Claves para educar

Niños

Los niños de hoy lo tienen más difícil. Muchos padres están llenos de dudas y no saben cómo enfrentarse con los retos diarios. Tampoco los progenitores lo tienen fácil. Se ven obligados a adaptarse a un mundo en continuo cambio cada vez más competitivo. Educar se convierte en muchos casos en una verdadera odisea, pero no lo es si seguimos unas normas básicas. María Jesús Álava recuerda los puntos básicos que no debemos olvidar.

Elle.es - 23-10-2009

Existen unas normas básicas sin las que sería imposible que el desarrollo de los niños se llevara a efecto con garantías de éxito. Básicamente ésta es la tesis de mi libro El no también ayuda a crecer (Ed. La Esfera). Las razones son obvias: ¿Podemos imaginar cómo funcionaría una empresa sin ningún tipo de normas? ¿Y en un centro educativo, cómo sería la vida sin reglas ni controles de alumnos ni de profesores? Si es fácil imaginar el estado de caos que se daría en esas situaciones, ¿cómo los niños podrían desarrollarse, madurar y vivir mejor sin esas pautas, normas, límites o hábitos?
Hay padres que creen que, si no ceden, sus hijos les querrán menos; sin darse cuenta de que, en el fondo, esa actitud hará que sus hijos les rechacen, porque sólo les producirá inseguridad e insatisfacción.
La necesidad de normas es vital en todas las etapas. En función de sus distintas edades, necesitan pautas y no para anularlos, si no para desarrollar seguridad, estabilidad y valores. Siempre convendrá que razonemos al máximo con los niños y que en la adolescencia les expliquemos minuciosamente los principios básicos que guiarán nuestra actuación, pero explicar no quiere decir negociar; podremos negociar las normas pero no los límites.
Por otra parte, las normas, para que sean cumplidas, deben ser realistas y razonables. ¿Dónde está el límite? En la aplicación del sentido común y del razonamiento lógico.

Principales derechos de los niños

. Tienen derecho a que sus adultos de referencia mantengan una actitud coherente, equilibrada y respetuosa que favorezca su maduración.
. Tienen derecho a recibir amor, ternura y tiempo de dedicación por parte de los adultos, lo que beneficia su equilibrio psíquico y su fortaleza emocional.
. Tienen derecho a recibir el perdón por sus equivocaciones, la paciencia ante sus limitaciones y el ánimo que necesitan para superar sus dificultades.
. Tienen derecho a que les proporcionemos las normas, límites y hábitos que favorezcan su desarrollo y les vacunen contra la inseguridad e inestabilidad.
. Tienen derecho a que los adultos no les utilicen en sus peleas, diferencias o desencuentros.
. Tienen derecho a que les escuchemos sus necesidades y les ayudemos a superar sus dudas.
. Tienen derecho a que no se les transmita falta de ilusión, desencanto y desesperanza.
. Tienen derecho a una educación basada en los valores que les faciliten los recursos necesarios para superar obstáculos e injusticias y que les vacune contra la falta de respeto hacia quienes les rodean.
Principales deberes de los niños
. Los niños tienen que aprender a respetar a las personas, por encima de sus creencias, sus singularidades y sus diferencias.
. Los niños tienen que aprender que el auténtico valor no reside en el éxito social, sino en la coherencia y la generosidad personal.

Reglas de oro

. Tenemos que ser más perseverantes que ellos. Si aprendemos a observar a un niño, sabremos lo que le pasa. Los niños nos manifiestan sus estados emotivos a través de su conducta, de lo que hacen o dejan de hacer, de lo que dicen o callan. Primero observaremos qué está pasando, luego tomaremos las medidas que nos permitan encauzar la situación y, finalmente, insistiremos más que ellos, no para vencerles, sino para ayudarles a sentirse mejor y encontrar su propio camino; en definitiva, para que puedan sacar lo mejor de sí mismos.
. Los discursos sirven de poco. No seamos ingenuos. Los discursos son poco útiles. Los niños no reaccionan ante las palabras, sino ante nuestros hechos.
. ¡Hay que intervenir; no decir “ésta es la última vez”!Repetir constantemente que “ésta es la última vez” sólo sirve para potenciar lo que queremos corregir. Es mejor mirarles con un gesto de decepción, pero sin decir palabra; al menos no os desprestigiaréis.
. Hay que unificar criterios y actuar con seguridad.Es importante tener criterios claros, pero es más trascendente actuar de forma coordinada. No nos podemos permitir “ir cada uno por un lado”.
. A veces debemos asumir papeles incómodos. Padres y educadores se verán obligados a “manejar” situaciones difíciles que requerirán toda su templanza, sabiduría y “buen hacer”. En función de cómo actúen y de la seguridad que muestren, la crisis se resolverá mejor o peor.
. No sucumbamos en las situaciones de crisis.

Errores a evitar

. Intentar ser “colegas” en lugar de padres. Los niños necesitan “situarse y situarnos”. Los adultos ocupan en su vida el papel de adultos.
. Intentar “comprarles” haciendo de “buenos” o poniéndonos siempre “de su parte”. Es la postura “más cómoda”, pero al final se vuelve en contra.
. Protegerles en exceso. No es fácil el mundo en el que deben integrarse, pero lo hacemos imposible cuando, con nuestra forma de quererles, les anulamos. Debemos estar a su lado, pero para ayudarles, no para asfixiarles. Tienen que vivir sus pequeñas “crisis”, que les permitirán generar sus propios recursos.
. Cerrar los ojos. Negar lo evidente. Creer sus mentiras y caer en las trampas y trucos que emplean.
. Ceder por sistema. El niño problemático aprende que “presionando” termina consiguiendo lo que quiere. La mejor ayuda que podemos prestarles es nuestra tranquilidad ante su exigencia, nuestra firmeza ante su insistencia, nuestro afecto ante su agresividad, nuestra racionalidad ante su irracionalidad.
. Creer que en cualquier situación con el diálogo todo se arregla. Los niños aprenderán a dialogar más cuando nos vean seguros, cuando les ayudemos a cortar sus estallidos irracionales y sientan que, superados éstos, estamos dispuestos a razonar.
. Sacrificar constantemente a otros miembros de la familia. Ésta es una de las situaciones más injustas, pero más frecuentes en la relación familiar.
. Favorecer el consumismo. Empiezan por no valorar las cosas y terminan por no valorar a la gente.