Confesiones de una perfeccionista de los viajes

Por qué soy la peor (o tal vez la mejor) compañera de viaje.

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Susan Ward Davies, redactora jefe de la sección de viajes de ELLE USA se ha embarcado en un viaje por todo el mundo a la búsqueda de la perfección. En este artículo nos cuenta por qué nunca tendrá una residencia fija y cuáles han sido sus viajes más memorables.

En uno de mis viajes, el primer día fuimos a la playa más cercana al hotel. ¡Guau, qué suerte habíamos tenido! Aguas cristalinas en una playa de arena dorada, nubes de algodón que surcaban un cielo azul, palmeras que susurraban al son del viento... Un paraíso idílico justo delante de nuestro hotel. ¿Hay algo más maravilloso?

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Pero ¿y si hubiera un lugar aún mejor? Playas así abundaban por aquellos parajes. Pero ¿y si aquella no fuera una playa especial después de todo? ¿Y si hubiera otra playa en los alrededores que dejara aquella a la altura del betún? ¿No tienes miedo a perderte un lugar realmente sorprendente, porque piensas que no hay mejor lugar que en el que estás?

Diario de viaje de Susan Ward Davies
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Alrededor del mediodía, no aguanté más. Tenía que ver las otras playas de los alrededores (dejé que mis compañeros siguieran boca abajo en sus tumbonas) y sólo cuando me convencí de que la playa en la que estábamos era la mejor, pude sentarme y disfrutar.

Subir un poco más alto, nadar un poco más lejos, aguantar en la fiesta un poco más… si así disfrutas más, ¿por qué no hacerlo?

Pero sólo por un rato. ¿Seguro que estábamos en la mejor parte de la playa? ¿Y si en la otra parte se podía disfrutar de más horas de sol? ¿Y si…? ¿Te lo imaginas? Lo mismo ocurriría si, en vez de una playa, hablamos de un bar, de un restaurante de una montaña, de un viaje en tren de una fiesta, de una habitación de hotel, de un viaje en avión... o de cualquier otra cosa.

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Todo forma parte del miedo a perderse algo. La búsqueda de la perfección. La necesidad de exprimir hasta la última gota los placeres de una experiencia. Subir un poco más alto, nadar un poco más lejos, aguantar en la fiesta un poco más… si así disfrutas más, ¿por qué no hacerlo? Es como enfriar una copa para servirte después un poco de vodka o añadir un poco de eneldo al salmón ahumado o hielo a un gin tonic. Puedes conformarte con algo normal o puedes hacer que ese algo sea especial. Y yo soy de las que prefiere que las cosas sean especiales.

Para mí, eso significa dar vueltas por un pueblo colombiano hasta encontrar una pensión que tenga vistas a la iglesia o probar todas y cada una de las típicas sopas de fideos de Laos hasta descubrir que hacen la ensalada de papaya más sabrosa que he probado nunca. Significa echar un vistazo, una a una, a cada habitación del magnífico (aunque oscuro) Gritti Palace de Venecia hasta dar con una las pocas que tienen vistas al Gran Canal. Y cuando estás de viaje, significa levantarse siempre antes del amanecer para aprovechar más el día y ver cómo es el mundo cuando todos están durmiendo.

Tendido boca arriba, contemplando el cielo y tratando de recuperar el aliento mientras pensaba que estaba vivo de milagro, supo que ese había sido el momento perfecto y que ya podía volver a casa.

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Si no has oído hablar de Spalding Gray, un brillante escritor, narrador y actor de los años ochenta y noventa, búscalo en YouTube. En 1984 tuvo un pequeño papel en Los gritos del silencio de Roland Joffé y uno de sus monólogos, Nadando a Camboya, trataba sobre el rodaje de la película que tuvo lugar en el sudeste asiático. En él cuenta cómo durante un viaje no pudo volver a casa hasta que no vivió su "momento perfecto"; después de algunas semanas finalmente ocurrió, sin esperarlo, en una playa tailandesa. Había sido uno de esos días llenos de contratiempos y frustraciones, que terminó con un baño en el mar poco aconsejable después de fumarse un canuto. Fue entonces cuando una gran ola le arrastró zarandeándole una y otra vez hasta que le devolvió, maltrecho, a la playa. Tendido boca arriba, contemplando el cielo y tratando de recuperar el aliento mientras pensaba que estaba vivo de milagro, supo que ese había sido el momento perfecto y que ya podía volver a casa.

Diario de viaje de Susan Ward Davies

Cuando rememores los momentos inolvidables que has vivido en cada uno de los lugares en los que has estado, entenderás lo que Gray quiere decir. En mi caso fue la euforia de llegar a la cima de una montaña en Bután después de una inolvidable y complicada escalada. La adrenalina que se libera ante la inseguridad que se siente en una canoa a motor en las aguas de las pequeñas islas de San Blas en Panamá. Contemplar las estrellas junto a una hoguera en Mozambique. Contener la respiración mientras fotografías la puesta de sol en las colinas Chyulu en Kenia Oriental y una pequeña manada de elefantes pasa a pocos metros de ti. O una noche en Santiago de Cuba que acaba en una pelea callejera a las 3 de la mañana, que hizo que Scott, el fotógrafo, dijera 'A esto es a lo que yo llamo salir por la noche'.

¿No has soñado alguna vez con poder decir eso?

Los momentos perfectos surgen sin avisar ante situaciones estresantes, estimulantes, espirituales o sencillamente pueden consistir en unos instantes de tranquilidad ante una vista espectacular. Pero cuanto más los disfrutas, mejores son.

Los momentos perfectos surgen sin avisar ante situaciones estresantes, estimulantes, espirituales o sencillamente pueden consistir en unos instantes de tranquilidad ante una vista espectacular. Pero cuanto más los disfrutas, mejores son. La vida es demasiado corta para perder el tiempo con mediocridades, y, en lo que se refiere a los viajes, se suele pensar, ya volveré en otra ocasión'. Pero nunca se sabe si ese país al que piensas volver se va a convertir en un sitio poco recomendable debido al terrorismo, a las enfermedades o a los desastres naturales. Citando al escritor Primo Levi (y a Emma Watson), 'si ahora no, ¿cuándo?'

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Tuve suerte de ver Palmira antes de que llegara el ISIS, Birmania y un montón de países antes de que aparecieran en los mapas de los circuitos turísticos y empezaran a aparecer en instagram, y siempre estaré agradecida por ello.

Así que la próxima vez que pienses que estás en el bar más cool, en la playa más hermosa, en el lugar idóneo para disfrutar de las puestas del sol, hazte una pregunta: '¿de verdad esa así?'

Diario de viaje de Susan Ward Davies
De: Elle UK
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