"Ya no necesito un volante para ser flamenca"

Cumple una década en la moda. La entrevistamos.

vicky martin berrocal

Le gustan el negro, las rosas, la generosidad, las águilas, leer al húngaro Sándor Marái y romper los límites. Diseña a golpe de corazón, triunfa sin perder la cabeza y tiene la disciplina de un bailarín y una vitalidad chamánica. Icono de mujer real, ha prestado su mirada de hechicera a Violeta by Mango, de la que es imagen: ropa para aquellas que quieren ir a la última sin ser delgadas. Se ha reservado las siglas de su nombre (VMB) para su propia empresa de diseño, la misma que ahora cumple diez años haciendo historia en el mundo del lujo al haber cuajado con cristales de Swarovski una bata de cola. Pero quizá su mayor proeza haya sido su hija Alba, una adolescente de 15 años que cede la música flamenquita de su iPod para amenizar la sesión de fotos. Cuando los flashes se apagan pregunta: «¿Me puedo quedar a escuchar la entrevista?».

Diez años en la moda. ¿Qué crees 
que le han aportado a tu vida?
He aprendido a ser tremendamente paciente, a gestionar todo ese alboroto que siempre me ha rodeado. Ahora tengo la calma que nunca tuve. Hay una nueva Vicky, más relajada, más serena, que no necesita ni un volante ni una argolla para ser flamenca.

¿Por eso te has atrevido a hacer historia poniéndole 150.000 cristales de Swarovski a 
una bata de cola y llevando 
el lunar al tamaño de una rueda?
Sí. He querido encumbrar la moda flamenca al máximo y al lujo. Mi gran sueño era convertir en joya una bata de cola, algo que pensaba que nunca iba a poder hacer. Y lo he cumplido. Lo hemos conseguido en Austria, con un equipo de diez personas durante un mes y medio. Ha sido una barbaridad. Ahora tengo la sensación de estar en deuda con todo el mundo, desde Swarovski hasta todas las mujeres que me siguen, incluida Nieves Álvarez, que ya no se sube a ninguna pasarela en España y lo ha hecho para presentar mi colección.

¿Qué importancia le das al equipo en los logros de tu firma personal, VMB?
Toda y más. A mí la vida me da mucho; tanto, que a veces estoy en shock. Cada una de las personas que trabajan conmigo es absolutamente fundamental, que no imprescindible, porque nadie es imprescindible. Ni siquiera yo.

¿Cuáles piensas que son tus mayores dones?
Diría que la ilusión y la pasión, porque con eso lo hago todo.

¿Y la gran herramienta para avanzar en el camino?
La falta de prisa. Acabo de diseñar el vaso de Nocilla, que para mí ha sido el primer regalo de este aniversario laboral. También me han llamado para desfilar en primavera en el Museo Balenciaga. Además, planeo sacar una línea de decoración, y hay un proyecto importante que saldrá en marzo que me hace muy feliz pero del que todavía no puedo decir más. Cuando no se tiene prisa, todo llega.

¿Y qué me dices de la suerte, crees en ella?
Sí, porque yo la tengo. Es más, creo que la suerte es un tren que has de coger; si lo dejas pasar, es difícil que vuelva de nuevo. Siempre he contado con el factor suerte, pero también con un alma que está cerca de mí en todo momento.

¿Te refieres a tu padre?
Sí. Él sigue a mi lado, metido dentro de mí. A pesar de la suerte, de haber trabajado duro, de ser una tía muy responsable, de creer en mí misma, me ha costado mucho llegar hasta aquí. No es fácil sobrevivir en el mundo de la moda con la situación que tenemos, y menos aún, crecer. Siento que él no ha dejado de acompañarme en estos seis años, y cuando más he notado su apoyo ha sido precisamente en esos momentos delicados en los que me he tambaleado. Pedí a la gente que fuese de negro a mi desfile de moda flamenca en Sevilla porque era una forma de homenajearle.

