La Habana, la nueva revolución

La faceta mas cool de la capital cubana.

La habana

Uno de los secretos que debes conocer antes de llegar a La Habana es que para descubrirla bien no hay nada como pasearla al azar. Y otro, que al primer golpe de vista lo habitual es quedarse con la sensación de que se está en un lugar en el que el tiempo se ha quedado dormido. Es verdad que muchos edificios de la Habana Vieja y, sobre todo, de Centro Habana, símbolos del pasado cosmopolita de la ciudad, parecen a punto de derrumbarse. Pero también lo es que se mantienen en pie gracias a una estática milagrosa, como la llaman los propios arquitectos cubanos, que es reflejo de la resistencia optimista que bulle a pie de calle. Ahora esas aceras levantadas, esos olores a ron y a cigarro puro y ese perpetuo son cubano que atrae a hombres maduros trajeados con anacrónicos sastres a rayas y sombreros Havana Fedora de ala generosa son una parte de la capital. La otra, la que se mueve al ritmo de Major Lazer y The Rolling Stones, la que toma nota de la colección Crucero 2016-2017 de la maison Chanel y recibe con los brazos abiertos las nuevas propuestas gastronómicas de chefs como Andoni Luis Aduriz y Massimo Bottura, puja por imponer su propio estilo. Y este se decanta por una tendencia vanguardista que se rinde al boho chic y a lo cool. Se nota especialmente en la Habana Vieja, primorosa gracias a las recientes obras de restauración que dieron la bienvenida en marzo al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y que con sus fachadas color pastel se ha transformado en el foco de la renovación caribeña.

Cuando explores las calles Oficio, Mercaderes, Lamparilla, San Ignacio, Habana y O’Reilly, por mencionar sólo algunas, te sorprenderán áreas perfectamente asfaltadas en cuyas aceras proliferan terrazas, cafés, pequeñas concept stores, estudios de artistas, jóvenes diseñadores –no te pierdas la tienda Clandestina, en la calle Villegas– y una nueva generación de bed and breakfast privados, muchos de ellos amueblados con exquisitas piezas vintage de los años 40 y 50. Como el coqueto Casa Vitrales (cvitrales.com), situado en el centro histórico del barrio y perfecto para convertirlo en tu cuartel general: ubicado en un edificio colonial de tono rosa, sus ocho habitaciones de techos altos, sus azulejos originales, su sillón de barbero fucsia, su araña del siglo XVIII y un enorme cuadro abstracto obra del actor Jorge Perugorría testimonian el buen gusto del dueño, Osmani Hernández.

No muy lejos, en la Plaza Vieja, puedes elegir entre tomarte un café en un sofá bajo los magníficos soportales o refrescarte con un mojito en un balcón del primer piso. Y un poco más allá, callejeando por esta zona pionera en enseñar lo que la ciudad promete, se llega hasta la calle Aguiar, en la que el culto a las barberías ha dado paso a restaurantes y boutiques encantadoras, con un toque personal muy reconocible. Porque La Habana sigue siendo ella misma. Lo demuestran desde las bicitaxis que circulan anárquicas a uno y otro lado del malecón hasta los coches de época, Cadillacs o Mercury norteamericanos cuyos propietarios conducen y conservan relucientes. O esos mercadillos improvisados en portales y rendidos ante el Che. Esa mezcla de lo de ayer y lo de hoy sugiere que los nuevos años 20, los de este milenio, son suyos. Por eso despedirse de La Habana lleva implícito el deseo de volver.

Algunos de los aires renovados que soplan en la capital cubana vienen del mar. Y esa sensación la provoca el hecho de que el puerto se haya abierto por primera vez a un crucero, MSC Opera (msccruceros.es), que a partir de noviembre partirá (todos los sábados) y regresará a La Habana en su travesía por el Caribe. Si tienes alma marinera, eso te brinda la oportunidad de disfrutar de una aproximación al famoso malecón habanero lenta y con perspectiva casi aérea. Porque, desde una cubierta interminable, tienes unas vistas privilegiadas de la fachada del mítico Hotel Nacional (hotelnacionaldecuba.com), del Museo de la Revolución o de la cúpula del Capitolio. El viaje en el crucero te permite, además de dos días para explorar La Habana a tu ritmo, hacer escala en otro trío de joyas caribeñas: Jamaica, cuna del reggae y el estilo de vida slow; Islas Caimán, cuyas aguas azul turquesa son una llamada al esnórquel y el dolce far niente, y Cozumel, en la costa Maya de México, con playas infinitas de arena blanca.

Si eres una sibarita incorregible, durante la travesía en el crucero –de ocho días y siete noches– disfrutarás de una carta de masajes deluxe en MSC Aurea Spa que te dejarán como nueva y continuarás tu sesión de relax contemplando cómo cae el sol desde el balcón de tu camarote suite o degustando un daiquiri mientras sientes la brisa marina en una tumbona del sun deck. Para los espíritus festivos, la noche se anima en MSC Opera con una cena de gala en cualquiera de sus lounges y restaurantes. Y puedes prolongar la party hasta la madrugada en Byblos, la discoteca de a bordo, cuyos amplios ventanales te brindan un panorama extraordinario del océano.

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De postal

El malecón, uno de los lugares más fotografiados de la ciudad.

Espejo arty

Hya muchas Habanas, de la señorial a la 'art deco', y todas se reflejan en sus fachadas.

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Fortificada

La muralla de la ciudad.

Para dormir

El hotel boutique Casa Vitrales

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Para comer

Escalera de subida al restaurante La Guarida (c/ Concordia, 8).

Con historia

Soportales de la Plaza Vieja.

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Espectacular

Así es la antigua farmacia Johnson (c/ Obispo, 20).

Con sabor

La comida criolla se transforma hoy en deliciosas propuestas gracias a los nuevos chefs. En la imagen, restaurante Ivan Chef Justo.

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Con vistas

Vista del puerto de La Habana desde la cubierta del 'MSC Opera'.

Cozumel

El Caribe en estado puro: relax y playas de arena blanca.