¿Como fortalecerse?

Fuerza interior: el motor del alma

Para levantarnos cada día y afrontar la jornada o para hacer frente a un revés nos tenemos principalmente a nosotros, en cuyo interior cobijamos un verdadero yacimiento a cuidar, nuestra fortaleza interior. Viaje al epicentro.

Elle.es - 21-10-2009

mente-fuerza-interior

La vida nos recuerda a menudo nuestra vulnerabilidad. Noticias de atentados, catástrofes naturales, guerras o accidentes se entremezclan con situaciones en nuestro día a día que nos hacen ser conscientes de que no podemos elegir aquello que nos ocurre. Tampoco hemos elegido nuestro nombre, ni el lugar donde hemos nacido, ni el tamaño de nuestra nariz, “sin embargo –recuerda Germán González Andrés, coautor de los libros de liderazgo “Las puertas del túnel” y “Apriete el botón” (Ed. Ciedossat)–, hay algo que siempre podemos elegir y que depende enteramente de nosotros: la respuesta y la actitud que vamos a tener ante tales circunstancias”. Entra aquí en juego uno de los mayores tesoros del ser humano, la fuerza interior, que María Jesús Álava, psicóloga clínica y autora de Emociones que hieren (Ed. Esfera de los Libros), define como “seguridad, equilibrio, emoción e ilusión. Es el motor capaz de regir nuestra vida”. González destaca también de ella que tiene que ver con la “motivación, identificar nuestro propósito en la vida; con tomar decisiones, porque si nosotros no decidimos la vida lo hace por nosotros; y con ser proactivo, con hacer que las cosas pasen y no sólo esperar que pasen”.

Un potencial ilimitado

En nuestra libertad de elección radica nuestro poder y de nosotros depende nuestra capacidad para levantarnos. La fuerza interior nos recuerda que principalmente nos tenemos a nosotros para seguir adelante, un concepto que no tiene por qué ser negativo ni egoísta ni individualista. “En esta vida nos tenemos fundamentalmente a nosotros –señala Álava–, somos nuestra principal compañía desde que nacemos hasta que morimos. Todos necesitamos otras personas para encontrarnos bien, pero mal lo lleva quien no es capaz de estar bien consigo mismo, porque el equilibrio emocional no nos lo dan los de fuera”. González opina igual: “Si alguna vez necesitas una mano amiga –le decía don Quijote a Sancho Panza–, recuerda que ésta se encuentra al final de tu brazo. Y efectivamente es así: siempre nos tenemos a nosotros mismos, pero tengo que saber que soy lo que soy, no lo que los demás quieren que sea ni quien yo quisiera ser. Soy lo que soy más mi potencial, que es ilimitado, una fuerza latente que puede activarse cuando defines un sueño, algo en lo que creer o por lo cual tener esperanza”.
El problema es que muchas veces dejamos apartado nuestro potencial porque las expectativas de los demás han influido poderosamente en nuestra vida. La carpa japonesa es un caso particular. Si a este pez se la mantiene en una pecera pequeña sólo adquiere una longitud que oscila entre los cuatro y siete centímetros; si se la coloca en un pequeño estanque crecerá hasta 25 cm, así sucesivamente hasta los 90 cm, a los que puede llegar si vive en un lago. Así, como la carpa, somos nosotros. “Nuestros límites se ensancharán –anuncia Germán González– si nos damos la oportunidad de abrir nuestra mente y revisar nuestra historia y potencial. No estamos predeterminados”.

Equilibrio emocional

¿Y cómo reinventarnos? Esta fuerza se alimenta, “de sentirse a gusto con uno mismo –indica Álava–, de la sensación de bienestar que surge del equilibrio interno que tienes emocionalmente. Cuando controlas tus emociones y tus pensamientos e intentas que sean positivos y optimistas, la fuerza interior surge prácticamente como un torrente”. “Esperamos que la vida tenga sentido –dijo Herman Hesse–, pero sólo tiene exactamente el sentido que nosotros queramos darle”.

Vivir el presente

A lo largo de la vida, hay etapas especialmente propicias para una enorme fortaleza interior: la adolescencia, un período en el que se cuestiona todo y se produce una fuerza que lleva a proponerte todos los proyectos; y a partir de los 50 años aproximadamente, cuando surge una nueva crisis en la que uno se replantea lo rápido que ha pasado la vida. En esta etapa algunas personas se hunden pensando en cómo se les ha escapado la vida y otras intentan vivir con intensidad. Por último, la vejez también se caracteriza por una gran fortaleza producida por la sabiduría y en la que se selecciona muy bien dónde se quiere aplicar esa fuerza.
Pero el objetivo de este dossier es el de ser fuerte cada mañana y cada noche, porque es ahí donde se mide la fortaleza interior, un yacimiento a cuidar. Los problemas existen y existirán, “todo lo que tenemos que hacer es lo que podemos hacer”, afirma González. Nuestra mayor grandeza es levantarnos cada vez que caemos, porque no sobreviven los más fuertes ni los más inteligentes, sino los que mejor se adaptan a los cambios.
Ser fuerte no es no tener miedo nunca, sino reaccionar a pesar de los temores y dudas; ser fuerte no es negar nuestras debilidades, pero tampoco perder tiempo en aquello de lo que carecemos, sino aprovechar en lo que resaltamos; ser fuerte es vivir plenamente la realidad, sea la que sea; en definitiva, estar y vivir el presente, sin esperar a que llegue la oportunidad, y ocupar plenamente nuestro lugar en el mundo. No debemos olvidar, recuerda González, que “cada uno de nosotros está destinado a poseer un carácter exclusivamente suyo, a ser lo que nadie más podría ser o hacer exactamente igual”. Y así somos: inigualables y vulnerables, llenos de debilidades y de grandezas, de miedos y fortalezas, de sueños rotos y de cientos de volver a empezar, de dar un paso tras otro..., así somos, humanos.

El derecho a las debilidades y el miedo

En todo ser humano hay una parte de debilidad, por lo que hay que desconfiar del superhombre o la supermujer. “No hay nada peor –considera la psicóloga María Jesús Álava– que no ser consciente de cómo somos. Una persona realmente fuerte se conoce, asume sus debilidades e intenta equilibrarlas. Por el hecho de ser fuerte no se mete en situaciones que no puede afrontar, canaliza sus energías y objetiva su estado de ánimo y cualidades. Si no fuéramos conscientes de nuestras debilidades seríamos unos arriesgados. La fuerza es impulso y si no hay un control, se desvirtúa; hay que saber canalizarla”.
La alternativa más eficaz es la autenticidad, con nuestros valores y nuestras debilidades. “Una persona fuerte –continúa– no es un loco que se lanza a cualquier cosa. Puedes tener mucha fuerza, pero conservando siempre la objetividad. Y, por supuesto, también puedes tener miedo porque éste nos avisa de una situación peligrosa y nos pone en guardia”. En opinión del autor Germán González: “El miedo y los obstáculos siempre van a estar ahí, para obligarnos a crecer. Hemos llegado donde hemos llegado, como consecuencia de los problemas superados”. Sin embargo, recuerda, hay un miedo peligroso, “latente en la sociedad actual, que es miedo a dar el salto, a ser libre y responsable; es decir, a dejar de culpar a otros y dejar de poner excusas por nuestra situación”.