La vida privada de las madres solas

Familia

Son más de un millón en nuestro país las que viven solas con sus hijos. Entre trabajo, casa y niños, algunas tienen grandes dificultades en encontrar un hueco para ellas y tener una vida sentimental plena.

Elle.es - 12-11-2009

Aunas les salió mal el matrimonio: otras decidieron asumir en solitario su maternidad; las hay que han perdido a sus maridos prematuramente... Todas tienen algo en común: forman parte de ese más de millón de madres que viven solas con sus hijos en nuestro país. Aunque la mitad de estas mujeres tiene entre 25 y 45 años, su vida no puede compararse a la de las solteras de su edad, que entran y salen cuando quieren, no limitadas por ninguna carga familiar. Ellas tienen que empezar desde cero a reorganizar el caos en que han quedado sus vidas después del final de la unión. De la noche a la mañana, pasan a ser cabeza de familia. Muchas han de buscar trabajo, adaptarse, por lo general, a una nueva economía familiar menos saneada; preocuparse de unos hijos, que suelen vivir con dificultad el haber perdido a uno de sus progenitores. Y, además, deben curar sus cicatrices del alma, divididas entre el temor a no poder superar la sensación de fracaso que las embarga y el deseo de consolidar la nueva independencia adquirida.

Abstinencia pasajera.

Una fase de soledad y pánico que Casilda, de 29 años, analista financiera y madre de un bebé de un año, vive con dificultad: “Me encierro en el círculo ‘casa-trabajo-bebé’. Por las noches llego reventada, sin haber visto a mi hija y sin ganas de juerga. Los fines de semana que Marta está con su padre, los aprovecho para dormir”. Síntomas que el psicólogo clínico Ángel Peralbo, especialista en parejas, considera normales tras una ruptura: “Aumentan las situaciones externas de estrés al no poder descargar ya en la pareja las responsabilidades a las que deben enfrentarse estas madres. Las consecuencias no se hacen esperar: síntomas de ansiedad, pensamientos de culpabilidad, de rabia y frustración. Es habitual en ellas la queja de que no tienen tiempo para dedicárselo a ellas mismas”.
La vida sentimental de estas mujeres pasa a un segundo plano. Como Sandra de 38 años y madre de dos niños de 5 y 8 años, muchas se sienten demasiado frágiles para atreverse a empezar una nueva relación, aunque esta soledad les permita, sin embargo, establecer y fijar sus verdaderas prioridades: “Las de reconstruirme y volver a tener confianza en mí. Tengo momentos de angustia por temor a quedarme sola. A veces salgo al cine o a cenar con un hombre, pero no voy más allá. Todavía no me siento preparada”.
“El instinto de supervivencia ayuda a salir adelante –explica Ángel Peralbo–. Lo ideal es que se aprenda, cuanto antes, a disminuir la presión que supone el nuevo estatus, rodeándose de gente querida y de actividades reforzantes para poder compensar lo negativo de las nuevas circunstancias. Esto va a suponer casi siempre forzarse algo al principio y mantener salidas, incluso al margen de la dinámica familiar, viviéndolo como un espacio personal y necesario”.

Rehacer su vida sentimental

Al principio, se puede hacer cuesta arriba, como le pasó a Ángela, de 34 años: “He intentado tener algunas aventuras. Demasiado complicado”. O a Celia, de 44 años, madre de un adolescente cuyo padre no da señales de vida: “Cada vez que un hombre se acercaba a mí, mi hijo se volvía muy agresivo. La tensión era tremenda”. Muchos hijos mantienen la esperanza de que sus padres vuelvan a estar juntos, por eso reaccionan mal frente al nuevo novio de la madre.
Ante el “te veo poco” de la nueva pareja y el “¿otra vez vuelves a salir?” de los hijos, Ángel Peralbo recomienda observar si esas quejas obedecen a manipulaciones más que a otra cosa, y aconseja no dejarse impresionar: “Aunque se disponga de poco tiempo, lo importante es cómo se viva éste. Centrarse en proporcionar calidad a los momentos que estén en compañía de los hijos, procurando transmitirles mensajes positivos que les den seguridad”, explica. Pero nunca ceder al chantaje de “él o yo” de los hijos. Como dice el psiquiatra Paulino Castells: “En asuntos de Cupido, los padres van primero, no los hijos”.