Cinco islas en las que deberías perderte

Y que seguro que, por lo pronto, ni te suenan.

Playas sibaritas, escenarios 'arty', océanos del norte, arenas mediterráneas y aguas caribeñas con sabor a licor de naranja. Te descubrimos los próximos arrecifes 'top' para que pongas rumbo al sol. Tira la toalla, te lo mereces.

Publicidad

Curazao (Caribe)

La pequeña isla holandesa de las casitas de colores enamora lo mismo por su carácter festivo que por sus arrecifes de coral y por sus kilométricas playas de aguas transparentes. Está en el sur de las Antillas, a sólo una hora y media de avión desde Bogotá y, sin embargo, impera el estilo de vida multicultural de Ámsterdam, declinado en clave tropical. Aquí se disfruta del 'mix life' y de combinar sin complejos las tradicionales 'stroopwafels' (galletas de caramelo) con el autóctono 'keshi yena' (queso gouda horneado y relleno de carne), y maridarlo con una copa del licor de Curaçao. Darse una vuelta por el casco histórico de Willemstad después de lanzarse a interminables sesiones de buceo es tener Europa y el Caribe al alcance de la mano. El retiro perfecto lo pone Morena Eco Resort (greenpearls.com, 175 €)

Publicidad

Milos (Grecia)

Muy lejos de las bulliciosas Santorini y Mikonos, en este lugar lo que se respira es tranquilidad. La isla volcánica, situada en el Mar Egeo, da la bienvenida con sus costas agrestes llenas de acantilados y de playas bellísimas. En especial la de Papafragas, una piscina natural; la de Kleftiko, con sus rocas que parecen esculpidas sobre el mar, o la emblemática bahía de Sarakiniko, que durante las noches de verano, cuando el cielo proyecta su luz sobre los riscos, deja una postal inolvidable. Tras las sesiones al sol, otro placer es escaparse al encantador pueblo de Plaka, construido sobre una ladera volcánica, o a la serena Klima, una aldea de pescadores con casas de colores. Y luego regálate un descanso digno de dioses en las 'suites' del hotel Salt (a partir de 126 €).

Publicidad

Naoshima (Japón)

Se ha transformado completamente desde su pasado como minúsculo refugio de salinas y de pescadores que se mantenía apartado del mundo gracias al mar interior de Seto. Hoy, esta isla de poco más de ocho kilómetros cuadrados, a la que se llega en barco desde Okayama y Takamatsu, es el emblema del buen vivir. Una filosofía que va más allá de lo cotidiano y que proclama que la unión de la naturaleza con el arte y con la arquitectura llevan a la armonía interior. Regalarse una escapada hasta este confín de la tierra con escasas redes 'wifi' es rodearse de estética de vanguardia, que te recibe en la costa y a la que verás semienterrada en la playa, en los parques, en los muelles e incluso empotrada en la pared. Incluso hay un museo, la Casa Benesse (hab. doble desde 41 €) en el que uno puede quedarse a dormir rodeado de obras de Jackson Pollock o Jasper Johns. Sin duda, otro modo de disfrutar del Imperio del Sol Naciente.

Publicidad

Panarea (Italia)

Al norte de Sicilia, las aguas verdeazuladas se pueden contemplar desde casas encaladas, jardines llenos de limoneros y buganvillas, o calles adoquinadas y cerradas al tráfico, que sólo dejan paso a motocarros pintados de vivos tonos. Aquí impera el 'dolce far niente' más glamuroso de las islas Eolias. También existen rincones naturales de película, como Cala Junco, preciosa ensenada con aguas de un intenso color turquesa. El pasatiempo favorito es rodear la isla en barco y zambullirse en las playas del sur, para luego tomar unos 'spaghetti alla disgraziata' en la trattoria Da Francesco (dafrancescopanarea.com), con vistas a Estrómboli. Culminar un relax 'top' pasa por el Raya (desde 180 €), un hotel 'boutique' con filosofía 'eco', que asegura curar cuerpo y alma. Irresistible.

Publicidad

Texel (Holanda)

Una travesía de 20 minutos en 'ferry' desde Den Helder (unos 100 kilómetros al norte de Ámsterdam) lleva hasta un paisaje llano en el que destaca una espectacular cadena de dunas. Ellas y una fauna única ponen la nota salvaje en un panorama típicamente holandés, que se puede recorrer en bicicleta y en el que abundan pólderes (tierras ganadas al agua), canales, molinos y unas playas de arena blanca bañadas por el mar, además de un precioso faro. En la más extensa y diversa de las Islas Frisias, los amantes del deporte pueden navegar en catamarán y practicar 'kitesurf', equitación o (cuando baja la marea) paseos por el barro ('wadlopen'). Los 'foodies', mientras tanto, disfrutan de las gambas recién capturadas, de un cordero salado ligeramente, del mejor queso de oveja del país y de su cerveza, llamada Skuumkoppe. El espíritu aventurero más chic se prolonga en Camp Silver (desde 122 €), con ocho caravanas Airstream de diseño, desayunos 'eco' y un 'lounge' bajo una cúpula geodésica. Y para regalarse un relax paradisíaco, nada como el Grand Hotel Opduin (desde 150 €).

More from Elle: