Y Paco volvió a la carga con una segunda carta (puedes leer ambas en la foto superior). Esta vez, Torres sí se decidió a ayudar. Pero no hizo otra cosa que poner música al los dos mails escrito por Paco, y así surgió el tema "Querido Tommy" que, gracias a la historia que tiene detrás, se convirtió pronto en un fenómeno en las redes sociales. Si bien es cierto que la canción no quedará en los anales de la música, sí es verdad que es resultona y que esconde una curiosa historia. Y a buen seguro que la chica se quedó colgada. Pero de Tommy, no de Paco.


Surrealismo postal

Bajo el pseudónimo Ted L. Nancy, un cómico americano se lo ha pasado como un niño escribiendo cartas. Y es que, desde hace ya años, manda cartas surrealistas a hoteles, tiendas y empresas y luego las recopila en libros, junto con las respuestas, en el caso de que las haya. Por ejemplo, escribió a un hotel de Amsterdam, diciendo que iba a estrenar en la ciudad una obra de teatro, llamada 'Hamsterdam', y protagonizada por 300 hámsters. Quería saber si podía alojarlos en el hotel durante 12 días. El director del establecimiento respondió que, lamentablemente, era imposible. Entonces, Ted volvió a la carga, diciendo que lo entendía, y que en consecuencia había cambiado de idea. Su obra ya no sería 'Hamsterdam', sino 'Amsterclam' (clam es almeja en inglés), y preguntaba si podría alojarse con 500 de ellas en la habitación, ya que no eran tan sucias como los roedores y ni siquiera salían de su concha. Decenas de historias desternillantes están recogidas en varios libros que, de momento, solo puedes encontrar en inglés. En su web puedes ver algunas de las cartas: www.tedlnancy.com.

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El hombre que se envió a sí mismo

Corría el año 1898 cuando en manos del inglés W. Reginald Bray cayó un libro enorme. En él se recogía todo el reglamento del sistema de correos británico y, hojeándolo, se dio cuenta de algunas curiosidades. Por ejemplo, que se podían enviar animales siempre que no fueran más pequeños que una abeja ni más grandes que un elefante. Tanto le llamó la atención, que se propuso comprobar si las normas de aquel libro se cumplían o no. Y, como además Reginald resultó ser un cachondo, se pasó años enviando (a su propia casa y a la de sus amigos), sin empaquetar pero con su sello y su dirección todo tipo de cosas: un manojo de algas, una colilla de cigarro, una tubería, una cebolla, a su perro Bob (sin jaula)… Cada vez que sus frikadas llegaban a buen puerto, se ponía loco de contento, hasta que llegó el súmmum: se envió a sí mismo a su propia casa… y llegó. Un ciclista de correos cargó con él y se lo entregó a su asombrado padre. Como prueba de la cachondada, queda esta foto.

A la atención de Dios

Cada día, cientos de personas en el mundo cogen papel y boli y escriben una carta… ¡a Dios! Evidentemente no se conoce la dirección exacta de la divinidad y, además, el cielo es demasiado amplio, así que muchos de los creyentes ponen como dirección Jerusalén, así, a secas. Por eso, a la oficina de correos de la ciudad llegan miles de cartas para Dios, en las que le piden salud, una mano para los exámenes, que se aparezca en sueños un familiar fallecido… Pero no sólo piden, también hay cartas de agradecimiento o arrepentimiento y, según cuentan los responsables de correos, es relativamente habitual que lleguen cartas con dinero "por ese cenicero que robé en el restaurante", o por "el juego de toallas que me llevé del hotel"… Los funcionarios, lejos de tomarse el tema a guasa, han reservado un espacio para estas cartas y cada cierto tiempo, cuando ya no caben más, las cogen, las llevan al Muro de las Lamentaciones y las meten en las grietas que hay entre las piedras. Aplaudimos su profesionalidad.

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Secretos a grito pelado

¿Se puede alguien ganar la vida recibiendo cartas? La respuesta es sí, y en concreto, postales. El fenómeno PostSecret nació en 2003, de la mano de un artista estadounidense llamado Frank Warren. Estaba buscando una idea para presentar en una exposición, y repartió unas cuantas postales con su dirección, para que algunas personas escribieran en ellas un secreto y, de forma anónima, se las enviaran para luego juntarlas y hacer una obra. Pero el fenómeno se fue extendiendo, y cada vez le llegaban más cartas, de cualquier rincón del mundo, contando secretos muy personales de todo tipo: secretos de familia, fantasías inconfesables, deseos sexuales… cualquier cosa que cupiera en una postal. El artista decidió abrir un blog y colgar, todos los domingos, algunas de esas confesiones. Más de una década después, Warren ha publicado varios libros con las cartas y su blog ha recibido numerosos premios y millones de visitas. Si quieres desahogarte y contarle algo, en postsecret.com tienes la dirección.

17 veces la vuelta al mundo

No podíamos dejar pasar un día como este sin hablar con Correos, el servicio público que lleva repartiendo nuestras cartas desde 1716. Y nos han contado algunas cosas muy curiosas, como éstas:

- En 1882 se incorporó a las mujeres en plantilla, lo que convirtió a Correos en una empresa pionera en su insercción en el mundo laboral español.
-Los buzones de casa, esos que parece que llevan ahí toda la vida, no se instalaron hasta 1962. 
-Cada día, se reparten en España ¡15 millones de envíos! En resumen, uno de cada tres españoles recibe cada día una carta o paquete.
-Cada jornada circulan más de 13.000 vehículos de Correos, que recorren en 24 h casi 700.000 kilómetros, lo que equivale a dar la vuelta al mundo 17 veces.
-En cuanto al peso, se transportan cada día 7.683 toneladas, que sería igual que mover la estatua de la libertad.