Emma Watson: una mujer libre

De niña prodigio a activista comprometida.

emma watson

Es un domingo gris. Estamos dando un paseo por Central Park y la gente no deja de interceptar a Emma Watson (París, 1990) para pedirle un autógrafo o hacerse una foto con ella. Y durante todo ese tiempo asisto a una clase magistral de paciencia y buena educación. Encuentro la situación bastante invasiva, pero la actriz británica se ha estado enfrentando a esto desde los 9 años, cuando se convirtió en la Hermione de Harry Potter, y su reacción es calmada y profesional. De hecho, se trata de una persona sorprendente, muy inteligente, con una mente incisiva y una confianza en sí misma tan contundente que podría cambiar el mundo.

Veinticuatro horas antes, el sábado 20 de septiembre, en el escenario del auditorio de la sede central de Naciones Unidas, las manos de Emma están temblorosas y, al principio, su voz también. Se la ve tan nerviosa que yo, por empatía, me aferro a los bordes de mi asiento. «Hoy estamos lanzando una campaña que se llama HeForShe», comienza. «Acudo a ustedes porque necesito su ayuda. Queremos poner fin a la desigualdad de género y, para hacerlo, necesitamos que todas y todos participen». Watson, elegida embajadora de buena voluntad de la ONU Mujeres (la más joven de la historia) se siente cada vez más cómoda. El discurso, que escribió ella misma, comienza a fluir con auténtica pasión: «Empecé a cuestionar los supuestos de género a los 8 años, ya que no comprendía por qué me llamaban “mandona” cuando quería dirigir las obras de teatro que preparábamos para nuestros padres, y a los chicos no se les decía lo mismo. También a los 14, cuando algunos sectores de la prensa comenzaron a sexualizarme. A los 15, cuando algunas de mis amigas dejaban sus equipos deportivos porque no querían tener aspecto “musculoso”. Y a los 18, cuando mis amigos varones eran incapaces de expresar sus sentimientos. Decidí entonces que era feminista». El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, sonríe. Esta mujer cautivadora, vestida de Dior, con pintalabios rojo oscuro y una sencilla coleta, capta toda la atención de la poderosa audiencia de 700 importantes cargos de la ONU. El ambiente está cargado de expectación. Y tengo el privilegio de ser testigo de cómo en tan sólo 20 minutos Watson se convierte en un agente de cambio. Cuando finaliza, se produce una ovación espontánea. Ha nacido una activista y la nueva cara del feminismo se permite una discreta sonrisa.

Más tarde, en el cóctel, Emma es abrumada por sus admiradores. Me reconoce entre la multitud (nos hemos visto en los ELLE Style Awards) y se acerca a darme un abrazo. Me sorprende esta inesperada muestra de afecto de parte de 
alguien tan reservado. Pero esta noche se siente llena de energía, animada por la aceptación que han tenido sus palabras. Posteriormente la repercusión ha sido equivalente a la que provocaría una mujer de Estado: 1.500 millones de usuarios en Twitter, el hashtag #HeForShe como tendencia mundial, titulares en todo el mundo durante una semana y el discurso compartido por millones de cuentas de Facebook. Al día siguiente, sentadas en un húmedo banco de Central Park, Emma comenta: «Estaba muy nerviosa. Me preguntaba: “¿Voy a comer con esta gente o esta gente me va a comer a mí?”. Aunque he estado esperando esto durante años. Cuando acabé la carrera (estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Brown en Nueva York), sentía que me faltaba algo. Sabía que quería seguir siendo actriz pero deseaba algo más. No siempre me he encontrado cómoda con la fama. Desde un punto de vista emocional, es algo contra lo que he luchado. Y hacer esto es mi manera de darle algún sentido. He encontrado una forma de canalizarla en algo diferente. Además, esto es algo en lo que realmente creo», afirma. Y queda muy claro cuando le pregunto por sus ideas al respecto y contesta entusiasmada: «El feminismo no está para establecer preceptos. No es algo normativo ni dogmático. Sólo te da libertad para elegir. Puedes ser candidata a primera ministra o no. Puedes depilarte las axilas o no. Puedes llevar zapatos planos o tacones. Sin embargo, estas son cosas irrelevantes», afirma. Y continúa, imparable: «Queremos conferir a las mujeres el poder de hacer lo que ellas quieran, de ser fieles a ellas mismas, de avanzar. Las mujeres deberían poder sentirse libres». Cuando te encuentras frente a una audiencia compuesta por líderes mundiales, intelectuales, académicos, mecenas... tienes que saber lo que dices o te tacharán de fraude. Pero Watson parece estar sobradamente capacitada para librar la cruzada del nuevo feminismo. Incluso por su historia familiar.

