10 cosas imprescindibles que debes hacer si viajas a Islandia

Spoiler: querrás quedarte a vivir en esta isla para siempre.

¿Encontrarle un perfil malo a este paraíso sobre la tierra? Nos parece misión imposible pero si planeas visitar sus camaleónicos paisajes, apunta este 'top 10' para no dejar pasar ninguno de sus 'hits'.

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1 Darte un capricho en su capital

Aunque no es, ni de lejos, la principal atracción de la isla, Reikiavik merece una visita a fondo por dos razones. Primero, porque si aterrizas en el Aeropuerto Internacional de Keflavik (una opción más que probable) será un punto de partida inmejorable y dos, porque es un lugar de tendencias agitadas y especial encanto. Caerás rendida ante el contraste entre las fachadas coloridas con un toque industrial de su arteria comercial (Calle Laugvegur) y los edificios vanguardistas que, como el auditorio Harpa, ayudan a trazar un 'skyline' de reminiscencias escandinavas similar a otros de mayor envergadura como el de Oslo. Tiendas 'deco', moda singular, la ciudad a vista de pájaro desde su icónica y colosal iglesia Hallgrímskirkja, un atardecer inolvidable junto al simbólico Viajero del sol...  Y para alojarte, el exclusivo Hilton Canopy, en pleno corazón de Reikiavik.

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2 Hacer submarinismo (o snorkel) en la grieta de Silfra

Y experimentar en primera persona qué se siente al bucear entre dos continentes. Las aguas gélidas y cristalinas de Silfra separan dos placas tectónicas -la Norteamericana y la Euroasiática- lo que te permitirá sumegirte en tierra de nadie durante un buen rato. Este potente reclamo turístico se realiza con un traje seco dadas las bajas temperaturas (puede resultar algo agobiante al principio) y aunque es muy efectivo para aislar el frío, la sensación térmica de 2º en el rostro formará parte de la experiencia. Su claridad te ayudará a distinguir cada detalle del relieve y como además es agua dulce, podrás pegar un trago en cualquier momento. Se encuentra dentro del Parque Nacional de Thingvellir y, si te animas, una opción que no falla es Dive.is.

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3 Pasear descalza por alguna de las playas de arena negra que guarda la isla

Teniendo en cuenta la actividad volcánica de Islandia, será muy común toparse con playas de arena o piedra negra durante el viaje. La más famosa es la de Reynisfjara, por sus cuevas y paredes escarpadas que parecen de ciencia ficción. Sin embargo, hay otras igual de populares como la de Sólheimasandur, que alberga los vestigios de un avión militar estadounidense (no te asustes si ves a una pareja vestida de novios haciéndose un 'book' frente a él) o la de Djupalonssandur, cuyas formaciones rocosas se convertirán en la mejor postal de tus vacaciones. 

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4 Sentirte muy pequeño en el cañón de Fjaðrárgljúfur

Si hablamos de lugares capaces de dejarnos sin respiración, este cañón es de los primeros que nos vienen a la cabeza. Dividido por el río Fjaðrá, su fácil acceso y su vista panorámica lo convierten en una parada más que necesaria. Un escenario verde y frondoso que invita a pasear por su prolongación durante aproximadamente dos kilómetros, sin quitarle ojo a las abruptas paredes que parecen talladas a mano. ¿Qué tal acompañar la vista con un picnic? 

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5 Divisar focas entre los icebergs del lago glaciar Jökulsárlón

Así es Islandia, puedes estar paseando por un manto verde durante horas y al rato plantarte frente a un imponente glaciar. Jökulsárlón es el más mayor de la isla y el que más curiosos atrae, ya sea por las siluetas únicas que forman sus icebergs o por las divertidas focas que nadan entre estos pedazos de hielo (sí, también en agosto). De nuevo, una parada obligatoria que igualmente ofrece 'tours' en barco para los más curiosos. 

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6 Sentir la furia de Dettifoss

Tras el recorrido a pie por un camino árido y rocoso que nos hará dudar si estamos en Marte, llegaremos al pequeño edén donde se encuentra Dettifoss, la cascada más caudalosa de Europa que sorprende por su potencia. Aunque podrás disfrutar de ella por cualquiera de sus costados, nos quedamos con la vista que nos regalan los miradores de su cara oeste. Además, a pocos metros se encuentra otra de dimensiones más discretas: Selfoss. Tip ELLE: Si te has quedado prendada de estos dos ejemplares, localiza en el mapa otras cascadas igual de impresionantes como Skogafoss, Godafoss o Glymur.  Prometemos que merecerán la pena. 

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7 Relajarte en las aguas termales de Blue Lagoon

Después de tanta ruta por la montaña y de descubrir paisajes excepcionales, ha llegado el momento de echar el freno y ponerse a remojo en alguno de los manantiales geotermales de la isla. Aunque el Blue Lagoon es el spa más conocido del país, existen alternativas más baratas (y menos abarrotadas) que van desde complejos como los baños de Mývatn a manantiales naturales como el de Reykjadalur o Landmannalaugar. Eso sí, tal vez te toque caminar varios kilómetros hasta dar con estos oasis escondidos en plena naturaleza. Algo podemos adelantar: tu piel (y tu mente) te lo agradecerán. 

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8 Adentrarte en un volcán

 Existen excursiones organizadas a algunos de los macizos más importantes de la isla como Askja o el famoso Eyjafjallajökull (sí, el que causó el cierre del tráfico aéreo en gran parte de Europa tras su erupción en 2010). No desesperes, hay alternativas como el cráter de Saxholl que son fácilmente accesibles en coche y que cuentan con un recorrido de escalones hasta la cima para que no te quedes sin aliento. ¿Cuándo si no vas a adentrarte en un volcán? 

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9 Pasear desde Hellnar a Arnarstapi y disfrutar con sus acantilados

 La península de Snæfellsnes tiene mucho que ofrecer, desde su parque natural a los pequeños pueblos costeros con encanto que se suceden durante el recorrido. A pesar de ello, tenemos claro que si tuviéramos que quedarnos con un único lugar, sería con la ruta de apenas tres kilómetros que separa la pequeña localidad de Hellnar de la vecina Arnarstapi. Este serpenteante paseo bordea la costa y juega con las formas, regalándonos arcos naturales tan famosos como el de Gatklettur o profundas cuevas que resultan de la crudeza del mar. 

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10 Carretera y manta: gran parte de la belleza está en la carretera

Gracias al paisaje que se transforma en cada curva, a los desiertos de lava cubiertos por musgo, a los territorios rocosos que se extienden durante kilómetros y a las cascadas imprevistas que aparecen cada par de minutos, Islandia es el escenario idóneo para marcarse el perfecto 'road trip'. Además, si utilizas la carretera circular que rodea toda la isla podrás descubrir cada una de sus principales atracciones sin desviarte en exceso. Eso sí, no sin antes confesar, que no importa los kilómetros que recorras, Islandia te demostrará a cada paso que es imposible acostumbrarse a la belleza de este paisaje. 

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