María Dueñas ‘Jerez preserva el alma del siglo XIX’

Esta profesora de Universidad arrasó en la lista de ventas con su primer escrito: El tiempo entre costuras, un gran mérito en un país poco proclive a la lectura. 

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Pudimos conocerla mejor en una entrevista que nos concedió cuando publicó su segunda novela, Misión Olvido, y hoy vuelve a nuestras páginas para hablarnos de sus pasiones viajeras y de su último trabajo: La Templanza.

¿Crees que esta es una virtud tan necesaria como parece en la trama del libro?
Absolutamente. Todos vivimos llenos de precipitación, de ansias, de urgencias… Lo cierto es que queremos todo, y lo queremos ya. Un poco de templanza no nos vendría nada mal.

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En la novela describes los tiempos de gloria de las bodegas de Jerez. ¿Qué queda de aquella época en la actual villa gaditana?
Unas cuantas cavas que aún conservan su arquitectura original, numerosas casas palacio, un cierto olor a vino flotando en el aire… La ciudad ya no es lo que fue, ciertamente, pero en algo preserva el alma del siglo XIX.

La narración pasea por México DF, ¿nos recomiendas un lugar especial?
Conocí México hace casi treinta años y he vuelto en numerosas ocasiones. Me parece un país fascinante y señalaría miles de lugares para descubrirlo a fondo. Si nos referimos a la capital lo mejor es visitar el centro histórico. Para hacer un descanso os aliento a observar una visión deslumbrante del Zócalo y la catedral. Para ello, propongo que subáis a tomar un jugo verde y un trío de quesadillas a El Balcón del Zócalo, que se ubica en la terraza del hotel Zócalo Central, antiguo Holiday Inn.

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También reflejas en el libro, y casi por capricho, la prosperidad de La Habana. ¿Por qué amas tanto Cuba?
¿Quién no quiere a este país? A pesar de la situación de las últimas décadas, el vínculo con España es firme y afectuoso, casi fraternal. La ciudad evoca nostalgia, dulzura, belleza… Nadie puede resistirse a ese encanto.

La idea de esta historia surgió en un vuelo hacia Londres cuando observabas cómo los británicos bebían sherry... ¿Encuentras inspiración en los aviones?
Es un buen momento para pensar. Vuelo mucho, y nunca trabajo en esos viajes. Leo, reflexiono, ordeno cosas en mi cabeza… A pesar de que no se trate de un entorno propicio, el trayecto en avión me proporciona momentos casi de paz.

Siempre has tenido un contacto excepcional con Gran Bretaña, ¿cuál es tu rincón favorito en Londres?
Quizá porque he pasado algunas temporadas entrañables de mi vida, tengo un cariño muy especial a Chelsea. Propongo un paseo por King’s Road, esa calle que en los años sesenta fue un icono de la modernidad y que hoy resulta muy agradable para hacer compras. También visitar la galería de arte Saatchi, sentarse a tomar algo en The Trafalgar… Y si tienes la suerte de ir en noviembre, puedes recorrer la preciosa feria de libros antiguos en el viejo Town Hall.

El tiempo entre costuras se tradujo a 30 idiomas. ¿Cuál es la lengua más exótica en la que podemos leerlo?
El año pasado lo estuve presentando en China y Taiwan. Pronto saldrá en japonés. Me parece increíble.

Después de dos años de escritura te mereces tomar un merecido descanso. ¿En qué lugar te gusta relajarte?
Me encanta volver siempre a Marruecos, apenas en una hora de avión estás en otro mundo. En cuanto la promoción lo permita escaparé unos días a Tánger o a Tetuán.

Eres seguidora de las novelas de Dickens, ¿nos aconsejas una para leer durante las próximas vacaciones?
Grandes esperanzas. Es la historia de Pip desde su dura infancia hasta su próspera madurez, con mil apasionantes avatares. 

Hoy por hoy puedes vivir de su pasión, ¿a qué aspiras como escritora?
A seguir trabajando, a publicar un libro cada dos o tres años, a seducir a los lectores y a retirarme tranquilamente a leer junto al mar cuando me falten las fuerzas o se me acabe la imaginación.