Tenerife, trilogía colonial

​Acompáñanos en una ruta por los rincones históricos, adéntrate en los bosques de laurisilva, visita las ciudades coloniales más nobles y degusta el mejor 'slow food' de la isla.

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Si quieres esquivar el bullicio de la capital, la mejor base de operaciones del Norte tinerfeño es San Cristóbal de la Laguna, la única de Canarias que presume de estar en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La Laguna fue el centro administrativo y político de Tenerife durante siglos. En ella se conserva el trazado urbano tal cual se concibió hace más de 500 años, con su arquitectura mudéjar y las casas solariegas. Aquí se levanta también la única Catedral de Tenerife –que acaba de ser restaurada–, además de varios conventos y la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, con su torre del siglo XVII (acceso, 1€).

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La Laguna siempre tuvo residentes ilustres y las tardes en sociedad incluían una buena merienda a base de dulces locales. Para probar rosquetes de cabello de ángel, truchas de batata, polvorones de gofio o laguneros con crema de naranja visita las pastelerías más antiguas: La Catedral (San Juan, 1), López Echeto (Obispo Rey, 50), o La Princesa (Pza. de la Concepción, 1).

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Muy poca distancia separa San Cristóbal de La Laguna de uno de los paisajes más pausados y de mayor interés ecológico –con perdón del Teide– de Tenerife: el Parque Rural de Anaga. Podemos recorrerlo en coche y sin prisas por la TF-12, que desde Las Mercedes conduce a los Miradores de Abicor, del Pico del Inglés, de Lomo Alto y de Cruz del Carmen.

El extremo noreste de Tenerife también se caracteriza por sus viñedos, en los que nace el vino Tacoronte-Acentejo, una de las cinco D. O. que se producen en la isla. Para degustarlo puedes acudir a la Casa de Mi Suegra (Camino de San Ignacio. Tel. 922 63 72 09), una antigua casona canaria situada en pleno territorio vinícola. El 'slow food' adopta aquí su pleno significado en platos como la ensalada herreña, con melocotón y uvas (6,25€), la ropa vieja de pulpo (7,50€) o el sencillo pero exquisito potaje de berros. Una buena opción si no queremos algo tan consistente es decantarse por un platillo de quesos canarios regados con un buen vino de la zona.

Pata terminar la jornada apúntate a la actividad Atardecer y Estrellas, que incluye la subida en teleférico para ver la puesta de sol desde el Mirador de Chío, cena 'gourmet' y la observación de estrellas con telescopios terrestres. (Volcano Teide Experience, 121€).

Orotava, vino y rosas

Otra gran ciudad de Tenerife es la "Muy Noble y Leal Villa" de La Orotava. Ya desde los inicios de la conquista española, en 1496, se convirtió en la residencia de la rica aristocracia que provenía de la península y que gozaba de privilegios por deseo del rey. La riqueza de sus habitantes –igual que en La Laguna, Icod de los Vinos y Garachico– provenía de la producción agrícola que viajaba a Europa y América. Tierra adentro vivían los señores y, cerca del mar, los pescadores y tripulantes de todos aquellos buques que se marchaban cargados con barriles de vino y caña de azúcar. De hecho, aquel puerto de La Orotava acabaría teniendo entidad propia y se convertiría en una de las ciudades más turísticas de Tenerife: el Puerto de la Cruz.

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Hoy, aquella parte alta, La Orotava, sigue conservando su nombre y elegancia. Sólo hay que pasear por el centro para comprobarlo en la rica ornamentación de sus fachadas y en la profusión de conventos e iglesias como La Concepción, Santo Domingo o San Agustín.

Para saber cómo vivía la aristocracia colonial, en la calle San Francisco se puede visitar La Casa de los Balcones (4€), construida en 1632. El piso inferior y el patio canario albergan una tienda de productos artesanales, con los típicos calados que aquí se bordan de cara al público. Pero el verdadero tesoro del lugar está en el piso superior, donde la residencia se conserva prácticamente igual a cuando estuvo habitada.

Con los años, los terratenientes también fueron añadiendo a la ciudad exuberantes parques y jardines por los que pasear. En el siglo XIX, el artista francés Adolph Croquet creó los Jardines de la Victoria, que inicialmente fueron concebidos como mausoleo para el Marqués de la Quinta Roja y que hoy están entre los enclaves más elegantes de La Orotava.

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En un rincón del parque se ubica la terraza de la Confitería-Café Taoro Casa Egon, una pastelería fundada en 1916 que siempre destacó por su elaborada repostería. Si el día acompaña, este lugar, sumado a un rosco de yema y un buen té, es un plan perfecto para pasar la tarde.

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No muy lejos de la ciudad, en el Valle de La Orotava, otro espacio donde conocer las especies botánicas y hortofrutícolas propias de Canarias, y de paso probar lo mejor de la gastronomía isleña, es La Granja Verde. La finca cuenta con diez huertas de árboles frutales (plataneras, mangos…), hortalizas y especies aromáticas cuya producción de altísima calidad va destinada a la venta local y a abastecer de ingredientes la propia cocina.

En lo que fuera la antigua casa del medianero de la finca se ha instalado el restaurante Dula y Pipa (Trasera Camino del Torreón, 2. El Ramal. La Orotava. Tel. 922 33 35 09. Principales desde 10,50€), un local que está regentado por el prestigioso chef local Juan Carlos Clemente. Te resultará difícil escoger entre los platos de la carta, que tienen nombres tan sugerentes como las piruletas de queso cremoso, las cebolletas rellenas de pan negro o la berenjena en texturas con salsa de café.