Un desfile que, tras dos años de ausencia, puso en el 
SIMOF un cartel de no hay entradas y a tu haute couture flamenca en el punto de mira internacional. ¿Qué se siente?
No recuerdo haber llorado tanto como cuando supe que volvería a desfilar. También es cierto que ahora toca vomitar. No subir a las pasarelas durante dos años ha sido algo muy doloroso para mí, diría que una de las cosas que más me han tocado en la vida, porque nunca entendí por qué no podía estar ahí. Pero he regresado limpia: he vuelto a desfilar como si fuese la primera vez.

¿Como cuando te enamoras otra vez?
Algo así. He comprobado que, por mucho que digamos que ya no pasaremos por determinadas cosas, cuando nos enamoramos volvemos al mismo estado de vulnerabilidad. Pero ole por el amor, porque gracias a eso podemos estrenar de nuevo la vida. Sí, hay que amar a cambio de nada, no hay una manera más sana de hacerlo. Yo creo que siempre he querido así.

¿Cuál es la cualidad que más valoras en un hombre?
Que sea hombre.

¿Y qué falta te inspira más indulgencia?
Es que... ¿Sabes que ocurre? Que he aprendido a perdonar lo imperdonable. En este momento el perdón va por delante de todo lo demás en mi vida.

En tu última colección de papelería hay un lema: «Los sueños cuando se gritan se cumplen». ¿Lo has comprobado?
Sí. Esa frase ha sido una guía que me ha ayudado a hacer realidad infinidad de cosas. De hecho, la acabo de registrar. Muchas mujeres me dicen que les da valor, pero yo ya alucino con que sirva para que tres tiren palante.

Tu blog en ELLE.ES y tus redes sociales arrastran a miles de fans. ¿Dónde está el secreto 
para que, aparte de como a la diseñadora que eres, te sigan casi como una gurú?
Cada cosa que diseño está hecha con pedacitos de mí. Y yo soy fuego, pero también tengo esa sensibilidad que hace que me parta en trozos, hasta el estremecimiento. Supongo que todo eso llega también a través de mis vestidos, porque es cierto que hay algo en lo que la gente me transmite que va más allá de la admiración estética. Me hablan de sus sueños. Tomar conciencia de que, cuando diseño, no sólo vuelco mis ilusiones sino que manejo las de los demás, es algo que me sobrecoge, que me genera mucha responsabilidad y que, a la vez, se escapa a mi comprensión. Es lo más parecido a la magia.

Has escrito un libro, pintas, eres empresaria... ¿Cuál 
es tu ocupación preferida?
Desde hace quince años, ser madre. Eso es lo que me da más satisfacción.

¿Luz o sombra?
Dicen que la hora más oscura es la que precede al alba. Soy una mujer de sombra, porque a mí la sombra me da luz. Por eso siempre me quiero mantener en ella.

Decía Rilke –y los poetas saben de eso– que no hay nada como iluminar las sombras, abrazar a nuestros dragones para que se esfumen. ¿Sabes reconocer tus defectos?
El mayor de mis defectos siempre ha sido la impaciencia, pero ahora hay alguien que me ha enseñado a ser paciente, y yo creo que ni siquiera lo sabe (sonríe).

Con el tiempo, te has vuelto cada vez más...
Perfeccionista; tanto, que a veces me gustaría cambiar, porque creo que esa actitud puede robar energía. La virtud está en el término medio, y yo siempre ando en los extremos, en esos polos opuestos que a veces me vuelven loca.

Más allá de ti, ¿qué cambiarías 
en la sociedad que te rodea?
La tristeza de un niño. El mejor termómetro para calibrar cómo va una sociedad es saber si sus niños sonríen. Ellos son mi debilidad. 

