Nueve motivos por los que escaparte a Zagreb

La capital de Croacia se ha convertido en uno de los destinos europeos de moda. ¿Y tú sin saber por qué?

Otoño es el momento perfecto para viajar a una de las ciudades que está subiendo en el ránking de los destinos 'it': Zagreb. La capital croata ofrece un atractivo cóctel de monumentos, 'shopping', cafeterías, parques y museos de lo más originales, y sirve como escenario para tu próxima (y perfecta) tocata y fuga.

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La plaza de San Marcos

No es tan conocida ni tan espectacular como su homónima veneciana, pero tiene un magnetismo increíble. Situada en la parte alta de la ciudad (Gornji Grad), su edificio principal es la iglesa de San Marcos, con sus increíbles tejas de colores. Forman el escudo del Reino Trino de Croacia: Dalmacia y Eslavonia y el escudo de Zagreb y su estética tan peculiar es una de las más fotografiadas de la ciudad. En este foro urbano también se encuentran otros edificios como el Palacio del Gobierno, las Cortes y el Tribunal Constitucional.

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Sus parques

Zagreb tiene encanto verde por todos los lados y varios parques que no puedes perderte. Por ejemplo, el Maksimir, de 1794, en el que te fascinarán sus pequeños lagos, sus paseos y el bonito cenador o el Jarun, creado en los años 60 a partir de un lago artificial, que se conoce como la 'playa de Zagreb' por la cantidad de gente que va a practicar deporte y por el ambiente de sus pubs nocturnos. Bundek es otro imprescindible entre los parques de Zagreb, al sur de la ciudad, que aunque es el más pequeño de todos también apetece, con su enorme lago y sus enormes columpios. Si viajas con niños, déjales que correteen por allí.

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La catedral

A los pies de la preciosa catedral de la Asunción, te sentirás el ser más pequeño del Universo: sus torres, de 105 metros de altura, son un símbolo de la ciudad porque se ven desde cualquier parte. El edificio ha sufrido varias reformas desde que se construyera en el siglo XIII hasta llegar a su aspecto actual, neogótico, en el XIX. Quédate un rato admirándola en el exterior y luego pasa al interior para detenerte en su curioso altar y sus magníficas vidrieras.

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El cementerio Mirogoj

Te parecerá extraño que te recomendemos visitar un cementerio, pero es uno de los lugares más bellos e intrigantes de la ciudad (no es el caso único; de Buenos Aires no te puedes ir sin visitar el camposanto de Recoleta). Para deslumbrarte con este cementerio, diseñado por Hermann Bollé en 1876, tendrás que coger un autobús desde el centro. Las arcadas de estilo neorrenacentistas, la hiedra que trepa por las columnas, la solemnidad del espacio, las cúpulas verdosas, los monumentos... crearán en ti una sensación extraña de que incluso en ese ambiente puede haber arte, e incluso vida.

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Su Herradura Verde

El parque Maksimir, al que te hemos recomendado ir antes, se integra en esta Herradura Verde, situada al este de la ciudad. Es una zona en forma de U constituida entre dos colinas de la ciudad y que hoy tiene numerosos espacios verdes. Aquí se encuentra el Jardín Botánico, al que vale la pena acceder, con sus cinco hectáreas y sus 10.000 especies de plantas de todo el planeta. Cómprate un burek (un trocito de hojaldre salado con carne, queso o patatas en su interior) y relájate en otras zonas verdes como el parque Ribnjak o el Opatovina.

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Sus muchos mercadillos

Si eres amante de los mercadillos y el 'shopping' artesano, Zagreb será tu destino número 1. El mercado Dolac (en la imagen) es el más conocido por sus frutas y verduras y por ser un lugar de encuentro para los ciudadanos; el plan es verse allí, comprar comida sana y luego tomarse un café en las terrazas de alrededor (ojo, que en la ciudad se toma mucho café y del bueno). El de las flores, que se celebra al lado de la plaza Ban Jelacic, es estéticamente precioso; el de las Pulgas es indicado para los que les gusta curiosear entre sellos, libros, máquinas de escribir, utensilios antiguos... y, finalmente, el mercadillo Herlic, una especie de Rastro croata pero en tamaño XXL donde deberás regatear por cada pieza.

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Su diminuto funicular

No sabemos si está en el Guinness de los Récords, pero sí tiene la fama de ser el funicular más pequeño del mundo. Pensado para vagos extremos (lo que hace es salvar una distancia de apenas 30 metros y medio), su recorrido de 66 metros de vía y un 52% de inclinación dura solamente 55 segundos. Une la ciudad vieja con la ciuidad nueva, concretamente la calle comercial Ilica con el barrio de Gradec. Se construyó en 1890.

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Su museo del amor roto

Este espacio es de lo más curioso y merece la pena ser visitado. El Museo de las Relaciones Rotas comenzó, cómo no, cuando una pareja rompió y decidió que no iban a tirar a la basura todas las cosas que se habían regalado entre sí, sino que las iban a exponer. Movieron la historia por Internet y aparecieron muchos corazones rotos dispuestos no solo a donar sus recuerdos sino también las historias que hay detrás de ellos –las puedes leer en unos libritos que te prestan, y además en diferentes idiomas–. La entrada no es demasiado cara (en torno a 5 euros) y promete una experiencia fuera de lo común.

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Tkalciceva

Antes era el río que separaba la parte antigua de la moderna y hoy es la arteria principal de la ciudad, por la que debes pasear una y otra vez para disfrutar del ambiente, de la gente, de su gastronomía y sus cervezas.  Los locales son a cual más pintorescos, así que no vaciles en escoger el que más te guste y descansar después de una larga jornada de paseo por la ciudad.

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