Nuestro adiós a José Luis Sampedro

En ELLE tuvimos el increíble privilegio de acercarnos un poco a José Luis Sampedro y aprender de él. Hace cuatro años, le acompañamos en su recién estrenada casa de Mijas junto a Olga Lucas, esposa, poeta, traductora y mano derecha desde hace una década. Y no se nos ocurre mejor homenaje que recordar todas las palabras, ideas y cariño que supo regalarnos junto al mar, que, como él decía, «siempre me impresionó el hecho de que, a diferencia de la tierra, el mar nunca envejece». Esta entrevista, llena de ese salitre sabio que deja la vida en quien se ha zambullido sin miedo en el oficio de ser hombre, también tiene mar de fondo.

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Tánger, Soria, Aranjuez, Madrid, Santander y Melilla. Entre estos grandes escenarios que le han marcado, ¿qué le da este rinconcito de la Costa del Sol?
Dos cosas fundamentales: serenidad y plenitud. Aquí me siento en paz con los demás, con el mar, con el universo y conmigo mismo. Ya no necesito nada más que a esa mujer que tengo enfrente.

Hábleme entonces del poder de este paisaje femenino en su vida.
Lo nuestro fue un golpe de suerte. Cuando la conocí me había pasado 13 años solo, desde que enviudé. Mi vida era muy vegetativa. Llevaba 40 años yendo a las termas Pallarés en Zaragoza a tomar las aguas para curarme el reumatismo. Ella también lo hacía, pero nunca habíamos coincidido. Un día nos encontramos a la hora de la cena, los dos solos, en el comedor vacío. Y ahí empezó un trato que acabó en lo que tenemos: una identificación total.
[Habla Olga, que a pesar de su saludable aspecto tiene una minusvalía invisible del 70%, está sentada escuchando con su sonrisa bondadosa a Sampedro: «El mejor regalo es un buen recuerdo. Y yo tengo muchos. Todavía está en mi memoria el día siguiente a conocernos, cuando nos citamos para tomar algo. Me puse una pamela porque una amiga me dijo que a él le gustaban las mujeres con tocado. Yo entonces tenía 49 años y estaba a punto de tirar la toalla. Ya sabía distinguir entre un acróbata sexual y una charla inteligente. Estaba muy nerviosa, profundamente conmovida porque en realidad todo había empezado una tarde, hacía muchos años, cuando le vi por primera vez en la tele y sentí que era el hombre de mi vida, y lo mantuve en mi mente como un amor imposible... Pero entonces pasa la vida y aparece el Sampedro, y te invita a tomar un té, y no te lo puedes creer. Lo primero que me dijo fue: “Gracias por el sombrero”. Desde el primer momento fui consciente de que la nuestra no era una historia de igualdad. Él tenía más capacidad intelectual, más repercusión pública y era anciano, pero te confieso que es la relación en la que más plena me he sentido de toda mi santa vida».]

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¿Y qué tiene que decir usted de esta declaración de Olga, señor Sampedro?
Que por ella he podido publicar mis últimos libros, desde Escribir es vivir hasta las charlas con Valentín Fuster en La ciencia y la vida.Que sin Olga yo no estaría aquí. Es como el palo de la yurta,la tienda de los mongoles, que si lo quitas todo se desmorona. Ella es la enfermera, la mujer, la amiga, la escritora. Ella lo es todo. Sé que voy durar poco, pero no me importa. Gracias a ella tengo un final de vida fabuloso.

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Todo a su tiempo, que acaban de mudarse... Dígame, usted que ha sido testigo de un siglo en múltiples parajes, ¿en qué lugar se ha sentido mejor?
Para vivir, me quedo con el Aranjuez de mi juventud, una mezcla de pueblo manchego y palacios del siglo XVIII. Pero el rincón en el que me he sentido más en comunión con todo lo que me rodeaba es la Caleta de Güimar, al norte de Tenerife... Era el rey del universo.

Quédese ahí... ¿desde ese oasis cómo ve las dunas del mundo actual?
Como algo insostenible. ¡El llamado desarrollo económico es insostenible! Piense usted sólo en una cosa: desde 1900 hasta el 2000 la población humana se ha multiplicado por tres. ¿Cree que la Tierra que nos alimenta ha multiplicado por tres sus recursos?

Al Gore, creador del movimiento Climate Project, asegura que, si seguimos así, en 35 años podría llegar el fin de nuestra civilización…
Podemos sacar petróleo del maíz, pero así destrozamos otras cosas. Es decir, se tapa un agujero abriendo otro. Mire, para dar el nivel de vida de España a toda la humanidad harían falta tres planetas Tierra y para tener el de Estados Unidos –ya no digo el de Escandinavia– harían falta seis. O sea que lo primero que tengo que decir es que este sistema de vida no se puede sostener.

¿Y lo segundo?
Que no sólo es insostenible sino que el capitalismo está agotado.

Su nuevo libro Economía humanista, algo más que cifras arranca con un artículo que escribió en el año 47 retratando una Europa bien distinta.
En el 1500 Europa era un volcán de iniciativas, la gente se embarcaba en cáscaras de nuez para ir a sitios desconocidos. Lo hacían los conquistadores, los misioneros, todo el mundo, y eso se irradió por todo el planeta. Y en el terreno intelectual los hombres y las mujeres se desprendían cada vez más de las restricciones teológicas de la Edad Media y amanecía el Humanismo, el Renacimiento, las ciencias, los descubrimientos, toda la época moderna.
El capitalismo que nacía entonces era una fuerza creadora, provocadora, favorable, estupenda, impulsiva. ¿Qué pasa ahora?

