Amaia Salamanca, en otra onda

Entrevistamos a la protagonista de 'Velvet'.

amaia salamanca

La primera vez que entrevisté a Amaia Salamanca (Madrid, 1986), la actriz empezaba a arañar el éxito gracias a su personaje de Catalina y su historia de amor con el narcotraficante Rafael. Eran los primeros episodios de la serie Sin tetas no hay paraíso (2008), que poco después se convertiría en uno de los huracanes de la ficción televisiva española.

Seis años más tarde, y ya con una carrera sólida a sus espaldas, el reencuentro llega gracias al primer shooting que protagoniza tras haber dado a luz el pasado abril a su hija Olivia, fruto de su relación con el empresario sevillano Rosauro Varo. La actriz acaba de convertirse en la nueva musa de Adolfo Domínguez, imagen del perfume Viaje a Cey­lán. El nombre de la fragancia encaja bien con la actitud de nuestra protagonista, un continuo ir y venir, echar la vista atrás y mirar hacia adelante, explorar nuevos rumbos...

Amaia se muestra inquieta por su bebé y parece un poco cansada: la víspera ha dormido poco a causa del concierto de los Rolling Stones en Madrid y hoy para nuestra producción no ha escatimado tiempo ni esfuerzo. Todo ello le confiere un halo de cercanía y lejanía a la vez, de confianza y de predisposición y al mismo tiempo de estar algo ausente y como en guardia...

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"Todavía quedo con mis amigos del colegio"

A punto de empezar la segunda temporada de Velvet, 
¿qué queda de la Amaia Salamanca de las series SMS, 
sin miedo a soñar y Sin tetas no hay paraíso?
En mi vida personal sigo siendo la misma de siempre. Profesionalmente he crecido, en parte porque los proyectos han sido mayores. De hecho, ahora mismo no podría ver SMS porque me moriría de vergüenza. Pero, por lo demás, todavía quedo con mis amigos del colegio y no me gustaría que eso cambiase. Me encantaría seguir así para siempre.

Uno de tus tesoros de aquella época, según comentabas, 
era una moto Triumph 675 cc. ¿Todavía la conservas?
Ya lo creo, y no la voy a perder. Está aparcada porque durante el embarazo no la he podido coger. Y me imagino que seguirá guardada durante una temporada, ya que moto y carrito de bebé me parece que no congenian muy bien (risas). Pero llevo esa afición motera casi en el ADN. Mi madre le regaló a mi padre una Harley-Davidson cuando él cumplió los 50 años y yo le regalé también una moto a mi hermano cuando cumplió los 30. Además, hemos hecho todos juntos la Ruta 66. Es duro, porque cada día son seis horas de trayecto, pero también muy divertido. Y una experiencia estupenda para vivirla en familia.

Hablando de familia, ¿siempre tuviste claro ser madre joven?
Siempre, porque mi madre también lo fue. Y ahora que ya no estamos ni mi hermano ni yo en casa veo cómo mis padres conservan las ganas de irse juntos en su Harley y hacer escapadas por ahí. Les queda vitalidad para, después de habernos cuidado, dedicarse a disfrutar. Si tienes un hijo con 40 años eso se complica. Es verdad que ahora envejecemos más tarde y tenemos más energía. Pero, para mí, la referencia fueron mis padres.

"Envejecer me genera un poco de ansiedad"

Me imagino que es pronto 
para considerar más niños...
Soy muy familiar y me gustaría tener más hijos. Tres sería un número perfecto. Pero ya veremos.

¿Con qué actitud afrontas 
esta nueva etapa vital?
Vivo lo que me sucede en el momento. Quiero decir que me gusta hacer frente a las cosas cuando llegan. Nada de agobiarme por adelantado pensando «qué haré si...». Y esto también se ha incrementado con la maternidad. Lo que sí me genera un poco de ansiedad es el paso del tiempo, el ir envejeciendo. Y desde que soy madre todavía más porque me veo mayor. Miro mi vida y me doy cuenta de que todo ha pasado muy rápido en estos 28 años. Cualquier día echaré la vista atrás y diré: «¡Ya está!».

¿Y desde el presente en el que te encuentras ahora 
mismo cómo imaginas tu futuro profesional?
Profesionalmente espero que me queden muchas cosas por hacer. Me encantaría trabajar fuera... Pero no me planteo metas ni objetivos. Entre otras cosas porque al principio empecé a estudiar Administración de Empresas y Derecho y ahora no me veo trabajando de otra cosa que no sea de actriz. Imagino que hasta que te encuentras a ti misma debes de andar un poco perdida en la vida. Así que voy paso a paso. Además, si te marcas metas, creo que cuando las alcanzas te tiene que quedar una sensación como de «¿y ahora qué?».