GARACHICO Y su antiguo puerto

La tercera en esta trilogía colonial es la bella Garachico, que durante más de 200 años se enriqueció por tener uno de los puertos comerciales más activos y prósperos de las islas. En sus inmediaciones se talaron árboles y se plantaron viñedos y caña de azúcar que viajaban hasta las residencias más pudientes de la península y de las colonias en América.

Con los años, aquellos cultivos fueron cambiando por otros, como las plataneras, una especie que vino de Asia, que se quedaría en Canarias para siempre y que sigue dominando el paisaje en esta parte del mapa. O las papas antiguas de Canarias, hoy una de las mayores riquezas gastronómicas del subsuelo isleño, que cuenta con una Denominación de Origen Protegida, la única en España para las patatas.

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Todos estos cultivos que tapizan las medianías del norte siempre necesitaron de un recurso hídrico que era difícil de encontrar. Para abastecerse, los tinerfeños excavaron durante siglos unas 1.600 galerías y pozos para recoger el agua de la lluvia. Hoy existen 2.000 kilómetros de túneles en el subsuelo de Tenerife y se han habilitado algunos senderos del agua para conocer este patrimonio. Hay rutas en las localidades de Los Realejos o La Guancha, aunque si quieres acceder al interior de los túneles, la mejor opción es contratar un guía de naturaleza local (Actividades desde 25€).

Vuelve a Garachico para descubrir qué sorpresa le tenía guardada el destino. Una noche de mayo de 1706, el vecino volcán Arenas Negras entró en erupción enterrando la localidad y destruyendo su puerto por completo. Garachico pronto recobró su aspecto, no así su puerto, que nunca más se recuperó. La lava vertida sobre el mar formó unas caprichosas piscinas naturales en las que podrás bañarte si el mar no anda muy revuelto.

Vigilando desde lo alto, el Castillo de San Miguel es el único edificio del muelle que quedó intacto tras la erupción. El castillo es un punto clave de la ruta teatralizada que recrea la historia de la localidad y que parte del convento de la Quinta Roja (Horarios y reservas en Hotel la Quinta Roja. Tel. 922 13 33 77. 15€).

Garachico es también el punto de partida para conocer uno de los lugares más antiguos, geológicamente hablando, de Tenerife: el Macizo del Teno. Existió mucho antes que el propio Teide y en sus profundos barrancos, donde el hombre se asentó desafiando a las pendientes, se perpetúan algunas formas de vida muy tradicionales.

El punto neurálgico en esta zona es Masca, una aldea altamente pintoresca encaramada en un saliente rocoso, donde la afluencia de turismo ha permitido recuperar muchas tradiciones artesanales. Aquí se tejen las fibras vegetales para hacer sombreros o se fabrican timples, el instrumento de cuerda típico canario, que pueden comprarse a pie de calle de mano de los propios artesanos.

TENERIFE PRÁCTICO

Cómo llegar. La Compañía Vueling tiene vuelos diarios y directos al aeropuerto de Tenerife desde A Coruña, Alicante, Barcelona, Bilbao, Málaga o Sevilla, desde 74,99€ por trayecto, tasas incluidas.

Cómo moverse. La mejor opción es alquilar un coche, el único modo de acceder a ciertos puntos de la isla, especialmente en el norte. Hay numerosas opciones en el aeropuerto, como Hertz, Cicar, Avis o Europcar.

Dónde comer. Sabor Canario (Escultor Estevez, 17. Tel. 922 32 27 93). Una de las casonas más antiguas de La Orotava, del siglo XVII, alberga este restaurante de sabores tradicionales. Es un fantástico lugar para probar los típicos: conejo en salmorejo, almogrote gomero, gofio amasado con miel y almendras o rancho canario. Tienen también menús especiales para vegetarianos. El Patio (Jardín, 13. Los Realejos. Tel. 669 02 86 77). Situado en el centro de una finca de agricultura ecológica, este restaurante (el primer 'slow food' oficial de Tenerife) ofrece recetas hechas a base de productos locales del Valle de La Orotava. Su artífice es un holandés, Adrián, que para abastecer la cocina cuenta con su propia huerta además de un corral y una piara de cerdos negros canarios. Las estrellas de la casa son la pata asada de cochino negro con cebolla confitada (11,50€) y las sobrasadas caseras.

Dónde dormir. La Quinta Roja (Glorieta de San Francisco, s/n.). Perteneció durante el siglo XVI al Marqués de la Quinta Roja y estuvo habitado durante 40 años por monjas de clausura. Hoy, este hotel rural, ubicado en pleno casco histórico de Garachico, es un ejemplo típico de la arquitectura barroca insular, con algunos de los elementos decorativos originales. Dobles desde 122€. Hotel Laguna Nivaria (Pza. del Adelantado, 11). Está ubicado en una mansión colonial del siglo XVI en el centro histórico de San Cristóbal de la Laguna. Su filosofía es apostar por la preservación del medio ambiente con sistemas eficientes de ahorro de energía y agua. Además, en el restaurante sirven productos ecológicos que obtienen de su propia finca. Dobles desde 82€.

Qué hacer. Hay tanta diversidad floral en Tenerife que la miel que se produce aquí es única. Algunas son de plantas locales como el tajinaste, el relinchón y la retama del Teide, pero también las hay de pitera, de aguacate, de hinojo y de poleo, entre otras. Hay tanta variedad y originalidad, que las mieles de Tenerife consiguieron su propia Denominación de Origen Protegida en 2014, pasando a ser una de las tres únicas en España junto a la D.O. de Miel de La Alcarria y la D.O. Miel de Granada. Para saber más de estos néctares visita la Casa de la Miel (San Simón, 51. El Sauzal) donde, además de aprender sobre la historia de su recolección y el trabajo de los apicultores, podrás hacer una cata.

Más información aquí.

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