Me gasté un montón de dinero en videntes después de romper con mi novio

Buscaba respuestas en el lugar equivocado.

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Cuando entré en la consulta de Roxanne llevando en la mano unas cuantas fotografías y un collar con un camafeo que mi ex, Ben*, me había regalado, el ambiente que me encontré no era el que me esperaba. Vale, la escasa iluminación acompañaba y en una estantería había algunos frascos con lo que parecían ser pociones, sin embargo, nada más salir del ascensor, me encontré con una chica en recepción, de más o menos mi edad, que me dio la bienvenida de forma muy amable. Me senté en un banco de madera mientras mezclaba las fotos que mostraban algunos momentos de los últimos dos años de mi vida. En seguida, Roxanne, con su largo flequillo rubio y sus ojos azul cielo, salió de su despacho y me recibió con un "Cariño" como saludo, mientras me daba un abrazo, a pesar de que era la primera vez que nos veíamos.

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Me llevó a una habitación iluminada sólo por unas velas, donde me senté sobre una pila de cojines de fundas exóticas. "Querida, piensa en lo que quieres que pregunte a tus ángeles" me dijo Roxanne. Intenté pensar en ello, pero estaba muy nerviosa. A continuación, cerró los ojos con gran afectación, como Whoopi Goldberg en Ghost, y comenzó a emitir un cántico, mientras sostenía el collar en la mano: "No permitáis que los ángeles que cuidan de Priya la abandonen. Dejad que sus guías, sus maestros y todos los arcángeles la ayuden. Permitidnos curar sus heridas del pasado, del presente y del futuro". Después, la habitación quedó en silencio y lo único que se oía era mi respiración.

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En el pasado, nunca había prestado mucha atención a médiums o adivinas, incluso me daban miedo cosas como una ouija, hasta el punto de que un día llamé a mi madre para que me recogiera cuando mis amigos del colegio decidieron hacer una mientras veían El exorcista. Pero después de que mi novio Ben, sin más explicaciones, decidiera dar por finalizada nuestra relación tras una discusión aparentemente sin importancia, me sentí perdida. Pensé que acabaríamos reconciliándonos, pero con el transcurso de los días, mis súplicas sólo encontraron respuestas del tipo "No lo sé" y mis "¿por qués?", lo único que provocaban era más desplantes. Después de unas semanas, mis amigas ya no me mencionaban el tema y mi terapeuta, por su parte, me dijo que era el momento de mirar hacia el futuro. Pero no podía. Mi confusión pronto se convirtió en desesperación. Conseguí el número de Roxanne a través de Kat, ayudante de estilismo en la revista W, donde trabajaba por entonces.

"El primer tema a tratar es el de los niños", me dijo Roxanne. "¿Habías pensado en tener hijos con esa persona?" Salí de mi ensimismamiento. "Bueno, solíamos hablar mucho sobre el futuro" le contesté. Me dijo que le diera una foto y le pasé una en la que estábamos los dos juntos junto a una hoguera en Los Ángeles y otra comiendo langosta en Montauk, en la que yo estaba acurrucada en su regazo con una chaqueta de cuadros escoceses que a él le gustaba mucho. Miró atentamente las fotos y dijo: "En una relación hay momentos en los que es mejor separarse un tiempo si se quiere consolidar la pareja". Seguimos hablando durante una hora y aquellas palabras me sirvieron de alivio. Era precisamente lo que quería escuchar. Necesitaba que alguien me dijera que lo nuestro no se había acabado, que todavía teníamos una oportunidad. Pagué muy contenta los 145 dólares que incluían la sesión y una grabación de la misma y me fui.

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Esa misma noche le di las gracias a Roxanne por email y me puse a escuchar la cinta, con la esperanza de tener noticias de Ben en breve. Era optimista, porque habíamos hablado un par de veces desde que nos separamos. Aquellos ángeles se movían rápidamente y había que ponerlos en marcha. La mañana siguiente se me hizo eterna esperando una llamada que nunca llegó y empecé a impacientarme. ¿Necesitaba una segunda opinión? Busqué en Google la palabra "vidente" y encontré un sitio llamado AskNow donde las llamadas costaban 1 dólar el minuto. Llamé y me pasaron con un adivino de nombre Paul, que fue más directo que Roxanne: "¿Qué te preocupa, el amor o el dinero?" "El amor", respondí. Paul me preguntó sobre lo sucedido y empecé a contarle los detalles de la ruptura hasta que la voz de una operadora me preguntó si quería seguir hablando con el consiguiente coste para mi bolsillo. Lo hice. Todavía no había escuchado lo que Paul tenía que decirme. La broma me costó 64,87 dólares, pero, a cambio, supe que tendría noticias de Ben al terminar el día.

A las 23:53… ¡me llegó un correo de Ben! Paul tenía razón, lo único malo era que el correo terminaba así, "Sé que te he dejado con muchas preguntas sin responder y lo siento... Sé que te he hecho daño y que sigo haciéndotelo. Sólo hago lo que mi cabeza y mi corazón me dicen que es bueno para mí y te agradezco la libertad y la tranquilidad que me has dado para hacerlo... "¿Libertad y tranquilidad para hacerlo? Todo aquello no eran más que palabras vacías. ¿Íbamos a volver o no? Tenía que saberlo, así que llamé de nuevo a Paul. 49,90 dólares después, Paul me dijo que le diera una semana de plazo.

