8 hábitos que pueden acabar con tu pareja

Tanto, que podrían acabar con ella.

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Tus (aparentemente inocentes) rutinas diarias, como mirar el Instagram en la cama, podrían estar destruyendo tu relación de pareja. "Según los estudios, hay un montón de pequeñas cosas que la gente hace que podrían indicar serios problemas", asegura Carrie Cole, terapeuta de pareja. ¿Las buenas noticias? Aunque estés pasando una mala época, no tiene por qué ser definitivo. Una encuesta reciente ha desvelado que las parejas ahora están más por la labor de solucionar sus problemas (y romper los malos hábitos adquiridos) que hace una década. Aquí tienes 8 malos hábitos que, según los terapeutas, pueden romper fácilmente una pareja.

De: Elle
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1 Hablar mal a espaldas de otros

Puede sonar como un consejo para evitar un drama de colegiales, pero hablar de una forma miserable de tu pareja cuando no está presente -no hablamos del típico chiste inocente sobre su obsesión por 'Star Wars'?- es una bandera roja bastante común, asevera Cole. Y suele hacerse mucho con tus amigas. "Las mujeres pueden acabar cayendo en este hábito si están rodeadas de gente que hace esto mismo", señala. "Si tu grupo de amigas más cercanas siempre están hablando pésimamente de sus parejas, puede resultarte más normal meterse en la conversación y decir, '¿Crees que tu chico es malo? Pues espera a ver el mío'?".

Pero en realidad, indica algo mucho más profundo, explica Cole. "Muestra una falta de respeto hacia él y hacia vuestro vínculo, incluso si él nunca se entera de que lo estás haciendo", añade, y comienza un patrón de comparaciones negativas que pueden llevar a aún más críticas y desprecios. Y antes de que te des cuenta, tu relación estará en una rápida espiral descendente.

2 Fijarte en lo que él no hace bien

Comparar a tu chico con otros es otro beso de la muerte. "Incluso si simplemente te estás haciendo notas mentales con estas cosas, puedes matar una relación con el tiempo", dice Cole.

Intenta recordar que el vaso siempre hay que verlo medio lleno porque nadie va a tener todo lo que aparece en tu 'wishlist' y tus amigas probablemente estén celosas de algo que tenga tu pareja. Y si hay un hábito que él haya desarrollado que tu quieras, mmm, 'modificar', no hay nada malo en ello, siempre que no quieras cambiarle a él. Cole recomienda siempre tener un punto de vista respetuoso y, al final del día, te habrás centrado en lo bueno. Tu relación (y tu salud mental) mejorarán con ello.

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3 No ponerse nunca en el lugar del otro

No vamos a hablar de estereotipos de género, pero los expertos parecen coincidir en que los hombres tienden a tener más dificultades con una habilidad denominada 'aceptación de la influencia', lo que se refiere a una capacidad de entender la perspectiva del otro, aunque no estés de acuerdo con ella. Los expertos creen que los hombres fallan más al desarrollar esta actividad porque las mujeres tienden a ser más empáticas, gracias a las diferencias neurológicas y biológicas entre los dos géneros.

Pero solo porque es más difícil hacerlo no quiere decir que haya que ignorarlo. De hecho, "las parejas en las que los hombres no aceptan la influencia de las mujeres tienen un riesgo mucho más elevado de divorcio", apunta Diane Gehart, profesora de Matrimonio y Terapia familiar en la Universidad del estado de California. Investigadores del Instituto Gottman incluso llegaron a la concusión de que, cuando los hombres no hacen esto, su relación tiene un 81% más de posibilidades de fracasar.

Sin embargo, el hecho de que ellos se muevan con más dificultad en este terreno no quiere decir que las mujeres se vayan de rositas. Los hombres también necesitan sentirse comprendidos (esto se enlaza con su necesidad de sentirse respetado por su pareja), por lo que ambas partes deberían ponerse en la piel del otro cuando se trata de resolver un problema.

4 Empezar las peleas sacando los puños (es una manera de hablar)

Cuando estás charlando con tu chico y de pronto pasas de un cero emocional a un 60, no es buena señal. Hacer esto cierra inmediatamente la posibilidad de tener una conversación productiva. Y desgraciadamente, las mujeres suelen ser las culpables habituales. "Es más probable que las mujeres aborden estos asuntos con agresividad que los hombres", explica, y un estudio revela que es así porque los hombres suelen ser más capaces de 'enfriarse' y analizar una situación sin emociones, mientras que las mujeres es más probable que se las tomen según las 'sienten'.

