Castilla La Mancha ofrece una lección magistral de Historia

Desde la Edad de Bronce, las distintas civilizaciones que han pasado por Castilla-La Mancha han dejado en ella su 'granito de arena'. Con el paso del tiempo esto ha permitido que manchegos y turistas descubran cómo vivían sus antepasados. Esta comunidad autónoma cuenta con numerosos parques y yacimientos arqueológicos que ofrecen un paseo por el tiempo.

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Una ruta por las provincias de Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Guadalajara permiten conocer de primera mano todas obras de arte que ha ido recogiendo Castilla-La Mancha a lo largo de su historia.

Dos yacimientos en uno
Lugar de asentamiento y de paso entre el Atlántico y el Mediterráneo, el arco que forma el río Guadiana entre las localidades de Alarcos y Calatrava alberga dos yacimientos con importantes restos íberos y medievales. Las excavaciones del Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava (Ciudad Real) comenzaron en 1984 y dejaron al descubierto un poblado íbero del siglo VI al III a. C., la ciudad medieval construida por Alfonso VII y arrasada en el siglo XIII por los almohades en la batalla de Alarcos (1195), y una ermita gótica del siglo XIII al XIV.

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Los antecesores de la Edad de Bronce ya eligieron Alarcos como hogar. Su cultura ibérica oretana, a finales del siglo VI a. C., se consolidó en esta zona e hizo que se levantaran espacios sagrados y una necrópolis. Tras la victoria almohade, las fosas de cimentación de la muralla sirvieron para arrojar cuerpos, caballerías, armas… Tesoros arqueológicos que hoy constituyen un conjunto único en Europa, a ocho kilómetros de Ciudad Real.

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Calatrava La Vieja es uno de los yacimientos medievales más importantes y mejor conservados de España. Bañada por el Guadiana, su historia transcurre entre los siglos VIII y XV. Símbolo del poder islámico, fue la primera posesión templaria de Castilla, lugar de fundación de la primera orden militar hispana y la ciudad más septentrional del Imperio Almohade. Conserva su foso, el recinto amurallado, el alcázar con un arco triunfal de acceso, una sala de recepciones, el aljibe y restos de una mezquita…

Los mosaicos de Carranque
Allá por 1983, un vecino de la localidad toledana de Carranque trabajaba en sus tierras cuando descubrió un bello mosaico. Acababa de sacar a la luz uno de los conjuntos monumentales más interesantes de la Hispania Romana del siglo IV. Las excavaciones rescataron sus edificios –la basílica, el ninfeo y la villa– y mostraron la relación del dueño de la finca en aquella época, Materno Cinergio, con el último emperador romano, Teodosio I El Grande.

El Parque Arqueológico de Carranque cuenta con un interesante centro de interpretación. Recorrer el yacimiento supone visitar la basílica y contemplar en uno de sus muros dos curiosos detalles: la huella de un perro y la pisada de una sandalia romana que llevan 16 siglos atrapados en la planta basilical paleocristiana más antigua de Hispania. Más de 1.000 metros cuadrados tenía la residencia del dueño de la villa.

Destaca la colección de mosaicos que pavimenta sus habitaciones. Sobre un podio, entre la villa y la basílica, se halla el ninfeo, un pequeño templete que protegía una fuente. Además de estos restos arqueológicos están rodeados de pinos, chopos… Naturaleza en estado puro en la comarca de la Alta Sagra, a 45 kilómetros de Madrid y a otros tantos de Toledo.

La Roma conquense
Segóbriga es lo más parecida una antigua ciudad romana. Ubicada sobre un cerro en la actual localidad de Saelices, vivió su época de esplendor entre los siglos I y III, cuando se convirtió en nudo de comunicaciones, centro agrícola y minero y capital administrativa. Contemplando los restos de su anfiteatro (el más grande de España, con capacidad para 5.000 personas) y del foro (plaza aporticada que daba acceso a edificios emblemáticos), descansando en las gradas del teatro (pequeño pero bien conservado) o visitando las termas es sencillo imaginar la vida del emperador Augusto y de sus contemporáneos.

El medievo en Guadalajara
La localidad alcarreña de Zorita de los Canes fue el enclave elegido por el rey visigodo Leovigildo, en 578, para fundar Recópolis, en honor a su hijo Recadero. Ubicada en un punto estratégico –dominaba cuatro vías fundamentales de comunicación: tres valles y el río Tajo, entonces navegable–, fue lugar de residencia de visigodos, andalusíes y cristianos hasta el siglo XVII.

El Parque Arqueológico de Recópolis abre una puerta al medievo: restos del recinto amurallado, la estructura de la ciudad, un cementerio del siglo VI, el palacio de Recaredo, una basílica visigoda... Ejemplo de planificación urbanística, Recópolis se organizaba mediante dos calles principales. Recorriendo una de ellas, se pueden conocer los talleres artesanales y se accede, a través de un arco, a la plaza formada por la basílica y el conjunto palatino visigodo.

Las murallas que rodean el municipio actual de Zorita de los Canes tienen su origen en el siglo X, cuando la época califal amplió el castillo. No sólo representan un elemento de alto valor patrimonial, sino también urbanístico, pues sobre sus muros se construyeron las casas. El castillo de Zorita se eleva sobre una alcazaba islámica fundada en el siglo IX en un abrupto risco de piedra.

Antes de abandonar Recópolis hay que prestar atención a sus sistemas de abastecimiento de agua: acueductos, acequias… Castilla-La Mancha es mucho más que tierra de molinos y buenos vinos.