Cinco razones por las que escaparte a Zúrich esta Navidad

Si cada vez que arranca la temporada de villancicos y mercadillos pierdes la cabeza, la magia de Zúrich te espera.

Aunque relojes, chocolate y queso conforman el imaginario colectivo suizo, la Navidad también es parte importante de su ADN. Por eso, te traemos un puñado de buenas razones que te harán soñar con protagonizar una escapada relámpago a una de las ciudades más deseadas de Europa. ¿Preparada para disfrutar de la magia de la Navidad a lo grande?

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1 Porque sus calles ya saben a Navidad

Si bien es cierto que el ambiente de Zúrich enamora en cualquier época del año, es durante la cuenta atrás navideña cuando saca a relucir sus mejores galas. Miles de bombillas prenden las calles hasta formar constelaciones de luz, las coloridas fachadas y los balcones cerrados de su casco antiguo se envuelven en adornos, los escaparates brillan y las plazas más majestuosas ceden protagonismo ante los colosales abetos que ahora las presiden.

Un encanto y un sosiego similar a la felicidad que los daneses bautizaron como 'hygge' se extiende por todos los rincones de la ciudad: las coloridas vidrieras del artista Marc Chagall que decoran la Iglesia de Fraumünster ahora lucen con un brillo especial; las vistas desde la torre de la Catedral Grossmünster contagian un vértigo diferente; el reloj de la Iglesia de San Pedro se ve más grande y puntual que nunca; y, desde lo alto de Lindenhofplatz, el río Limago refleja las fachadas alumbradas de sus edificios medievales y góticos revelando matices hasta ahora desconocidos.

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2 Te pondrás las botas degustando chocolate

Puede que Nestlé, Lindt y Toblerone se lleven todo el calor del público pero en Zúrich perduran hornadas de artesanos chocolateros que, generación tras generación, ayudan a forjar el mito con sus creaciones únicas. Para comprender este culto al chocolate recomendamos embarcarse en un recorrido como el que ofrece Xocotour Suisse y que promete descubrirnos el "lado más dulce" de Suiza.

Entre nuestras paradas favoritas están Confiserie Honold y su bombón 'Lotti's Best', que combina galleta, haba tonka, chocolate negro y sal; las mezclas aparentemente imposibles (como mandarina y azafrán o lichi y chile) de Max Chocolatier; las tabletas al peso de Läderach; Teuscher y su auténtica trufa rellena de Dom Pérignon; los 'Luxemburgerli' (algo así como macarons suizos) y las efímeras 'Truffes du Jour' que sólo duran 24 horas en Sprüngli… Y el gran toque final, disfrutar de una taza de chocolate caliente en el pomposo Conditorei Schober-Péclard, un lugar mágico que rezuma Navidad. Teniendo en cuenta que cada suizo consume aproximadamente 10 kg de chocolate al año… creemos que saben de lo que hablan.

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3 Por fin sabrás lo que es un auténtico Mercado de Navidad

Hay que ser muy (pero que muy) Grinch para no sorprenderse como un niño cada vez que se pisa uno de estos escenarios de cuento. Ubicado frente a la Ópera, el mercado de Wienachtsdorf es un pequeño trozo de Laponia en el corazón de Suiza: puestos de artesanía, talleres de actividades para los más pequeños, casetas con sabores de todas partes del mundo, una selección de los grandes clásicos suizos… ¿Lo mejor? Deslizarse por el hielo de su pista de patinaje y contemplar el bullicio familiar desde una perspectiva diferente.

Si el tiempo no acompaña, la opción 'indoor' que más cautiva a los locales es el tradicional Christkindlimarkt que se instala cada año en la estación de tren. Sus 150 puestos lo convierten en uno de los más grandes de Europa y el colosal abeto adornado con cristales de Swarovski, en el más ostentoso complemento. Además, repartidas por las callejuelas de su casco antiguo encontraremos una selección de pequeños puestos navideños a los que será fácil llegar si se sigue el olor a dulces tradicionales y a incienso que inunda el ambiente.

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4 Aburrirse no será una opción

Cuando decíamos que la Navidad forma parte del ADN suizo, no exagerábamos: el mes anterior a Nochebuena se vive con júbilo, como si cada jornada de adviento fuera la más especial de las celebraciones. En Bürkliplatz la tradición manda activar el 'modo zen' y fabricar velas únicamente con la ayuda de cordel y un gran contenedor de cera de abeja fundida. El embriagador olor y la paz de la pequeña carpa nos guiarán durante este relajante proceso que, además, cuenta con fines solidarios. Los amantes de los villancicos tienen una cita cada tarde en Wendmuller Platz, donde coros de todas las edades se suben al famoso Christmas Singing Tree para deleitar a los presentes con sus himnos navideños. Disfrutar de sus voces empastadas y sus atuendos festivos mientras se saborea un vino caliente o 'glühwein' será un plan inolvidable.

Además, los más pequeños no tendrán que ir muy lejos para conocer a Papá Noel. Bastará con que suban a Marlitram, un tranvía conducido por el propio Santa Claus que les enseñará el lado más mágico de Zúrich mientras dos ángeles alimentan su imaginación a base de cuentos. Otro imperdible si se viaja con niños es Illuminarium, el escaparate de luces que adorna el Museo Nacional de Zúrich y que se completa con la proyección de una animación muy especial sobre su fachada. Y si el frío no da tregua, el Museo de la FIFA o el museo de arte Kunsthaus serán buenas formas de entrar en calor.

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5 Disfrutarás de un ambiente inmejorable

Gracias a sus modestas dimensiones, Zúrich puede ser descubierto tanto a pie como con ayuda del ocasional tranvía. Sin embargo, cada uno de sus rincones rebosa vida y ambiente, como sucede en el Cabaret Voltaire, donde Hugo Ball y Tristan Tzara fundaron el dadaísmo, o a lo largo de la calle Niederdorf, donde se acumulan los locales vibrantes.

La gastronomía tampoco se queda atrás, entre decenas de 'brasseries' y lugares tan emblemáticos como Oepfelchammer, donde saborear un tradicional Kalbsgeschnetzeltes mit Rösti (ternera, salsa de champiñones y patata) está a la orden del día. Para quienes busquen una opción más calmada nos quedamos con el delicioso fondue que sirven en el acogedor pabellón de Frau Gerolds Garten, situado en el efervescente barrio de Zurich West.

Mientras, los lujosos escaparates de la Bahnhofstrasse se convierte en el paraíso de las amantes de las compras, quienes también encontrarán suculentas tentaciones en las pintorescas boutiques de moda y espacios 'deco' de su zona vieja. Y una dirección en Zurich West que no deja indiferente: el montón de contenedores que dan forma a la Freitag Tower, donde una mezcla de lonas y cinturones de seguridad reciclados llevan años convirtiéndose en los bolsos más deseados de la ciudad.

¿Pensando en una escapada relámpago a Zurich? La compañía Swiss ofrece vuelos diarios desde Barcelona, Madrid y Valencia así como conexiones semanales desde Bilbao, Alicante, Santiago de Compostela, Palma de Mallorca y Málaga. Si buscas un alojamiento especial, prepárate para disfrutar de las insuperables vistas al lago Zurich que ofrece Sorell Hotel Zürichberg, nuestro templo en plena naturaleza. Además, tanto en la página oficial de turismo de Zurich como en la de Suiza encontrarás toda la información que necesitas para convertir este fin de semana navideño en una experiencia inolvidable.

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