Sabemos que es más fácil decirlo que hacerlo, pero si tiendes a chillar o a usar un tono muy duro cada vez que él te saca de los nervios, trata de echarte hacia atrás: de otra manera podrás iniciar sus mecanismos de defensa, lo que detiene su capacidad (o su disposición) para hablar abierta y honestamente. Y si él no está siendo sincero contigo -y solamente oye tu enfado o irritación- ¿cuál es el sentido de discutir entonces?

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5 No saber cuándo apretar el botón de pausa en una pelea

Una vez que hemos perdido los argumentos, puede ser difícil parar y salirse de una espiral fuera de control. Pero desconectar hace mucho más fácil resolver los problemas, porque entonces puedes hablar mucho más calmado y con más compasión, explica Cole. Si no lo haces, es más probable que acabéis chillando, llorando o rechazándoos mutuamente, y eso puede literalmente tener efecto en tu cuerpo.

"Si alguien se detiene repentinamente durante una pelea, suele ser porque su corazón se ha disparado hasta 100 latidos por minuto, lo que te lleva a la denominada 'reacción de lucha o huida'", señala. "Cuando esto ocurre, pierdes el acceso a la parte de tu cerebro -el lóbulo frontal- que se encarga de la comunicación. Por eso hay veces en las que, literalmente, no puedes hablar coherentemente, incluso cuando lo intentas". Así que no, no te estás escaqueando si decides tomarte un descanso en plena discusión. De hecho puede marcar la diferencia entre una charla productiva y con intención de solucionar las cosas, y otra que os mande más al agujero negro.

6 Poner siempre buena cara

Incluso cuando estás intentando parecer totalmente calmada, tu cuerpo siempre te traiciona mostrando cómo te sientes realmente. Unos ligeras pistas que ponen a los expertos sobre aviso del poema: voz estridente, pupilas dilatadas, y una apariencia ligeramente pálida... pero todas ellas vienen con la habitual sonrisa falsa y los movimientos rígidos. "Son todos signos de que se está sobrepasado con las propias emociones y cambiando hacia un modo de lucha o huida, por lo que simplemente no pueden sintonizarse con su pareja de una forma que permita un diálogo seguro", señala Sue Johnson, terapeuta de pareja y autora de 'Hold me tight: Seven Conversations for a Lifetime of Love'.

Cuando regularmente caes en esto -dejarlo pasar en vez de decirle a tu pareja cómo te sientes de verdad con el hecho de que haya invitado una semana a tu suegra sin preguntarte siquiera- entonces creas una rutina de rechazar ser emocionalmente honesta, explica Johnson. Esto cierra automáticamente la posibilidad de que él entienda, comprenda y potencialmente corrija el problema que tiene contigo, lo que lleve la relación a, incluso, más sufrimiento y distancia que puedan acabar con una pareja.

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7 No reñir nunca

Cuando los grillos sustituyen a la conversación -y también a las discusiones, porque dos personas no están de acuerdo todo el tiempo-, tu relación puede estar muriéndose lentamente, dicen los expertos. Porque cuando ni siquiera sacas algo que molesta, quiere decir que has dejado de poner energía en la relación y puedes estar haciendo un 'check out' emocional, explica Gehart.

Claro, esto no quiere decir que debas estar peleándote todo el rato para mostrar que te importa el otro, pero si hay una sensación de resentimiento o de incertidumbre, es mejor sacarlo que dejar que estalle. Porque al final... lo que puede estallar es vuestra relación.

8 Esperar demasiado para arreglar vuestras cosas

Es muy común posponer el tener conversaciones duras, según el Centro de Dinámica del Conflicto del Eckerd College. Pero no afrontar vuestros problemas lo suficientemente pronto puede poneros en una situación de 'demasiado tarde'. "Para cuando las parejas tienen su primera cita en terapia -un estudio no publicado desvelaba que las parejas esperan de media 6 años para pedir ayuda desde que aparecen los problemas- las dinámicas tóxicas llevan tanto tiempo asentadas que es más duro deshacer el daño", asevera Cole.

Esto no quiere decir que se pierda la esperanza, en absoluto. Solo recuerda que, cuanto más esperes, más tiempo te llevará volver las cosas a su sitio, y ambos tendréis que tomaros muy en serio ese esfuerzo para que lo vuestro salga adelante.