No me llames tendencia

¿Te has preguntado alguna vez cómo nace una tendencia? Tras esta pregunta se esconden todas las razones a los errores más habituales.

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Pasa todos los años. No se libra ni uno. Y seguimos convenciéndonos de ello. Hablamos de una de las paradojas de la moda: las tendencias que no son tendencia.

A veces resulta un tanto cómico ver temporada tras temporada cómo se esfuerzan en inocularnos a través de todos los medios posibles que la camisa blanca es la “última tendencia”. Sobre todo, llegado el otoño. Miles de blogs y sites se empeñan en que, cuando agosto echa el cierre, la camisa blanca se convierte en la tendencia de la temporada. O a la vuelta de navidad, cuando guardamos en el fondo del armario todos los pailletes y flecos posibles. Pero la pregunta es: ¿cuándo se dejó de llevar?

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Podríamos remontarnos más de 50 años atrás y veríamos como la esencia seguiría intacta. ¿Estamos en lo cierto cuando hablamos de la camisa blanca como una tendencia? ¿O cuando afirmamos que “la camisa blanca ha sido destronada por los estampados”? La respuesta es no. Un NO en mayúsculas. Y como ella, los vestidos negros, la lana, los stilettos, los vestidos blancos en verano...

Y es que hay ciertas piezas intocables en todo armario que deberían dejar de utilizarse en las comparaciones con lo que verdaderamente es una tendencia temporal. Una camisa con estampados de palmera, por ejemplo, seguramente sea una tendencia temporal que tendrá una primera vida de alrededor de un año. Después, se enterrará en un baúl hasta que algún 'trendsetter' de un barrio de las profundidades londinenses se atreva a sacarla de nuevo, años más tarde, en un ataque de modernidad y rebeldía. Y puede volver a funcionar... o no. Como así ha pasado con todo. Nada es nuevo. Y, sentimos decirlo, pero absolutamente todo está inventado.

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Hablar de tendencias es hablar de ese entresijo de mecanismos sociales que ponen en marcha unos pocos con sus acciones y elecciones personales, alejadas de las de la masa y probablemente sin ni siquiera darse cuenta. Estos activan a su vez, de forma consciente o inconscientemente, las selecciones del grupo mainstream gracias al trabajo de unos intermediarios silenciosos cuya atención es esencial: los llamados “coolhunters”.

Todo este proceso es mucho más complicado que el simple hecho de que en Inditex decidan que las flores van a ser su estampado estrella de la primavera (como es lógico) porque han visto que Diane Von Furstenberg (por ejemplo) las utilizó en su último desfile. Esto no son tendencias. Esto es marketing comercial basado en la lógica más pura con un único objetivo: vender. Porque, ¿en qué primavera no se han visto vestidos de flores?

Sí es cierto que llegadas ciertas épocas del año, determinadas piezas saltan a la palestra como “novedosas” de forma temporal: la falda de neopreno, el clutch transparente, las sneakers... De la misma forma que aparecen una temporada, se evaporan en la siguiente. Cosa que, por otro lado, no sucede con el clásico vestido negro en invierno o el de flores en primavera.

Hablar de tendencias supone ir un poco más allá. El proceso nace desde el corazón social más profundo, de la inconsciencia de unos pocos con el don de resucitar un icono, una textura o darle una nueva vida a un elemento fuera de los patrones, como ya pasó hace más de 30 años atrás con el famoso símbolo del smiley o con las primeras notas de música electrónica en el Chicago de los 60, tranducido después a tela, aguja e hilo.

Muchas de las tiendas y cadenas que nos rodean utilizan los servicios de estos cazadores de tendencias para sus colecciones. Freelancers cuyo trabajo se basa en la atención silenciosa permanente.

Sin embargo, el proceso ha terminado volviéndose cómodo y ahora lo que se lleva es el copy fulminante (a excepción de esas 7 ligeras diferencias que les salvan de la multa por plagio).

Así que, analizado el origen, la vida y la muerte de una tendencia, quizás lo más correcto a la hora de hablar de la camisa blanca y compañía sería hablar de “eternos” para no mencionar en vano piezas tan básicas y perfectas como éstas, con las que el éxito es seguro. Como dijo Coco Chanel, “un vestido negro potencia a la mujer que lo usa”. ¿Alguien tiene un argumento similar para defender a la camisa de palmeras?