Los beneficios de la siesta

Por si alguien dudaba de las virtudes de la siesta, numerosos estudios avalan los beneficios de una tradición tan nuestra. Descansar entre 5 y 30 minutos después de comer nos permite mantener el ritmo hasta el final del día. En nuestro país ya existen algunas empresas que aconsejan la siesta a sus empleados.

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Quizás la persona más conocida por practicar la siesta sea Isaac Newton, que descubrió la ley de la gravitación universal mientras echaba un sueño bajo un árbol. Pero otro científico, Arquímedes, era también un ferviente practicante de estos períodos cortos de sueño a lo largo del día. Descubrió el principio que lleva su nombre y que explica la fuerza de los cuerpos sumergidos en un líquido mientras echaba una siesta metido en una bañera. La siesta, en estos dos casos, no fue un tiempo ocioso, sino altamente creativo. Y para la mayoría de los mortales, como demuestran varios estudios científicos, la siesta, esa costumbre tan española, no es algo de holgazanes, sino una forma reparadora de las funciones del cerebro y, en general, un momento de puesta a punto de nuestro organismo.

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El sueño es una de nuestras funciones primarias, pero todavía se conoce poco sobre él. Se sabe que durante el proceso de sueño se consolida la memoria. Por eso, las personas que tienen graves problemas a la hora de dormir, tienen dificultades de recordar las cosas. También sabemos que al dormir se fija en la mente todo aquello que hemos aprendido durante el día. Además, durante el sueño nocturno se sintetizan determinadas hormonas, como las de crecimiento, las tiroidales o las sexuales. En términos genéricos, el sueño cumple una función reparadora y regeneradora, es una puesta a punto. El cerebro del hombre alterna el tiempo de vigilia y el de sueño.

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El cerebro se repone

Durante el día recibimos mucha información exterior y damos una respuesta. Durante la noche, el cerebro se repone. Nuestro sueño está regido por ritmos biológicos y el más importante es el de 24 horas, controlado por el sol. Nuestro nivel de atención baja dos veces al día: entre las 2 y las 4 de la madrugada, y las 2 y las 4 de la tarde. Este segundo período coincidiría con nuestra hora de después de comer, y por tanto, con nuestro período de siesta.

Hubo un tiempo en que los investigadores creían que esta somnolencia estaba ligada a los procesos digestivos. Pero aunque coincida en el tiempo, el incremento de somnolencia no está relacionado con la comida, sino con nuestro reloj biológico, según confirma Joan Santamaría, neurólogo y miembro de la Unidad del Sueño del Hospital Clínic de Barcelona. “El descenso de la atención no tiene nada que ver con la comida –explica–, sino con los ciclos circadianos. El sueño se regula mediante dos mecanismos. Uno es homeostático, es decir, si te falta sueño debes dormir hasta que llegues a tener tus necesidades cumplidas.

Otro mecanismo, el circadiano, es nuestro reloj biológico, que controla mecanismos externos, como la luz ambiental, que te avisa de cuándo puedes dormir”. Por tanto, podríamos no comer y sentir igualmente somnolencia. Las compañías de seguros tienen conocimiento de este descenso de atención, ya que la mayoría de accidentes de tráfico se producen entre esas dos franjas horarias. La somnolencia es la causa de un 30 por ciento de accidentes de tráfico.

Ventajas de la siesta

Pero, ¿qué ventajas tiene echar una cabezadita después de comer, aparte del puro placer? Al parecer, muchas, aunque los especialistas previenen para que la siesta no se convierta en un sustitutivo del sueño nocturno. “Tapamos con la siesta la somnolencia que tenemos por un problema de sueño nocturno –explica Javier Albares, neurofisiólogo de la Unidad del Sueño de la Clínica Dexeus–. En tal caso, la siesta no sería buena, sino encubridora de un problema”. Hay estudios que demuestran que la siesta permite aumentar la concentración, el rendimiento y la productividad. En Japón han llegado a la conclusión de que dormir la siesta incrementa la productividad un 30 por ciento.

En España, la empresa MRW, pionera en numerosas políticas de mejora laboral de sus trabajadores, está pensando en crear un espacio de relax adecuado para la siesta. “De momento, hemos instalado dos sillones-relax en la zona del gimnasio –explica Silvia Vilchez, directora de Relaciones Corporativas–. El circuito de masajes que da el sofá es de 15 minutos y los que lo utilizan aseguran que se incorporan mejor a las tareas de la tarde”. Sobre el nuevo espacio para la siesta, en MRW se lo están pensando, ya que “no sabemos si puede perjudicar nuestra imagen porque la gente puede pensar que venimos a dormir cuando en realidad estaríamos mejorando la productividad”, explica Silvia Vilchez.

Mejora de productividad

La siesta sería valiosa para todos, aunque determinadas profesiones podrían beneficiarse más que otras. Lo sería para los que tienen trabajos rutinarios, pero también para los profesionales creativos, como publicitarios o periodistas. Durante la siesta, al no entrar en un sueño profundo, se benefician más las partes del cerebro relacionadas con la creatividad y la planificación. Nuestro instinto nos dirá cuándo es el momento adecuado para la siesta, porque nuestro cuerpo nos emite señales: párpados pesados, disminución de reflejos…

Con los horarios laborales que llevamos todos, ¿cómo y dónde podemos echarnos una siesta? Según Bruno Comby, autor de Las virtudes de la siesta (Editorial Océano), sirve cualquier sitio. Para quienes puedan permitírselo, en la cama, aunque corren el riesgo de sobrepasar el tiempo recomendado. Podemos recostar la cabeza, apoyarnos encima de la mesa y hasta en el lavabo. Unos minutos bastarán. No existe una posición específica y sirve cualquier cosa que nos ayude a la relajación y recuperación cerebral que es la siesta.

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Siesta perfecta

. Debe durar entre 5 y 30 minutos. Nunca debe superar la hora, porque el cerebro empieza a entrar en un sueño profundo que, de ser interrumpido, provoca estados de mal humor.
 . Siesta relámpago. Dura menos de cinco minutos y permite disolver el estrés y aumenta la energía.
 . Etapas: Cerrar los ojos, relajar los músculos, respirar lenta y profundamente hasta dejar que te invada una sensación de tranquilidad y bienestar. Es bueno concentrarse en la pesadez y el calor de las distintas partes del cuerpo para relajarnos más y coger el sueño.
 . Aprender a dormir es tan importante como aprender a comer o caminar.

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