Tu hija, Alba, acaba de cumplir 
los quince. ¿Qué ves de ti en ella?
(La mira de reojo). Es telita, como todas las mujeres de la familia. Tiene carácter, pero no podría ser de otra manera, con el padre y la madre que le han tocado (ríe). Ya me ha advertido de que ella siempre va a decir lo que piensa. Ese temperamento sobre todo le viene de sus dos abuelos. Mi padre era un ser especial y Manuel Benítez –y me atrevo a decirlo porque así lo considero– era un tío único. Además, fueron íntimos amigos, dos hombres que se quisieron con locura, se admiraron, se ayudaron. Eran muy parecidos: arrolladores, rebeldes, exitosos. Y un día se encuentran los hijos de ambos y se casan. Es una historia increíble.

Te educaste en colegios suizos y cerca de un clan de ganadores. ¿Qué consideras clave para tener éxito?
El agradecimiento. La llave para que todo funcione es sentirse constantemente agradecido. No hay otra. Miro a la gente que ha llegado alto y me siento agradecida por tenerla como inspiración. Cuando veo a los que están abajo, otra vez vuelvo dar gracias por estar donde estoy. También creo en celebrar las cosas siempre que podamos, porque celebrar es una gran forma de agradecer. Y, por encima del éxito, si quieres triunfar de verdad, creo que hay que tener corazón. Mi padre dejó escrito algo para mis hijos: «Que seáis siempre envidiados por ser buena gente».

¿Qué es lo que más detestas?
La mentira.

¿Y algo que te impresione?
El arte que destiló Picasso en su época rosa.

¿En que país te gustaría vivir?
En el que vivo.

Una declaración de principios sería...
Si tengo que llorar, lloro; si tengo que gritar, grito. Cuando quiero emborracharme, me emborracho, y cuando quiero ir descalza, me descalzo. Lo que ves es lo que hay. Me gusta pensar que la gente siempre ha visto en mí a una tía luchadora. Nunca he hecho teatro con mi vida. Arranqué sola siendo la mujer de, luego me quedé con eso de ex de. Y el otro día, de pronto, vi una noticia que empezaba así: «El ex marido de Vicky Martín Berrocal...». Lo de ser su ex mujer sólo me ha traído satisfacciones, porque estuve con un gran hombre, pero leer eso y, además, refiriéndose a un hombre tan inmenso me hizo pensar: «¡¿Qué?! ¡¿Cómo?!». Luego me dije: «Está claro que los tiempos están cambiando...».

¿Cuál es tu sueño de felicidad?
No separarme... (Se le saltan las lágrimas. Gira la cabeza buscando a Alba, que está sentada en el suelo como un indio, escuchando atentamente la voz quebrada de su madre). Cuando pienso que llegará el día en el que te vas de aquí, lo único que me intranquiliza es ella. Entonces, para mí un sueño de felicidad sería estar a su lado toda su vida. Y en la otra. Y en la otra. Y en la otra... (Su hija se levanta. La abraza. Le da un beso).

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"Ahora tengo la calma que nunca tuve"

Torera y camisa blanca de Boss 
y anillo de ser
piente de Dime 
Que Me Quieres.

"A mí la vida me da mucho, tanto que a veces me deja en shok"

Cazadora ‘perfecto’ de cuero de Diesel, camiseta de H&M y gargantilla de Daniel Espinosa.

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"La ilusión y la pasión son mis virtudes"

Chaleco de Isabel Marant, jersey de algodón de American 
Vintage y vaqueros negros de Religion.

"Cuando no se tiene prisa, todo llega"

Jersey de Zadig & Voltaire, falda de Marina Rinaldi, colgante de Agatha Paris y pulsera 
de Daniel Espinosa.

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"¿Lo que más valoro en un hombre? Que sea hombre"

Cazadora de 
cuero y vaqueros 
de Diesel y camiseta de H&M.

"Cada cosa que diseño está hecha con pedacitos de mí"

‘Trench’ de Marella, jersey de Violeta by Mango y pitillos de cuero de Redskins.