¿Sabemos sufrir?

Parece que en la sociedad en la que vivimos los sentimientos de tristeza y dolor estén mal vistos. La rapidez constante en nuestras vidas nos obliga a superar estos sentimientos con una inmediatez que en ocasiones no es buena para la salud mental.

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En pleno siglo XXI, en el que poco a poco vamos siendo más tolerantes con todo aquello que años atrás nos atrevíamos a juzgar libremente, cada vez se permite menos demostrar cualquier tipo de signo de debilidad ante situaciones adversas. Hablamos con Miriam González Pablo, psicóloga del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, para que nos explique si este ritmo acelerado que se impone a la hora de superar las cosas tiene algún tipo de beneficio para nosotros.

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Lo primero que debe quedar claro es la diferencia entre sufrimiento y dolor. "El dolor es algo que existe, que está ahí. Y el sufrimiento es un peso negativo mayor que ponemos sobre ese dolor. Por lo tanto el sufrimiento no es un sentimiento bueno, pero en ocasiones es necesario" aclara Miriam. Es cierto que tampoco hay que recrearse en las cosas malas que nos sucedan, porque se puede entrar en una espiral a la que vamos añadiendo más y más carga negativa hasta no ver la salida, pero tenemos que darnos un tiempo de superación. Si no superamos las cosas como es debido, es probable que en un futuro explotemos tras acumular tanto dolor.

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Hoy en día vivimos en una época hedonista en la que se priman la felicidad y el bienestar por encima de todo. Si observamos las redes sociales, todo es maravilloso y cada foto que se sube a la red está maquillada para denotar un estado de felicidad platónico. Muchas veces detrás de todos esos filtros la realidad es otra distinta. Pero no hay cabida para la tristeza en internet. En la red todo es perfecto. Este tipo de comportamientos ha podido provocar que la gente deje de comprender que la vida está compuesta de buenos y malos momentos, la doctora afirma que: "Todo es cíclico. El sufrimiento forma parte de la vida y favorece el crecimiento personal".

La tristeza es una emoción que nos permite pararnos, tomar distancia, relacionarnos con nosotros mismos para poder afrontar esa situación que estamos evaluando como pérdida o daño hacia nosotros, hacia nuestra realidad tal y como la conocíamos anteriormente. Puede servirnos para ser mejor como persona. En estos malos momentos se produce un crecimiento que sólo es posible cuando se ha producido un cambio en nuestra vida, un cambio difícil al que hay que saber adaptarse. Es cierto que "lo que no te mata, te hace más fuerte". Pero ello requiere tiempo.

Este periodo de superación de una situación de este tipo va a estar marcado por: un tiempo de aceptación, un tiempo de elaboración y un tiempo de reubicación de esa nueva realidad. Estas tres etapas son necesarias para volver a tener una situación en la que podamos decir que nos sentimos emocionalmente normales, para lograr una situación de equilibrio. Pero ¿por qué no dedicamos un espacio adecuado para conseguirlo? El problema es que vivimos en la inmediatez, y eso nos impide tener los tiempos adecuados para gestionar estos sentimientos de malestar, tristeza o pérdida. El frenético ritmo de vida que llevamos deja en mal lugar a aquellos que se toman el escaso tiempo libre para dedicarlo al dolor que pueda sentir.

"No debemos avergonzarnos cuando sufrimos y no es bueno que nos lo callemos internamente para nosotros" dice la psicóloga. Compartir el dolor con alguien hace más fácil de sobrellevar los momentos duros, el apoyo social es imprescindible. Es muy importante saber que no estás solo. Si a una situación de pérdida o malestar le sumas la sensación de soledad el pronóstico va a ser peor y el tiempo de recuperación y aceptación va a ser mayor. "Tener un amigo o grupo con el que desahogarse es fundamental para superar el trance".

Además, es bueno llorar. Aunque no haya una causa fisiológica que lo demuestre, cuando lloramos liberamos tensión. Miriam afirma rotundamente que: "Al llorar liberamos tensión muscular y emocional, por lo tanto es bueno, porque es una forma de catarsis para poder olvidarse de un mal intenso".

También nos advierte que debemos evitar la medicación, no hay que anestesiar las emociones. Apunta: "El sufrimiento forma parte de la vida y no tenemos que patologizar los malos momentos, sino que hay que aceptarlos y aprender de ellos. Para que ello nos dé lugar a una superación, a un crecimiento personal tras un trauma".

Así que ya sabes, cuando te encuentres ante una situación de dolor recuerda que es normal que sufras durante una época. Tómate un respiro, trata de sacar el lado positivo y aprende de lo ocurrido. El cambio puede llevarte a ser mejor persona. Recuerda que la familia y los amigos son tu mejor apoyo y no dudes en acudir a ellos por vergüenza, todos somos personas y no debemos olvidar que el sufrimiento es un sentimiento muy humano.