Llorar es un superpoder

Nora McInerny Purmort, autora de 'It's Okay to Laugh (Crying Is Cool Too)', reflexiona sobre si es bueno reprimir los sentimientos o si es mejor expresarlos libremente y dejar salir las lágrimas. ¿Tú qué piensas?

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Una lista parcial de los sitios en los que he llorado recientemente incluye:

-Mi coche (ejem, es como un cubículo especial creado para compartimentar tus emociones, y es el único sitio en el que siempre puedes oír a Coldplay, que es como un asalto emocional).-En el supermercado (vi a un anciano empujando un carrito que pesaba más que él y acabé contemplando cómo la vida se acaba tan débil como empieza; yo estaba allí para comprar bombillas).-La guardería de mi hijo (empezó el día abrazando tiernamente a la niña más tímida de su clase, y no lo pude evitar, ¿vale?).-Mi cama (justo al final del día lloré leyendo un párrafo especialmente tierno de 'Grace (Eventually)', de Anne Lamott; examinar tu propio distanciamiento de la religión es simplemente bueno para el alma).

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También he llorado en otros lugares como:

-El baño de mi primer, segundo y último trabajo.-El 77% de los savasanas de mis clases de yoga.-En un tren de Amsterdam a Italia escuchando a Bright Eyes, porque yo era la típica estudiante en el extranjero en 2004.

Va a parecer como que lloro por todo. No es así. Sé lo que me va a hacer llorar, y lo sé tanto como para cambiar el maldito canal de la tele cuando oigo las dos primeras notas de 'In the Arms of the Angel', de Sarah McLachlan porque no quiero que me de un bajón emocional en el intermedio de 'New Girl'.

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Aún así, me quedé estupefacta cuando una amiga me contó que el terapeuta de una amiga de una amiga le estaba dando pautas para no llorar tan a menudo. Supuestamente, ala paciente le incomodaba lo fácil que le resultaba llorar, algo que estaba reprimiendo su vida. Y aunque fue un cotilleo telefónico y yo no soy de ninguna manera una licenciada en Psicología (pero lo podría ser, ¿es duro?), mi reacción fue:

¿QUÉ?

¿Por qué querrías aprender cómo dejar de llorar?

Me gusta llorar. ¡De verdad! Llorar es como salir de un baño caliente y agradable, solo que lo único que se limpia son tus globos oculares y no hueles mejor. Pero no te preocupes, tu piel está aún manchada y estás un poco acalorada y muy relajada.Llorar está bien. Llorar es un sentimiento, y tus sentimientos se supone que deben salir, no permanecer reprimidos dentro de ti hasta que te conviertes en ese tipo de persona que se enzarza en peleas con extraños en Facebook (ejem, yo cuando me he saltado una semana de terapia).

Por esto nos sentimos incómodos cuando lloramos: porque literalmente estás dejando fluir tus sentimientos fuera de ti. Cuando tu hermana te cuenta que va a tener un niño, y de pronto estás en la Quinta Avenida, estrujando tu móvil contra tu cabeza como si fuera parte de tu cuerpo, con la felicidad emergiendo de tus ojos. Cuando estás tan enfadada por ese e-mail que te ha enviado el compañero estúpido y misógino de turno que tus ojos comienzan a arder y a derramarse. Cuando tus amigos te muestran la cuenta de Twitter de 'Chihuahua o muffin'.

Y esos días espantosos en los que, honestamente, te resulta difícil distinguir entre un chihuahua o un muffin de arándanos, pero te ríes tanto que tu cara está llena de lágrimas. O, y esto es probablemente más común, cuando estás a tus cosas volviendo por la tarde del trabajo y un desconocido sentado cerca de ti huele exactamente igual que tu padre: esa combinación exacta entre desodorante, jabón y avena, y de repente te golpea el recuerdo de tu ahora ya lejana infancia, el incesante paso del tiempo, etc. ¿Soy yo la única? Vale, imagina la cosa que te pone triste y añádela aquí.

No digo que tengas que llorar en un supermercado. De hecho, no lo hagas, porque si todo el mundo empieza a hacerlo, acabarán aprobando una ley que lo impida y no necesito en mi vida eso ahora mismo.

Solo estoy diciendo que llorar es más un superpoder que una debilidad: es una señal de que tienes acceso a tus emociones, porque eres una persona que está viva en este mundo y cuando las cosas ocurren (¡bebés!, ¡animalitos mal cuidados!, ¡ancianos solitarios en la oficina de correos!, ¡hambre en el mundo!, ¡guerra!, ¡compañeros terribles!) eres capaz de sentir algo por ellas.

Cuando mi vida reventó (breve resumen de otoño de 2014: aborto natural, murió mi padre, murió mi marido), quería no sentir absolutamente nada. Y el bendito 'shock' me garantizó el deseo, al menos durante un tiempo. Pero, ¿qué clase de vida es esa, que todo el planeta simplemente te resbale por la espalda?

No es una vida para mí. Quiero una vida en la que pueda llorar cuando escuche a los Bright Eyes, diez años después. Donde pueda sentir algo por gente que ni siquiera conozco y, en algunos casos, gente que son personajes de ficción en situaciones de ficción (esta soy yo revelándote que he llorado siempre porque Harry Potter es huérfano, ¿vale?). Yo quiero sentirlo todo, y dejar que fluya de mis ojos si es necesario.

Nora McInerny Purmort es la autora de 'It's Okay to Laugh (Crying Is Cool Too)'.

Visto en ELLE US.

De: Elle