¿Sube el precio del alquiler en las ciudades por culpa de Airbnb?

Airbnb ha conseguido en un periodo muy corto de tiempo que muchos viajeros prefieran "vivir" en casas reales antes que alojarse en hoteles. Una experiencia mucho más intensa de irse de vacaciones que tiene una cara bastante menos amable: el precio del alquiler se ha disparado y ya no hay quien viva en el centro de la ciudad.

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Sara se compró una apartamento de tres habitaciones en el Barrio del Pilar en 2010 junto con su marido y, tras un complicado divorcio, se quedó ella el piso y la hipoteca al completo. Trabaja como administrativa en una empresa multinacional pero con su sueldo apenas llegaba a fin de mes, así que decidió alquilar las otras dos habitaciones por Airbnb y conseguir "completar mis ingresos mensuales y además me ahorro las clases de inglés, porque estoy todo el día hablando con gente de fuera que me cuenta por qué vienen a Madrid y lo que quieren visitar".

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Por otro lado está Laura. Esta estudiante de diseño gráfico vive en un estudio de 40 metros cuadrados en Bilbao desde hace tres años y paga 700 euros al mes de alquiler. Su casero le llamó la semana pasada y le dijo que empezara a empaquetar sus cosas porque a final de mes no le iba a renovar el contrato: prefería poner su piso en un anuncio de Airbnb y sacarle mucho mayor rendimiento, concretamente tres veces más de lo que paga Laura, que ya está buscando su nuevo hogar lejos del centro de la capital porque "los precios están imposibles. Ya sólo se alquilan pisos compartidos de muchas habitaciones porque son los más complicados de colocar en Airbnb".

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Son historias comunes. Tanto Sara como Laura leen el periódico y se preocupan por las noticias que aparecen sobre los apartamentos turísticos de ciudades como Madrid, Barcelona, Palma o Valencia. La "inocencia" de la economía colaborativa siempre genera una gran expectación e invita al usuario a disfrutar de una experiencia más real y ahorrarse un poco de dinero, pero también deja algunos dramas a su paso.

Ciudades anti-Airbnb

Caminas por las calles cercanas a Sol o por el Barrio de Gràcia y los carteles en sábanas blancas proliferan en los balcones de los mosqueados vecinos que ya no soportan el ruido y las molestias que causan los "nuevos turistas" que cohabitan en sus edificios. "Ni que fuera esto un hotel", decían nuestras madres cuando sólo pasábamos por casa a comer, arreglarnos y dormir, sin preocuparnos de la limpieza o las molestias ocasionadas.

Las madres siempre tienen razón y ahí precisamente surgen las quejas: los apartamentos de Airbnb no son hoteles y no cuentan con las condiciones de seguridad, aislamiento de ruidos y otras infraestructuras para serlo. El sector hotelero ya hace unos años que alzó las voz contra esta nueva forma de competencia que además no paga impuestos y no respeta los derechos del viajero.

Y lo bonitos que son todos los pisos de Airbnb...

También los ayuntamientos tienen en el punto de mira a los apartamentos turísticos. Barcelona hizo historia con sus multas a las plataformas y todavía no han solucionado el contencioso. En Madrid, apenas un 2% de los pisos estaba en alquiler turístico en 2013. Hoy son ya un 25% y el equipo de Manuela Carmena se ha puesto manos a la obra para imitar a otras ciudades del mundo y establecer una serie de requisitos básicos para que Airbnb y el resto operen en la ciudad, pero sin causar grandes perjuicios.

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Las medidas se centran en tres pilares. En primer lugar, garantizar que quien ofrece la vivienda vive en ella y así evitar la proliferación de agencias que gestionan innumerables pisos y se benefician del vacío legal y fiscal. En segundo lugar, fijar un plazo máximo temporal para el alquiler, de modo que no pueda estar anunciado el apartamento todo el año. Si se excede de 60 días (límite que ya han implantado otras ciudades como Nueva Orleans), la oferta se elimina de la página web hasta el año siguiente. Por último y como tercer pilar, el ayuntamiento también quiere parte del pastel y cobrará algún tipo de tasa, que por ejemplo en Ámsterdam es de un euro al día.

Airbnb parece dispuesto a llegar al acuerdo y ajustar sus requisitos, aunque insiste en que no es el culpable de muchos de los "delitos" que se le imputan. De hecho, niega que el precio del alquiler en las ciudades se haya disparado por su culpa y muestra estudios que reflejan ciudades donde falta obra nueva y políticas de urbanismo sostenible.

Por contra, el estudio que encargó el equipo de gobierno de Ada Colau reflejaba que los alquileres turísticos ya representaban un 7,7% del parque de alquiler de Barcelona y que sus propietarios percibían unos ingresos entre 2,3 y cuatro veces más altos que los alquileres normales, con beneficios entre el 7% y el 13% frente al 3%. Es decir, que es verdad que se gana más alquilando el piso por Airbnb que a un inquilino habitual y que muchos arrendadores están cambiando su modelo de negocio.

Un negocio muy lucrativo sobre todo para la empresa. Airbnb ya es la mayor multinacional de hostelería del mundo con una oferta de más de dos millones de propiedades en 33.000 ciudades de 192 países del mundo. Y ninguna propiedad es suya, así que los gastos son mínimos.

Ciudadados pro-Airbnb

Tampoco podemos negar la evidencia que delata Airbnb y el resto de plataformas: el viajero ha cambiado. Nos desplazamos en BlaBlaCar, cogemos actividades en Trip4real y dormimos en las casas de los usuarios de Airbnb. Queremos ahorrar dinero, sin duda, pero también queremos experiencias reales que completen nuestras vacaciones.

La sencillez, otro de los fuertes de Airbnb

Hay barrios que han cambiado por completo su cara gracias a los apartamentos turísticos. Hace unas semanas leíamos que Usera había sido elegido por Airbnb como uno de los barrios con más potencial del mundo. La razón: ha tenido un fuerte crecimiento en sus reservas entre 2015 y 2016 (un 228%) y tiene una "vibrante escena de bares y cafés que hacen del barrio un lugar popular desde el que explorar Madrid". En el Chinatown de Madrid están que no se lo creen, frotándose las manos.

Más sorprendente aún es el perfil del arrendador. Según declaraba la número dos de Airbnb Belinda Johnson en un evento, los mejores anfitriones de la plataforma son las personas mayores. "De hecho, las señoras de más de 60 años son las que tienen mejor valoración en Airbnb". Personas con una pensión muy baja y con muchas ganas de "cuidar" a los viajeros que nos devuelven la fe en el sistema.

Precisamente así nació Airbnb. Brian Chesky, Joe Gebbia y Nathan Blecharczyk compartían piso en San Francisco en 2007 y, como estaban estudiando y la Universidad les consumía todos sus recursos, decidieron poner colchones hinchables en el suelo para poder pagar el alquiler. AirBed&Breakfast, así rezaba su anuncio y de ahí surgió el nombre.

Cualquiera puede ser guía turístico con Experiencias de Airbnb

Ante la incertidumbre, Airbnb ha decidido no detenerse y abrir nuevos frentes. Acaba de lanzar Experiencias, un nuevo producto que busca que los locales se conviertan en los guías y organicen actividades con los turistas y que seguro que también toca la moral a alguna que otra empresa del sector. También ha puesto el punto de mira en las mansiones y las villas de alto standing: se rumorea que quiere comprar Luxury Retreats. Y su salida a bolsa parece más que inminente… aunque todavía tiene muchos asuntos por solucionar ante de lanzarse al parqué.

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