¿Existe la adicción a viajar?

Viajar es una de las mayores fuentes de bienestar, de cambio y de crecimiento que existen, pero si sólo piensas en hacer la maleta es posible que tengas un problema psicológico mucho más grave de lo que parece a primera vista. Escapar de las preocupaciones, vivir una doble vida o sentir desarraigo social son algunos factores que pueden convertir tu viaje en toda una obsesión.

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Según un estudio de la Universidad de San Francisco, la clave para vivir más alegre es generar recuerdos en base a experiencias y vivencias personales, las cuales suelen conseguirse al viajar y no comprando de forma compulsiva. La investigación, publicada en ‘Journal of Positive Psychology’, afirma que la gratificación instantánea que sentimos al adquirir ropa o caprichos es pasajera, mientras que las experiencias perduran en el tiempo y por lo tanto se invierte a largo plazo en la felicidad. “No estoy diciendo que nunca se deba recompensar un par de semanas difíciles con un traje nuevo y una noche de fiesta, pero nuestras mayores inversiones deben ir hacia experiencias que crean recuerdos para toda la vida en lugar de a un elemento que va a perder su factor ‘cool’ dentro de unos años”, asegura el director del estudio, el doctor Thomas Gilovich.

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Viajando nos alejamos de las preocupaciones y las tensiones se desvanecen por un tiempo pero, ¿qué sucede si nos obsesionamos con estar siempre de viaje? ¿se puede llegar a convertir en una adicción? “Prácticamente cualquier afición o actividad puede llegar a convertirse en una adicción. No existe ninguna enfermedad mental o adicción a viajar tipificada como tal en los manuales diagnósticos”, comenta Jonathan García-Allen, director de Psicología y Mente. “Puede ser que alguien quiera escapar de su rutina diaria o dejar atrás una experiencia traumática, manteniéndose lejos de esos lugares y situaciones que evocan recuerdos dolorosos. En ningún caso viajar es el problema en sí mismo, sino que esto puede deberse a un comportamiento evitativo que debe tratarse”.

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Para Magdalena Salamanca, psicoanalista del Grupo Cero, el problema surge cuando “hay gente que no se encuentra, que vive en una constante insatisfacción y cree que yendo a nuevos destinos se va a sentir mejor. Pueden disfrutar mientras dure el viaje (que no siempre sucede por las expectativas creadas) pero, al volver a su lugar de origen, vuelven a sentirse de nuevo insatisfechas”. Por eso es tan importante tener siempre un lugar al que volver. “Cuanto más a gusto estés en tu normalidad, menos costoso te va resultar emprender la ida y, por supuesto, la vuelta”, anota la especialista.

La adicción se reconoce cuando se produce un malestar y se alteran la pautas de normalidad. “Se consume en ello la mayoría del tiempo o de los recursos. Dejas de hacer otras cosas. En realidad, la propia experiencia deja de ser un disfrute y se convierte en una obsesión, llegando a generarte incluso una ansiedad”, indica Guillermo Fouce, profesor de la Universidad Complutense y presidente de Psicología sin Fronteras. “Normalmente es el entorno el primero que reconoce la adicción: tu pareja, tu familia, tu cuenta corriente… son factores que te avisan de que algo se ha descontrolado”. Aunque tú también puedes saber si estás en riesgo. Magdalena Salamanca nos pone sobre la pista: “Cualquier persona que se vea que está en el mes de noviembre pensando en las vacaciones, que prácticamente acaba de volver de ellas, y no se va hasta el próximo agosto y que su única motivación es esa… evidentemente tiene que revisar sus prioridades y si no puede hacerse cargo, pedir ayuda a un terapeuta”.

“A nivel farmacológico, hay medicamentos que disminuyen la obsesión, rebajan la ansiedad y el pensamiento intruso aparece con menos frecuencia” indica la doctora Carmen Navarro, psiquiatra en el Hospital del Puerto de Santa María. "A nivel psicológico, hay que ayudar al paciente a asumir ese pensamiento intruso y dejarlo estar, no rechazarlo, aprender a tolerarlo y dejar que pase. Así no te genera tanta ansiedad. En vez de poner un dique, lo que haces es dejar que pase la ola, que te cubra y aprender a transformar esa energía”.

Hay tantos tipos de viajeros como tipos de personas y no todo el mundo gestiona igual la decisión de irse a un país extranjero o pasar unos días en la playa. “Existe una variable de personalidad llamada 'buscadores de riesgo'. Es gente enganchada a la adrenalina que lo puede manifestar con viajes u otras actividades como los deportes extremos o el juego, aunque no por eso tienen que ser adictos”, puntualiza Guillermo Fouce.

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Nómadas digitales

Con las nuevas tecnologías, ha surgido un nuevo concepto llamado el ‘nómada digital’. Este profesional no tiene oficina en ningún sitio y recorre el mundo en busca de nuevos proyectos, mercados, tendencias… Estos trabajadores no son adictos a viajar, ya que lo hacen por su trabajo, pero sí pueden sufrir el duelo migratorio o el desarraigo social. "Por eso, las empresas que tienen trabajadores que viajan mucho suelen pautar desde el punto de vista de Recursos Humanos tiempos en los que tengan que estar obligatoriamente en su casa, en barbecho, en su espacio de origen. Y además lo pactan formalmente, no se les permiten mantener el ritmo de viajes. Después de un tiempo deben volver a sitio, para que tengan un lugar en el que preservar tu entorno social”, según el presidente de Psicología sin Fronteras. “En caso contrario, la persona se puede romper porque no es de ningún sitio, hay un desarraigo significativo y lo que puede ser más grave, hay vidas en paralelo. Una novia en cada puerto, una cuenta corriente en cada país, problemas e insatisfacciones en todos los sitios… hay varias vidas que no se integran”. 

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