Mi primer crucero

Hacer un crucero debería ser, a priori, una experiencia cómoda y relajante. Salvo cuando tienes vértigo y te invitan al barco más grande del mundo, el 'Harmony of the Seas', con casi 70 metros de alto y actividades que podrían estar en un parque de atracciones. Así me fue. Spoiler: sobreviví.

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"Sí, quiero", fue lo que le contesté a mis jefes cuando me propusieron embarcar en el viaje inaugural del 'Harmony of the Seas', el buque comercial más grande del mundo. "¿Pero dónde demonios me he metido?" fue mi segunda reacción, al entrar en su página web y ver sus dimensiones: 362 metros de longitud (de pie, sería más alto que la torre Eiffel), 65,7 de altura (tengo vértigo) y 2.747 camarotes con un total de 6.780 pasajeros (me aturden las muchedumbres).

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Vale, ya está decidido: voy. Pero antes, tengo que descargar una 'app' con toda la agenda del viaje, tengo que hacer un check-in online y, ¡socorro! hay un 'dresscode' denominado 'smart casual' (lo más smart que hay en mi armario es mi vestido de novia). Menos mal que la editora de moda de la web, Paula Llanos, hasta por Whatsapp y en horas intempestivas, 'ha hecho mi maleta'.

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Y ahí estaba yo el pasado domingo a la una de la tarde, en el puerto de Barcelona, pasando el embarque de Royal Caribbean y mirando de reojo el 'Harmony of the Seas' desde la primera y segunda pasarela que ponen a prueba mi mal de altura. ¿Cómo, si no, se embarca en un rascacielos? Una vez dentro, no pienso en la City de Londres sino en Las Vegas: bares, tiendas, un coche clásico aparcado en medio de la cubierta, música en vivo, 24 ascensores panorámicos...

Mi camarote era el 666 (menos mal que no soy supersticiosa), en la cubierta 12, y ciertamente es un espacio acogedor y aprovechado, con un balcón impresionante... y un periódico. Algo que no sabía de los cruceros es que, cada mañana, te dejan un periódico sobre la cama con toda la agenda del día y las recomendaciones del director de crucero. Tampoco sabía que viene a presentarse el camarero de tu habitación para decirte su nombre y que estará a tu servicio toda la estancia.

Momento de comenzar a explorar el barco, una tarea ingente si pensamos que tiene 7 vecindarios: Central Park, Boardwalk, Royal Promenade (la cubierta por la que se entra), Pool & Sports Zone, Vitality at Sea Spa y Fitness Center, Entertainment Place y Youth Zone. Comencé por el primero, una zona de aspecto neoyorquino con más de 12.000 plantas y flores, bordeada por tiendas de lujo (Hublot, Omega, Bulgari) y por varias propuestas gastronómicas.

La gastronomía es uno de los fuertes del barco: hay 20 restaurantes distintos, ocho de ellos de especialidades, que sirven cada día nada menos que 200 propuestas diferentes. Hay sitio para los amantes del sushi, para los 'healthies' (todos los menús marcan los alérgenos y distinguen los platos para vegetarianos) y para los amantes de la cocina de autor, con el restaurante italiano de Jamie Oliver o con Wonderland, el espacio de los 'chefs top'. Por no hablar de los numerosos bares que salpican el barco y que, además de refrescos, alegran la navegación con sus 340 marcas de vino y 40 de cerveza.

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Antes de zarpar, hay que hacer el simulacro de emergencia, y acudir todos (pasan lista) a la zona de reunión que figura en tu tarjeta. La mía se correspondía con el Bionic Bar, uno de los puntos 'top' del barco; es un bar atendido por unos brazos robóticos. Sin persona alguna. Todo automatizado. Con estadísticas y un panel digital en el que aparece tu nombre y cuánto te queda por esperar. Está al lado del Riding Tide Bar, que levita. Sí, sube y baja. El bar entero. Mientras tomas tu copa.

Vitality at Sea Spa y Fitness Center es la zona más tranquila del barco. Hay un gimnasio tamaño XXL con clases indoor y outdoor, asesores que te ponen un programa a medida, salones de belleza, un spa con precios 'populares' (un masaje facial sale por 125 dólares) y una pista de atletismo que da la vuelta al barco: un giro completo son 0,6696 kilómetros. Los 'runners' son motivados con frases escritas en la parte superior del recorrido. ¿Será más motivador aún que correr junto al mar?

