Soy desordenada, ¿qué puedo hacer?

Mejora personal

Nunca saben dónde están las cosas que necesitan. Tardan tiempo en encontrar las llaves, el otro par del zapato, esos papeles tan importantes... Viven en un mundo caótico y desorganizado en el que no les es fácil hallar lo que buscan.

Elle.es - 16-10-2009

Una de las ventajas de ser desordenado es que uno está continuamente haciendo nuevos y excitantes descubrimientos”. Así definía Thomas Middleton, dramaturgo inglés, el beneficio de ser desordenado. Sin embargo, esta actitud puede ser perjudicial si las consecuencias que conlleva son dificultar y retrasar nuestras tareas y obligaciones. Muchas de las personas que no consiguen ser ordenadas suelen achacar el problema a la falta de tiempo, a la vida tan ajetreada que llevan, a las horas de trabajo o a las prisas. Para Paloma Méndez de Miguel, psicóloga de Activa Psicología, “la mayoría de las veces, el desorden es una conducta aprendida. Muchas de nuestras conductas las aprendemos y las mantenemos por asociación. Además, estas personas suelen encontrar beneficios, aunque a corto plazo, como no tener que esforzarse o acabar antes una labor ya que el orden supone un mayor esfuerzo y consumo de tiempo”. No obstante, frente a esa supuesta rentabilidad del tiempo se contrapone otros inconvenientes que aparecen a largo plazo y que son fruto de dicha desorganización, como pueden ser la impuntualidad, la pérdida de eficiencia, el tiempo empleado en la búsqueda de elementos o la falta de entusiasmo.

Tipos de personas desordenadas

Hay algunas características de personalidad que se asocian más o menos a personas desordenadas. “Habitualmente, el desorden suele darse en seres poco perfeccionistas, que no necesitan tener el control del entorno. Aunque puede darse el caso contrario; esto es, personas muy perfeccionistas que no ordenan porque piensan que no disponen del tiempo necesario para hacerlo a la perfección. Sin embargo, suele ser más común el primer caso. También, se da en personas con escasas habilidades de resolución de problemas, falta de planificación o una mala gestión del tiempo”, señala Paloma Méndez. De todas formas, la psicóloga aclara que no se puede hablar tanto de tipos de personas como de grados de desorden o contextos de desorganización. En muchas ocasiones, los individuos son desordenados en un contexto específico, pero no en otros. “Existen personas que en el trabajo son muy organizados pero en casa son un desastre. También se da el caso de personas que tienen las cosas aparentemente desordenadas pero son capaces de encontrar cualquier cosa. A esto se le conoce como el ‘desorden ordenado’ o un orden no ortodoxo”, explica Méndez de Miguel.

Aprender a organizarse

Ya no se trata de una cuestión de estética, ni de agilizar nuestras actividades, ni siquiera de saber dónde encontrar lo que buscamos. La desorganización puede tener consecuencias negativas para nuestro bienestar. “El desorden puede aumentar el nivel de estrés, ya que éste se produce cuando las demandas del medio superan los recursos. Si no encuentras las cosas que necesitas puede producirse un goteo constante de estrés o de falta de motivación”, aclara Paloma Méndez. Por esta razón, es necesario un cambio de actitud que nos ayude a mantener una organización. Un cambio que no es fácil, pero que se puede lograr si se está dispuesto a realizar el esfuerzo que conlleva. “Es imprescindible marcarse objetivos concretos y sencillos. No se trata de dar un cambio radical, sino de ser perseverante. Por ejemplo, si algún día se deja algo tirado no hay que darse por vencido. Una buena forma de empezar es establecer pequeñas metas que siempre facilitarán la tarea y aumentarán la motivación”, concluye la psicóloga.

¿Qué se puede hacer?

El desorden puede llegar a afectar todas las facetas de nuestra vida. Por eso, debemos buscar soluciones a este problema.
. Encuentra el origen de la desorganización. Antes de ponerse “manos a la obra”, hay que descubrir las causas del desorden: falta de tiempo, pereza, cansancio..., y reforzar las motivaciones para llevar a cabo el cambio.
. Diseña un plan de acción. Elabora una lista de los lugares que quieres ordenar, identifica los objetos que sean más importantes para tenerlos localizados y desecha aquellos que sólo estorban.
. Crea un sistema de asociación. Archiva tus documentos o guarda tus pertenencias siguiendo un orden que sea lógico para ti. Por ejemplo: ten un archivador sólo para las facturas, otro para los papeles del banco, otro para los recibos...
. Ir paso a paso. Si el objetivo que te propones es demasiado alto, corres el riesgo de desistir de tu propósito nada más comenzar. Márcate pequeñas metas y date un premio si las consigues.