Cuando hacer el vago es un placer

Comportamiento

¿Cuántas veces ha pensado en abandonar lo que estaba haciendo y dejar que el tiempo pase sin hacer nada? Si le asalta esa idea, no la deje escapar: es buena para la salud, mejora la calidad de vida, ahuyenta el estrés y sirve para descubrir muchos placeres.

Elle.es - 21-10-2009

Siempre que puedo abandonarme a la pereza lo hago sin ningún remordimiento. Encuentro paz en no hacer nada y en dejar mi mente libre de tensiones y mi cuerpo libre de exigencias”. Esta declaración de intenciones nos la ha comunicado un lector, Dani de Madrid, a través de nuestra página web. Esta idea nos ronda muchas ocasiones por la cabeza y muchas veces no sabemos darle forma porque el tiempo, el trabajo o el estrés nos impide disfrutar de esas actividades que por pequeñas que sean puede llevarnos a situaciones de inmenso placer. Sentimos una necesidad de tener tiempo propio y, también, de saberlo perder.
Pero, ¿por qué nos gusta hacer el vago? El psicólogo clínico en adultos Carlos Mateo cree que hacemos el vago “porque nos sentimos bien haciéndolo. La ley básica del comportamiento humano es la ley del esfuerzo. Si cuando hacemos algo nos resulta placentero, tenderemos a volver a hacerlo. Por eso, si hacemos el vago es porque nos resulta gratificante y una vez aprendido es fácil volver a hacerlo, incluso por inercia”.
Cuando hablamos de pereza, siempre lo hacemos desde el punto de vista del placer, y en esa pereza se incluyen, como señala la escritora Alicia Misrahi, en su libro Adictos a la pereza (Ed. Debolsillo), actividades tan beneficiosas como “hacer lo que realmente queremos hacer; disfrutar con algo sencillo; ensoñarse y dejar que la mente vague libremente por los reinos de la fantasía o dejarse arrollar por una inútil actividad y caer después en días de contemplación”. ¿Y tanta inactividad es buena? Otro especialista en pereza, el escritor y periodista británico Tom Hodgkinson, que dirige la revista The Idler (El Vago), cree que sí porque cualquier mo­mento que podamos disfrutar “favorece la reflexión, la imaginación y la creatividad frente a la tiranía del sistema”.

Relax y control

Estos estados de pereza suponen una sensación de desconexión con nuestros problemas y, por lo tanto, de descanso. “Cambiar de actividad es un buen método de relax, y si esa ruptura está acompañada del placer de no hacer nada, mucho mejor”, aseguran los expertos. Carlos Mateo ve beneficios en la vaguería, pero con matices: “Es positivo si hacemos el vago con moderación y no nos quita tiempo y energía para responder a los temas de nuestra vida”.
La moderación y el control son dos pautas a cumplir según los especialistas. Mateo lo ratifica con sus palabras: “Nuestro día a día se construye con el hedonismo de las pequeñas cosas. Si somos capaces de centrar nuestra atención en el sinfín de pequeños placeres diarios, estaremos tocando la felicidad con la punta de nuestros dedos”.
Esa felicidad es romper con las ataduras de la rutina cotidiana, con la rigidez de los horarios y dejarse caer en los brazos de la vaguería para disfrutar de cosas tan cercanas, ¡y a veces tan olvidadas!, como son dormir sin la amenaza del despertador, saborear la buena mesa, no olvidar la tertulia con los amigos, pa-sear, tomarse una copa, tener sexo sin prisas y así hasta donde ustedes quieran. Eso sí, todo lentamente, sin agobios.
Dos ejemplos lo ratifican. Ariadna, de Lugo: “A veces es maravilloso ser perezoso, cuando se quiere disfrutar el momento intensamente, esas pequeñas cosas de la vida”. Y Marta, de Madrid: “Me relaja, porque uno tiene que tener momentos para no hacer nada...”.

Límite a la sobredosis

Pero tanta pereza puede crear adición, ¿es contraproducente? ¿Puede afectar a la salud? Para el psicólogo Carlos Mateo, “sí, porque cualquier cosa que nos pueda proporcionar placer puede llegar a ser adictiva para alguien, y la vagancia, por supuesto, es una fuente de placer para mucha gente”. Pero también cree que “no cualquier fuente de placer inmediato es necesariamente calidad de vida, y pone como ejemplo el consumo de drogas”.
Tom Hodgkinson también pone límite al hedonismo en su libro Elogio de la pereza (Ed. Planeta): “El único problema es que como es tan agradable nos volvemos adictos y con demasiada frecuencia los excesos pueden dañar gravemente la salud”. Lo que remarca Mateo es que “si se sabe disfrutar de cómo hacer el vago, es excelente para la salud y es un recurso eficaz para combatir el estrés”.
Como dijo Marcello Mastroniani en la película Macarroni, “no hay nada tan maravilloso como perder el tiempo”.?Así que ya saben, hágale caso.

Cómo hacer un arte de la pereza

Tom Hodgkinson (“Elogio de la pereza”) no tiene freno a la hora de definir los placeres. Estas son las frases con que describe algunos de sus mayores logros hedonistas. La premisa principal es disfrutar plenamente.
. Madrugar. “Los que se levantan pronto no son sanos, ricos y sabios. Normalmente son débiles, pobres y tontos. Son los sirvientes de los que se levantan tarde”.
. Dormir la siesta. “Divide al día en dos mitades, para que cada una de ellas sea más soportable y agradable”.
. Pasear. “Caminar lentamente puede parecer una pérdida de tiempo para un hombre de negocios, pero para un espíritu creativo es una actividad fertil”.
. Sexo. Tomen nota: “El sexo de los vagos debería ser perverso, licencioso y lujurioso, lascivo y lánguido”.
. Estar enfermo. “Cuando se está enfermo puedes liberarte de todas esas tareas irritantes que hacen que la vida sea a veces tan dura. Ni siquiera tienes que vestirte”.Por su parte, Alicia Misrahi (“Adictos a la pereza”) también adora la pereza y los pequeños placeres. Estas son algunas de sus ideas:
. Trabajar. “Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos y si a los seis meses empiezan a caer como moscas, que rectifiquen y cambien la frase por la de ‘el trabajo es enfermedad’”.
. Beber. “Es una actividad social que nos ayuda a relajarnos. El alcohol es para divertirse. Si bebes cuando estás triste seguramente que, pasado el primer momento de euforia y optimismo, te sentirás peor”.
. Leer. “Cuando leemos algo especialmente interesante o cautivador, el mundo y sus penas pasan a un segundo término”.
. Vivir en la cama. “El mayor placer es no levantarse y pasar todo el día en la cama. En ella se puede hacer todo lo que se puede hacer fuera de ella. ¡Y mucho mejor!
. Contemplación. La autora propone dejarse llevar viendo las estrellas, el mar, un cuadro, un paisaje...