Suena la sirena, ¡zarpamos! El momento es lo más parecido a estar en el Café del Mar, viendo el agua, con un DJ pinchando 'dance' la gente gritando en las atracciones aledañas (véase el emulador de surf The Flowrider) y yo ahí, apoyada en una barandilla, sonriendo idiotizada mientras intento aguantar el vértigo de la cubierta 15. Eso no es nada comparado cuando descubro que en la proa hay un mirador tipo 'Titanic' cuyo suelo es transparente en caída libre al mar. Genial.

Boardwalk, en la cubierta 6, es uno de los espacios más festivos (y yanquis) del barco. Hay un tiovivo, restaurantes de 'hot dogs' y hamburguesas, el Starbucks, el Aquatheatre (un teatro exterior con piscina y fuentes) y un rocódromo para 'trepar' por la popa del barco. Suena apetecible, se me agua la fiesta al ver Ultimate Abyss, la atracción 'must' del barco. Es un tobogán de 33 metros de caída. Vamos, que bajas 10 pisos en 12 segundos. Pero... tengo vértigo. ¿Os lo había dicho?

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Soy una profesional y, para opinar de algo, hay que probarlo, y además se lo he prometido a mi amiga Marta. En qué hora. Qué remedio, ahí voy. Subo a la cubierta 15. Me tiembla todo el cuerpo. Un monitor da una pequeña charla sobre cómo colocarse encima del mat pero mis nervios impiden que me concentre. Hay que subir unas escaleras... huecas; me concentro en mirar a la gente que me rodea: todos haciéndose los fuertes, pero todos muertos de miedo. Va a ser mi turno. Descubro con horror que, para acceder al tobogán hay una plataforma transparente. Sobre una altura de 10 plantas.

Vacilo. "Me marcho de aquí ahora mismo" se alterna con "he venido hasta aquí para esto". Creo que me voy a desmayar. ¿Me despedirán de ELLE si no me tiro? Decido esconderme detrás del mat y no mirar hasta que me toque. "Your turn, please". Socorro. Vamos. Soy incapaz de empujarme. El tipo me pega un empujón y arranco. Empiezo a bajar con un ojo cerrado y otro abierto. Luego abro los dos: "Pero esto mola muchísimo", pienso, y me relajo. Voy girando envuelta en luces de neón y veo la luz (nunca mejor dicho) al final del túnel. Me hacen una foto al llegar. Salgo sonriendo.

Una sesión de jacuzzi, unos largos en la piscina, me tumbo en el solarium. Las pulsaciones acaban de bajar y, por fin, empiezo a pensar: 'Me gusta mi trabajo'. ¿Qué más puedo hacer para divertirme? Tras descartar probar la Zip Line, la tirolina suspendida a 30 metros de alto -ya he tenido bastante, Ir a la cubierta 4, a Entertainment Place, y elegir: un rato de dispendio en el casino; admirar su enorme galería de arte (tiene más obras que pinturas el Louvre), cantar con 'Grease' en el Royal Theatre (un teatro de dos plantas), bailar en la fiesta temática de los 90, oir monólogos o, lo que yo hice, tomarme un gintonic en Jazz for 4 disfrutando de los Manny Kellough All Stars.

Y así, en la penumbra, reclinada en un sofá, escuchando 'April in Paris', pienso en las dos cosas que he sacado en claro de este crucero. Primero: he vencido al vértigo y esto me he hecho un poco más fuerte. Segundo: soy mucho más feliz ahora, al final de la ruta, que cuando embarqué en el 'Harmony of the Seas'. Y, aunque sea solo por eso, valió la pena.

"Un crucero para niñosA pesar de los toboganes XXL, las atracciones surferas y las fiestas hasta la medianoche, en los cruceros también se puede ir en familia. Este, concretamente, está pensado mayoritariamente para familias jóvenes con hijos. Para los más pequeños de la casa hay una zona especial, Adventure Ocean, donde hay habilitadas diversas zonas de juego divididas por edades: de 0 a 36 meses, 3-5 años, 6-8 años... Cada una de ellas con su monitor, además de lugares comunes, entre ellos un laboratorio para hacer talleres de ciencia, un estudio para diseñar y pintar y un cine donde constantemente proyectan dibujos animados y películas.Si se cansan de esta zona, siempre pueden acercarse hasta Splashaway Bay, un parque acuático exclusivo para pequeños o hacerse una foto con alguno de los personajes de Dreamworks que pululan por el barco: los pingüinos de Madagascar, Shrek, Fiona..."