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"Siempre he sido más pasional que racional"

En la decisión de no planear nada está implícito, sin 
embargo, un plan. En el fondo, ¿eres una mujer racional?
Siempre he sido más pasional que racional. Pero, a medida que pasan los años, si ves que el ser muy pasional te ha llevado a cometer errores intentas corregirlos dejándote guiar más por la cabeza. Y esa es una de la cosas que también me ha aportado la maternidad: intentar ser más cerebral.

¿Hay algún sueño que hayas tenido que dejar 
atrás y que ahora recuerdes con cierta nostalgia?
Vivo bastante a gusto y consciente de lo afortunada que soy.

Eres la musa femenina de Viaje a Ceylán. Este perfume define a su mujer fetiche como independiente, delicada, fuerte, decidida y misteriosa. ¿Cuál de estos adjetivos encaja mejor con tu personalidad?
Me identifico con todos menos con el de misteriosa, porque de misteriosa tengo poco (risas). Tampoco me veo muy delicada. Creo que el que mejor me define es independiente.
¿Guardas algún recuerdo que esté muy asociado a un olor?
Cada etapa de mi vida va asociada al perfume que llevaba entonces. Le doy una importancia enorme al olfato. Es mi sentido favorito, hasta el punto de que cada vez que tengo que abordar un personaje nuevo, para crearlo empiezo por asignarle un perfume determinado, o un tipo de fragancia.

"Me parece mejor plan ver series que películas"

Fuiste campeona nacional de atletismo, jugaste en una liga femenina de fútbol y ya 
hemos hablado de la pasión que sientes por las motos…
Sí, sí. Lo sé. Soy bastante activa. También he saltado en paracaídas. Pero es que creo que hay experiencias que se deben vivir cuando todavía eres joven, para disfrutarlas con frescura. Me encantan el deporte y las actividades en general. No paro. Y cuando me toca estar más tranquila busco hacer otras cosas, como durante el embarazo, que he refrescado mi inglés, o ahora, que me planteo aprender francés.

¿Y cómo es para ti un plan relajado?
Me gusta mucho estar en casa con mis amigos o con la familia viendo una serie. Me parece mejor plan que ver una película, porque todo es más trepidante, y enganchas un episodio detrás de otro hasta que al final te dan las tres de la mañana. Y también me encantan los juegos de mesa... La verdad es que soy muy pesada con eso (risas).

Veo que tú también practicas la filosofía del tatuaje. 
Con lo que debe de doler hacérselos…
(Risas). Pero se te olvida, como dar a luz. Tengo tres: uno en el pie, otro en la nuca y otro en la muñeca. Y uno más que está en proceso. Me los hice consciente de qué son y qué significan. Representan cosas importantes de mi vida que llevo dibujadas en la piel. En la nuca, por ejemplo, me he tatuado las iniciales de mi familia (MRM) y lo hice en ese lugar de mi cuerpo porque es el sitio más cercano a la cabeza, y eso me recuerda que tengo que hacer las cosas con cabeza.

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"Que todos tus actos se hagan públicos me parece muy difícil de llevar"

Has interpretado a la actual reina de España en una miniserie (Felipe y Letizia) y has conocido en la vida real a Carlos de Inglaterra. ¿Qué has aprendido de estas experiencias?
Con la reina Letizia también he coincidido en algunos eventos y es superatenta y cariñosa. Cuando hice la serie pensé en lo complicado que debe de ser para una persona que ha llevado una vida normal involucrarse en una familia real. Que todos tus actos se hagan públicos me parece muy difícil de llevar. Tienes que estar muy enamorada para querer asumirlo, porque hay que readaptarse completamente. Con Carlos de Inglaterra estuve hace unos meses en el palacio de Windsor y el año pasado en el de Saint James (en la cena benéfica patrocinada por Porcelanosa que cada año se celebra en una de las residencias del príncipe de Gales). Me falta Buckingham (risas). El protocolo es bastante estricto. Te das cuenta de la puntualidad británica: desde que empieza hasta la hora de terminar todo está medido. Y él me pareció muy amable. Windsor es espectacular y precioso y haber estado allí... ¡es algo para contar a los nietos!