Los vestidos de princesa vuelven a llevarse

Hace poco, mientras veía mi álbum de boda en un momento de nostalgia, me di cuenta de que, finalmente, había sucedido: Llevo ya casada el suficiente tiempo (seis años) como para ponerme mi vestido de novia y sentirme de otra época. Los vestidos grandes han vuelto. Y con 'grande' me refiero al tamaño de un coche pequeño. Tan grande que necesitas ayuda para ponértelo y quitártelo.

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Hace tan solo un año, el estilo 'merengue' salía en todos los realities de bodas. Son una fuente fiable de entretenimiento, y sobre los vestidos voluminosos que salían se decían muchas cosas, pero nada relacionado con la palabra 'moda'.

Y de repente, la elegante Giovanna apareció en Capri con un vestido personalizado de Alexander McQueen, a capas y con una cola kilométrica. Era mullido, fabuloso y extra largo.

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También fue un 'hit' en las redes sociales, ya que lo compartieron miles de personas incluidas Anna dello Russo y Natalie Massenet (sus damas de honor y mujeres que, por lo visto, también son expertas en eso del buen gusto).

Lo de Giovanna fue la encarnación 'fashion' del clásico sueño del cuento de hadas: el vestido asombroso, el increíble ambiente italiano y el príncipe escandinavo. Sólo faltaba Elsa de Frozen cantando 'Let it go' de fondo.

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Al mes siguiente, durante la semana de la Alta Costura de París, los vestidos grandes y voluminosos fueron los protagonistas de la pasarela. Con dramáticas faldas de vuelo se presentaron Valentino, Chanel, Christian Dior y Giambattista Valli.

Unas semanas después apareció Ciara en un castillo, llenando un jardín amurallado con su traje de encaje de Roberto Cavalli. El 'arquitecto' del vestido, Peter Dundas, quiso compartirlo en Instagram: "Enhorabuena a mi querida amiga Ciara y Russel Wilson. Como una princesa de un cuento de hadas con #CavalliCouture".

El estilo princesa de las novias está limitado a la riqueza y la fama. Hace poco, Anna Barnett, la chef de moda londinense, se ha casado en el lago Garda con un vestido de encaje voluminoso hecho a base de capas.

En la era de la moda casual, los vestidos de novia grandes y extravagantes suponen todo un 'shock' para el sistema. Desentona con la manera en la que vestimos en nuestro día a día.

En los 90, cuando el grunge y el minimalismo reinaron por primera vez, ambos estilos se filtraron también en el mundo de las bodas. Cuando Carolyn Bessette se casó con John F. Kennedy Jr. en 1996 con un vestido hecho por su amigo Narciso Rodríguez, marcó la década e inspiró miles de copias.

Siendo sincera, si me fuera a casar ahora, el estilo 'merengue' no sería mi look de novia. Pero en una segunda oleada de nostalgia noventera y con una realidad que cada vez es más seria y complicada, puedo llegar a entender por qué la fantasía gusta tanto. ¿Y a caso puede haber algo más fantasioso que un vestido de cuento de hadas?

Así que mientras nuestro 'dress code' para el día a día es más casual que nunca, los vestidos de novias, para bien o para mal, se acercan más a las grandes ligas. Y nunca mejor dicho.

Vía: elle.com