El viaje a ninguna parte

'Atlas de los países que no existen' (Geoplaneta, 24,95 euros) es la interesante obra de Nick Middleton que recoge en torno a cincuenta estados no oficialmente reconocidos pero que sí existen, desde 'naciones en espera' hasta territorios que se han declarado independientes pero que no han sido reconocidos. A todos ellos puedes viajar y seguro que lo harás con más ganas tras conocer la historia que hay detrás de cada uno de ellos.

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Seborga

Este principado situado en la mitad norte de Italia, cerca de Mónaco y a escasos kilómetros de San Remo, se declaró independiente en 1995 tras convocar un referéndum. Ya fue proclamado principado en 1079, cuando se independizó del Sacro Imperio Romano, pero al cabo de seis siglos fue vendido a la Casa de Saboya sin contrato ni papeles de por medio. Y cuando se unificó Italia en 1861, tampoco se la mencionaba por ningún lado. Estos errores abrieron una grieta y fue hace 20 años cuando decidieron independizarse unilateralmente. Italia no la reconoce y, por ello, deben seguir tributando a su ¿país de origen? 

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Dinetah

Este rincón de Arizona que se llama (cómo no) Window Rock es la capital de Dinetah, la nación india más grande ubicada en una reserva de EE.UU., con cierto nivel gubernamental. Esa capacidad les hizo prohibir la extracción y procesamiento de uranio en 2005, una actividad que durante 60 años dio de comer a los navajos pero que, a muchos de ellos, también los enfermó y los mató. Desde 1960 pueden, por ejemplo, enseñar su idioma en las escuelas, pero tienen que enfrentarse ahora a tasas de casi un 50% de paro en la población (unas 300.000 personas) y fallos en suministros básicos como electricidad o agua,

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Papúa occidental

Theys Eluay fue el primer y único rey de esta región. Formaba parte de Holanda y, cuando llegó la descolonización, en 1963, llegaron los indonesios para quedarse y prometieron un referéndum sobre el futuro. Cuando se celebró, el pueblo quería quedarse con Indonesia pero Eluay no desistió, siguió intentando convencer a sus paisanos de que lo que más convenía aceptar era la independencia, hasta 2001 en que le asesinaron siete oficiales del cuartel del Kopassus.

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Mayotte

Mamoudzou es el nombre de la capital de esta isla, de algo más de 200.000 habitantes, ubicada en el océano Índico. Cuando en 1975 se independizó el archipiélago al que pertenece, Comoras, de Francia, el pueblo de Mayotte decidió que quería seguir siendo gala. La ONU no aceptó la solución de París, conservar la isla, y año tras año la situación está en un tenso punto muerto. Con los años, Mayotte se ha convertido en departamento francés y en 2014 entró a formar parte de la Unión Europea, estando casi a 8.000 kilómetros del país al que pertenece. 

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Barotselandia

Desde hace 500 años, Barotselandia es un reino. Aunque móvil. Cuando las aguas del río Zambeze inundan los prados, emigran a tierras altas. El rey y sus súbditos (ojo, se calcula que la población es de 3,5 millones de habitantes) cargan sus pertenencias en la piragua y se marchan. En la época colonial, fue un protectorado británico que gozó de más privilegios que territorios cercanos. Cuando llegó la autodeterminación, convencieron al rey de que se integrase en Zambia a cambio de mantener su autonomía y sus leyes en asuntos como la caza o la quema controlada de la sabana. Eso, claro está, nunca pasó, y en 2011 se declararon separados de Zambia.

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Isla de Man

Pertenece a las islas Británicas y la reina Isabel II es su jefe de Estado, pero en la isla de Man campan a sus anchas, con sus propias normas. Su parlamento, el Tynwald, es el más antiguo del mundo, en vigor desde que arribaran a la isla los vikingos en el siglo VIII. Disponen de política fiscal propia -lo que ha facilitado un auge internacional de servicios financieros-, idioma propio -el manés- y es uno de los lugares más avanzados en materia de derechos: aquí fue donde las mujeres pudieron votar por primera vez al parlamento, en 1881 y la primera nación occidental en establecer el voto a los 16 años (en 2006). Su capital es Douglas.

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Vemerana

El 28 de mayo de 1980, se proclamó la república libertaria insular de Vemerana, con capital en Luganville y unos 4.000 km2 de superficie. Y lo hizo 'gracias' a Jimmy Stevens, un antiguo conductor de excavadoras reconvertido a íder de una secta que, armado con arcos y flechas y acompañado por un pequeño 'ejército', venció inesperadamente a las autoridades franco-británicas. Francia sí reconoció la independencia pero no así el Reino Unido, que incluso se planteó mandar tropas para solucionarlo. El tiempo cortaría de raíz esta escisión, la zona se integraría en Vanuatu y Stevens fue juzgado y condenado a 14 años de cárcel.

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Islas Cocos

Un nombre muy justo, pues todas las riquezas que han generado estos archipiélagos se han debido a la pulpa seca de coco, del que se extrae el aceite. A este negocio se ocuparon durante décadas los miembros de la familia Clunies-Ross, a la que la reina Victoria le concedió la soberanía de las islas. Contrataban a trabajadores asiáticos, se les daba educación, sanidad y vivienda gratis y aparte, se les pagaba con unas fichas de colores -las rupias de Cocos- con las que podían comprar comida en la única tienda del país, también propiedad de la familia. En 1984 se puso fin a esta situación, el último 'tuan' (amo) se marchó y se acabaron integrando en Australia.

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Crimea

A sus dos millones de habitantes no se les puede decir que no sean tenaces: se han declarado independientes cuatro veces en un siglo (1917, 1918, 1992 y 2014). Durante 500 años fue una zona habitada por tártaros, hasta que fueron arrasados por el Ejército Rojo y, en 1944, Stalin les acusó de traición y les deportó a Asia en vagones de ganado. Con los años, Rusia se la 'regaló' a Ucrania y con la caída del comunismo, en 1992 decidieron independizarse de los ucranios... aunque cambiaron de opinión a los 5 días. Volvieron a intentarlo en 2014, pero solo fueron independientes por un día y acabaron regresando a manos rusas. Un no parar.

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Tíbet

Habían hecho meses antes un intento de rebelión contra china, hartos de sus saboteos en escuelas, cosechas... Pero fracasaron. En 1959, el Dalái Lama se marchó a caballo, en la oscuridad, cuando comenzó el asedio del Ejército Popular de Liberación de China contra su palacio. Huyó siguiendo una ruta marcada por un oráculo, mientras los habitantes de las aldeas que atravesaba se afanaban en dejar el camino despejado de nieve. Atravesaron las montañas del Himalaya y la India acabó ofreciendo 'asilo espiritual' al Dalái Lama, que se afincó en Dharamsala, donde fundó la Pequeña Lhasa. Y allí sigue esperando el momento de poder volver.

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