Díganoslo usted, por favor…
Pasa todo lo contrario. La gente vive con miedo. El país más fuerte del mundo que es Estados Unidos tiene a la población asustada. Las naciones ricas se repliegan y se defienden. Europa antes mandaba emigrantes a todas partes; hoy se cierra contra los bolivianos o subsaharianos que buscan comer. De modo que se ha pasado del afán por la libertad y la iniciativa al afán por la seguridad. Se protegen con guetos y recurren a algo tan anacrónico como el muro de China para levantar barreras en Palestina, en Melilla o en Estados Unidos. El capitalismo está agotado y entramos en otra era de transformación del ser humano, algo sin precedentes.

¿Por eso la crisis actual?
Vivimos un etapa de barbarie. La misma que vivió Roma cuando se desmoronó. El fin de un imperio.

¿Y qué entiende usted por barbarie?
La barbarie es el ataque a las instituciones básicas, a los valores humanos de una civilización. Muchos piensan que la barbarie es algo ignorante. ¡Qué va! Es algo muy inteligente. Los campos de concentración y los quemaderos de Hitler y Stalin son barbaries, muy inteligentemente hechas para sus fines, pero que han machacado todos los valores. El ataque de Bush contra Irak también es barbarie, porque no hay una justificación, sólo la ley de la selva, la del más fuerte, ya que el más débil no puede hacer un ataque preventivo porque lo brean. Pero el más fuerte dice: «Este hombre me molesta, pues me lo cargo». Y lo que nos hemos cargado es el derecho internacional que tantos siglos nos ha costado conquistar; las Naciones Unidas que, con todas sus deficiencias, representan un esfuerzo por lograr un gobierno mundial y, sobre todo, hemos acabado con el respeto a las personas.

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¿Gaza es otro campo de concentración?
Podrán decir que Hamás es un provocador y todo lo que quieran pero lo que hace Israel es un delito. Algo inhumano. Y lo hace simplemente porque es el más fuerte, y es el más fuerte porque está apoyado por Estados Unidos... Porque usted dígame: si en el mundo realmente gobernase un pueblo con una opinión pública que no estuviese mediatizada por los poderosos, ¿quién iba a votar a un señor que está imputado ante unos cuantos tribunales como Berlusconi?, ¿o quién iba a avalar la reelección de Bush después del fracaso de su gobierno? La democracia está falseada.

¿Queda alguna estructura sana?
La que funciona a toda velocidad es la cultura. Dentro de ella, la ciencia tendrá una influencia decisiva en el futuro. Visualice el porvenir. Lo único que sé es que vivimos una
transición hacia otra cosa... Puede que el futuro consista en tecnificar muchísimo al ser humano desde la sanidad. Si le ponen chips incorporados a su organismo, controlan sus genes y modifican su estructura se pueden hacer muchos cambios, incluso niveles distintos de humanidad, como los insectos.

Alfa, betas y gamas... Me recuerda las castas de humanos de las que habla Aldous Huxley en Un mundo feliz.
Piense en tratamientos genéticos especiales muy caros, pues los habrá para unos y para otros no. Eso generará diferencias como las está creando hoy Internet. Ahora ya media un abismo entre los que están dentro de la red informática y los que no, como sucede con la mayoría de la población mundial. ¿Qué pasará cuando la sanidad se introduzca en todo este universo?

¿Y qué me dice del mundo interior?
Es el mundo que más me interesa.

De hecho la física moderna cada vez se acerca más a la espiritualidad.
Sí. Cuanto más leo, más relaciono la física con puntos de vista taoístas y orientales. El mundo se compone de vacío y energía. Si usted extrae el aire de un recipiente, ¿qué queda dentro? Queda el vacío, pero el vacío no es la nada. Un jarro es un vacío ansioso de llenarse, dispuesto a llenarse, capaz de llenarse. Sólo conocemos el catorce por ciento del cosmos. Estamos entre los bacilos y los astros. La mente, y en ella el espíritu, es decisiva en la proyección de la energía que da vida al ser humano. La energía es lo que mueve el mundo.

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El amor también es energía...
Mi pedagogía siempre se ha reducido a dos palabras, amor y provocación. Hay que querer a las personas a las que uno se dirige, y yo quería a mis alumnos. Luego hay que provocar que el que nos escucha piense por su cuenta. Ahora bien, dentro de lo íntimo, para mí el amor es más que el sexo, porque se produce precisamente ahí: en el espíritu. Es decir, en el deseo, en ese encuentro entre dos personas... o tres o seis.

¿Cómo?
Espere a ver lo que pasa después de la barbarie... (risas). ¿No cree que puede amar a dos personas a la vez como pasa entre los hermanos? Yo creo que sí. No excluyo nada. La pornografía me interesa poco, pero la gastronomía amorosa me interesa mucho, incluso a mi edad hay platos muy suculentos. Sólo con mencionar la palabra ternura ya tiene usted un mundo entero.

¿Hay alguna pequeña cosa mundana que desde niño hasta ahora le haya proporcionado siempre placer?
(Se le ilumina la mirada). Sí, sí, sí... ¡Las patatas fritas! Son mi pasión.