Ojalá pudiera decir que pude aguantar esa semana sin acabar desquiciada o que los 260 dólares que me gasté fueron consecuencia de un momento de enajenación mental transitoria, pero no puedo hacerlo. De hecho, la situación se prolongó casi un año y me da vergüenza decir que me costó varios miles de dólares, justo en un momento en el que no tenía trabajo. Además de las consultas periódicas con Roxanne y con Paul o con cualquier persona de AskNow, también consulté a Frank, quien supuestamente atendía a varios famosos, y a Marc, que leía la palma de la mano con una cola de caballo plateada. Cada uno tenía sus propios métodos, pero aunque las respuestas siempre apuntaban a que sí, a que Ben y yo nos reconciliaríamos, no había ninguna señal de cuándo ocurriría.

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A medida que pasaban los días y los vaticinios no se cumplían, sentía como si el tiempo se me estuviese acabando. Cuanto más tiempo pasaba, menos probabilidades había de que nos reconciliáramos. Nunca me planteé que estos videntes pudieran estar equivocados, ni que todo aquello lo hacían por dinero. Dinero que, por otra parte, no tenía, así que apenas comía, mientras me aferraba a la idea de que aquellos "profesionales" estaban allí para ayudarme. Por otro lado, por raro que pueda parecer, todo aquello me servía para evadirme de mi nueva realidad lejos de Ben y refugiarme en unas esperanzas que él no podía darme.

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Un día de otoño me pasé por la peluquería que solía frecuentar Ben, pensando con la esperanza de verlo. Pero lo que vi no tenía nada que ver con Ben ni con un hipster recortándose la barba, sino con un local que había al lado en cuyo letrero de neón aparecían palabras como "Tarot" y "Bola de cristal". Nunca antes había reparado en aquel sitio. Entré y allí me encontré a Ronnie, envuelta en la nube de humo que desprendía su cigarrillo mientras regañaba a dos niños que había en la habitación de al lado. En seguida me di cuenta de que no debía haber entrado allí y Ronnie lo notó. "No te preocupes," dijo en voz baja, "No te diré nada que no sea verdad".

Me senté en una silla bastante incómoda mientras Ronnie mezclaba las desgastadas cartas de una baraja de tarot, su especialidad. Según colocaba las cartas sobre la mesa, me iba diciendo lo que significaban. Primero la imagen invertida de Adán y Eva. "Los enamorados al revés", dijo. "Has roto con alguien hace poco, ¿verdad?" Asentí. Ronnie sacó otras nueve cartas. La última carta era una torre en llamas de la que caían varios hombres. Aquello no podía ser bueno, pensé. "La torre significa que serás liberada pronto", dijo. No tenía ni idea a qué se refería. ¿Vamos a volver?, pregunté. Ronnie no respondió. Ella era la primera persona que me hizo ver que lo más probable era que aquello no ocurriese. Casi me da algo. Saqué los 70 dólares de la cartera y pagué. Pero antes de salir por la puerta, Ronnie me dio una última esperanza: "Puedo preparar un conjuro". Fue entonces cuando me explicó que podía preparar una poción que debía utilizar en la ducha para librarme de las energías negativas y Ben volvería. ¿Y cuánto me iba a costar la poción? 450 dólares.

¡Venga ya! No podía estar hablando en serio. "Es la única forma", me advirtió. Estaba claro que no llevaba 450 dólares encima y dudaba mucho que los tuviera en el banco, en parte, gracias a mi nuevo hobby. Ronnie me dijo que tendría listo el elixir para cuando volviera y me aseguró que volvería. Cuando salí de allí lo primero que hice fue buscar un cajero, pero entonces empecé a dudar. Una parte de mi empezó a preguntarse qué demonios estaba haciendo, pero otra parte pensaba: "¿Y si resulta ser verdad?". ¿Qué eran 450 dólares cuando podría volver con Ben y recuperar mi vida? Saqué el dinero del cajero y lo metí en la cartera.

No os lo vais a creer, pero Ronnie ya tenía preparada una botella con un líquido azul cuando entré. Me dijo que tendría que utilizarlo en la ducha todos los días y que, en cuestión de días, Ben sería mío otra vez. La miré y pregunté: "¿Está enamorado de otra?" (algo sospechaba después de entrar una vez en su perfil de Facebook). Ella se limitó a contestar: "No por mucho tiempo".

Nada más llegar a mi apartamento, seguí las instrucciones de Ronnie y me di una ducha usando la poción después del gel de baño. Ronnie me había dicho que tardaría algunos días en hacer efecto, sin embargo, no podía parar de mirar el teléfono que había dejado junto al lavabo. Nada. Ni una llamada. Ni un mensaje. Ni un correo. Necesitaba una señal. ¿Estos videntes tenían de verdad la respuesta? ¿Era posible? ¿La tenía Ben? Mientras me derrumbaba sobre el fondo de la bañera y el agua de la ducha caía sobre mí, comprendí que la única que tenía la respuesta era yo. Ben no volvería.

Dejé de acudir a las consultas de videntes después de mi experiencia con Ronnie, a pesar de que me se sentía aún más perdida que al principio. Por lo menos me habían escuchado, cosa que Ben no hizo. Eso es lo que saqué en claro respecto a Ben en las semanas y meses siguientes, que nunca me escuchó. Seguramente estaba centrado en lo que él necesitaba y en lo que deseaba y aquello no era yo. Ojalá pudiera decir que ocurrió de otra manera, pero tardé mucho en superar lo de Ben y mucho más su ausencia. Tampoco me ayudaba el hecho de que nos siguiéramos viendo cada cierto tiempo.

Cada vez que nos veíamos me entraban ganas de consultar a una vidente para comprobar si tenía intención de volver conmigo. Pero entonces recordaba las visitas a las consultas, la supuesta poción y cómo sus palabras sonaban tan huecas como las predicciones de aquellos videntes.

*Ben es un nombre ficticio.

De: Elle
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