12 placeres de invierno

Nos asomamos a los paisajes efímeros que se crean en estos meses. Vamos a deslizarnos sobre praderas de nieve y a dormir entre carámbanos, a sentir el viento gélido en el rostro y la descarga de adrenalina de un buen baño bajo cero. Nos gusta el frío y ponemos el GPS rumbo al norte.

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1 Pescar bajo el hielo en Noruega

Es gratis y no necesitas permisos especiales, eso sí: sentarse tranquilamente caña en mano esperando que algo pique, mientras la temperatura ambiente puede alcanzar -20ºC no es apto para cualquier viajero. Pero si llevas los genes de la aventura y estás en la Laponia noruega, no te pierdas esta experiencia: solo necesitas subir a los fiordos de Tromsø, o a Kirkenes, especializado en cangrejo real. Después, pregunta a los lugareños en qué sitios el hielo es grueso y seguro y busca un agujero abandonado. Sí, has leído bien: busca uno ya hecho porque, aunque en las películas de dibujos animados parezca fácil, para hacer uno necesitarías una motosierra. Los lagos como los de Stokkavatn, son una buena opción para lanzar la caña y capturar lucios o truchas, que siempre deben superar los 25 cm. Más información aquí.   

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2 Trepar por una cascada en Canadá

La inclinación y el clima determinan la dificultad de este deporte, en el que subes por una pared de hielo. La niebla, la ventisca y los aludes tampoco ayudan pero, con tus inseparables crampones –suelas con clavos– y piolets conocerás los distintos tipos de hielo. Sí, porque el hielo puede ser cristalino, plástico, costra o azul, dependiendo de si trepas por una cascada, una columna, un corredor o un glaciar. Los escenarios cambian –los impone la nieve–, pero la escalada en hielo cuenta con clásicos como Canmore (Canadá), con festival propio. 

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3 Bañarte en agua termal en islandia

Está abierto todo el año, pero sumergirse en los 40ºC de este balneario geotérmico del suroeste islandés, en pleno invierno, desprende un vapor que te traslada al mundo de los sueños. Aunque los 9 millones de litros de agua de este campo de lava se renuevan cada 40 horas, antes de entrar hay que seguir un estricto protocolo de limpieza. Después, una vez sumergido, debes aplicarte la ya típica mascarilla blanca y tonificar los músculos bajo la cascada. En invierno, puedes disfrutar de este oasis azul –el contenido en sílice explica este color– desde 40 € y, este año, conocer su tres novedades: hotel de lujo, restaurante y spa. Más información aquí.

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4 Patinar en Holanda

El país cuenta con pistas de patinaje en cantidad y calidad –incluso una, la de Museumplein, de Ámsterdam, pegada al Rijksmuseum y al Museo Van Gogh–, pero si preguntas a los holandeses por una de sus grandes pasiones, lo tienen claro: patinar al aire libre y sobre hielo auténtico. En Schipluiden, al sur de La Haya, puedes deslizarte entre molinos. Después, la tradición impone calentar el cuerpo con una crema de guisantes o reservar mesa en De Zwetheul, con 2 estrellas Michelin. www.holland.com.

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5 Bucear con belugas en Rusia

No es peligroso, pero encontrarte cara a cara con una ballena mientras buceas en aguas heladas es, cuanto menos, inquietante. Aún así, los expertos aseguran que a pesar de la capa de hielo –que puede alcanzar 1,5 metros– y de las belugas, que nadan rondando la superficie, lo que realmente pone esta actividad en la categoría extrema es el trayecto en moto necesario para llegar hasta esta maravilla de la naturaleza, que puedes realizar en el Mar Blanco de Rusia. Igual de espectacular pero cambiando belugas por truchas, es bucear en los lagos helados de Andorra, tanto en Vallnord como en Grandvalira. 

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6 Dormir entre hielo en Suecia

La historia del Ice Hotel es tan insólita como su oferta. En 1989, Jukkasjärvi, en la Laponia sueca, celebró una exposición de esculturas de hielo en un iglú. El éxito fue arrollador, los hoteles de la zona se vieron desbordados por la afluencia de público y muchos se quedaron sin habitación. La solución estaba clara:  alojarlos en el iglú. Así nació el primer hotel del mundo construido íntegramente con hielo y nieve. Y el más grande: con 5.500 m2, 900 toneladas de hielo y 21.500 de snis, una mezcla de hielo y nieve del río Torne. Además, siempre está nuevo, ya que se derrite en primavera y, cada año, hay que construir sus 60 habitaciones, el bar, los vasos, las camas… 

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7 Correr en praderas de nieve

No solo de esquí viven las pistas y una actividad en la que no tengas que calzarte una tabla, aunque sea para practicar freeride, inclina la balanza a favor del paisaje. Junto a huskies y renos, el caballo es el favorito a la hora de hacer un recorrido en trineo. Son razas autóctonas, robustas y adaptadas a los paisajes nevados, que ofrecen una alternativa aprè ski en casi todas las pistas, incluso las norteamericanas. Para disfrutarlas, abrígate y déjate llevar por el silencio de las praderas de nieve, rutas fuera de pista difíciles de ver de otra forma. Si prefieres poner tu adrenalina a tope, sube a una moto, la estrella de muchos dominios: no necesitas carné y puedes montar hasta de noche. Para los más intrépidos, vehículos de 150 cv de moto extrema.

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8 Explorar una cueva de hielo en Francia

En las laderas del macizo del Mont Blanc, en los Alpes franceses, encontrarás esta joya geológica que, con 7 km de largo y 200 m de profundidad, es el glaciar más largo del país galo. También fue el primero con atracciones turísticas de todo el valle de Chamonix. Pero, récords aparte, el Mer de Glace (Mar de Hielo) es un placer para los sentidos y la gruta –se excava cada temporada ya que el glaciar se mueve unos 90 metros al año–, uno de sus puntos fuertes. 

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9 Volar en parapente en Alemania

Heliski, speedriding –que intercala esquí con una minivela–, speedtandem –como el speedride, pero en pareja–, parapente… Cada vez son más las actividades de invierno que te llevan por los aires, pero todas tienen un propósito en común: grabar en tu retina el espléndido espectáculo de ver la nieve a vista de pájaro. Las pistas europeas son pioneras en estas disciplinas, perfectas para buscadores de paisajes únicos y para pasar, en unos minutos, de la adrenalina del despegue a la placidez de flotar sobre la nieve virgen que tapiza las montañas. Una de las más impresionantes es Brauneck Lenggries, en la Alta Baviera alemana. 

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10 Bañarse en aguas heladas en Finlandia

Puede que sumergirte en aguas oscuras y rodeadas de nieve, en las que la temperatura ronda los -3 ºC, no esté entre tus prioridades inmediatas, pero los que lo han probado aseguran que la experiencia es más que recomendable. Entrar es para valientes pero, una vez superado el shock inicial y la pérdida de sensibilidad momentánea en las piernas, la salida es triunfal y va acompañada de una inyección de adrenalina que se prolonga todo el día. En Finlandia cada vez son más los que empiezan la jornada con un baño helado; los jóvenes han recuperado el ice swimming con nuevas instalaciones y hasta luces subacuáticas. Así que, ya sabes: entra en el agua –sin nadar ni meter la cabeza, solo sumérgete y sal–, prepara ropa seca y disfruta. Más información aquí

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