Emma tiene cuatro hermanos: Alex, tres años menor que ella; el hijo de su padre, Toby, y los dos hijastros de su madre, Andrew y David. Tras el divorcio, cuando tenía 9 años, comenzó a pasar más tiempo con su padre. «Él se encontró por primera vez solo con mi hermano pequeño y conmigo. Era algo totalmente nuevo. Así que lo hizo de la única forma que sabía, implicándonos en todo lo que a él le gustaba: el cricket, el tenis, los libros, la aventura... Por ese motivo, yo no era consciente de que había “actividades de chicos” y “actividades de chicas”. Aprendí a pescar, a jugar a los bolos... Tengo un brazo fantástico para los bolos», dice con una amplia sonrisa. «Soy afortunada de haber sido educada para creer que mi opinión es valiosa. Durante un tiempo mi madre fue una madre soltera trabajadora. Me dio un ejemplo que fue más importante que el hecho de que no estuviese presente todo el tiempo. Era una mujer que se valoraba a sí misma. De niña, verla teniendo objetivos y sintiéndose bien con su profesión me hacía feliz».

Watson se ha movido por los sets de los 9 a los 18 años (y fue la única de las tres jóvenes estrellas cuya familia no la acompañó en los rodajes). Estudió en el extranjero y ha protegido escrupulosamente su vida privada. En 2010, viajó a Bangladesh con People Tree, organización benéfica por una moda sostenible. También se desplazó a Zambia con Camfed, dedicada a la erradicación de la pobreza en África gracias a la educación de las niñas. Y la semana anterior estuvo en Uruguay con la ONU para animar a las jóvenes a que intervengan en política. Mientras tanto, sigue siendo una de las actrices más aclamadas por la crítica. Su próxima aparición será en Regression (todavía sin fecha de estreno), dirigida por Alejandro Amenábar, donde interpreta a una joven que lucha contra una situación de abusos.

También producirá su primera película, que estará basada en la novela The Queen of the Tearling, un libro que tiene mucho en común con Juego de Tronos. Watson estará en el reparto interpretando a una princesa descontenta que lucha por gobernar un reino en conflicto. «Mi agente me llamó y me dijo: “Tengo que ser sincero contigo, ¡es una trilogía!”. Al principio me resistí, pero cuando leí la historia decidí que quería pasar tres años inmersa en ese mundo», explica. «Va a ser intenso y voy a tener que mantenerme muy en forma físicamente, deberé ejercitar los músculos y aprender a blandir una espada». Mientras regresamos a su hotel, tengo la sensación de estar con una mujer que ha trabajado duro para silenciar las voces de su propio conflicto interior. Si le hubiese preguntado si alguna vez le han partido el corazón, sé que habría respondido que sí. Pero ese es un tema prohibido. Aunque puedo intuirlo cuando en cambio le pregunto si alguna vez ha tenido problemas para dormir. Los ha tenido, pero su entrega al yoga ha acabado con ellos. Emma estuvo el pasado verano conduciendo un scooter por Roma («estaba en mi lista de cosas por hacer antes de morir») y se ha mudado a su nuevo apartamento londinense. «Me encanta construir mis nidos. Dedico mucho tiempo a crear mi hogar, un sitio donde sentirme segura. He luchado contra el insomnio, pero ahora cuido de mí misma. Viajo, cocino, atiendo a mis gatos, hago yoga y leo».

Le pregunto por sus héroes personales, dado que ella, de forma involuntaria, se convirtió en una heroína al interpretar a Hermione. «Es importante distinguir entre la persona y su arte. He conocido a algunos completos imbéciles de los que me he preguntado cómo era posible que hubieran creado cosas tan maravillosas». Este no es su caso. Entre los nuevos talentos que he conocido, Emma Watson me parece sin duda la mejor persona para blandir la espada del conciliador nuevo feminismo. Y le deseo suerte.

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Feminista desde los 8

«Empecé a cuestionar los supuestos de género a los 8 años, ya que no comprendía por qué me llamaban “mandona” cuando quería dirigir las obras de teatro que preparábamos para nuestros padres, y a los chicos no se les decía lo mismo».

Su relación con la fama

«Desde un punto de vista emocional, la fama es algo contra lo que he luchado. Pero por fin he encontrado una forma de canalizarla en algo diferente».

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Su madre, su referente

«Mi madre era una mujer trabajadora que se valoraba a sí misma. Y eso de niña me hacía feliz».

Sentirse 'en casa'

«Me encanta construir mis nidos. Dedico mucho tiempo a crear un sitio donde sentirme segura y cuidar de mí misma».

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Cuestión de talento

«Es importante distinguir entre la persona y su arte. He conocido a algunos completos imbéciles de los que me he preguntado cómo era posible que hubieran creado cosas tan maravillosas».