Un castillo del XIX con interiores contemporáneos

Si tras esta fachada te esperas una vivienda clásica, nada que ver. La diseñadora Elisa de Bartillat ha llenado su château en Normandía de guiños contemporáneos.

Chateau en Normandía

Encontrar una joya cuando no la estás buscando es, sin duda, un golpe de suerte. Aunque, como en este caso, sea una joya que necesita pulirse mucho para volver a brillar en todo su esplendor. La diseñadora francesa Elisa de Bartillat, cofundadora de Serendipity, la firma infantil de moda y decoración, no buscaba una gran propiedad, tan sólo quería trasladarse al campo.

Cuando se topó con este castillo del XIX en plena Normandía, el edificio estaba en un estado de total abandono y era mucho más grande de lo que a ella le hubiese gustado, pero fue todo un flechazo y decidió tomárselo como un reto personal. Elisa se embarcó en la colosal tarea de restaurar por completo esta bella construcción, con la premisa de que mantuviese su encanto señorial, pero añadiendo un interiorismo contemporáneo con piezas de autor coloristas y divertidas. Los elementos donde residía el alma del château(fachada, estructura, suelos hidráulicos, parquet, boiseries, vidrieras...) se recuperaron con mimo y se buscó el contrapunto en butacas de diseño (de Patricia Urquiola, de Werner Platner...), obras de arte (Helmut Dorner, Desiré Doldron...), y todo tipo de muebles y complementos adquiridos en tiendas como Merci, Les Mille Feuilles o Caravane, y en mercadillos parisinos de lo más chic como el rastro de Saint Ouen y le marché de Paul-Bert. "Quería dar un toque más moderno a la casa. Si juzgan el petit château desde fuera, la gente pensará en algo mucho más clásico, pero luego, al entrar, les sorprenderá", cuenta Elisa.

"La decoración interior es una mezcla de piezas italianas y otras más contemporáneas. Pensé que era importante aportar algo de contraste, con mobiliario y detalles modernos, para no hacer que la casa pareciese un museo", añade. Elisa disfrutó recorriendo con calma los mercadillos de París y también algunos de la región de Normandía, buscando pequeños tesoros que incorporar a su wish list. "Encontré muchas piezas preciosas muy fieles al estilo que buscaba: sofás, pinturas, espejos, mesas, lámparas... Todo fue ideal para esta nueva casa y también, gracias a las dimensiones interiores, pude aportarle muchas cosas, así que estaba encantada", comparte. Una vez que había renovado la planta baja, con la cocina, el comedor, el hall, un baño... llegó el turno de la primera planta donde hay seis dormitorios. Todos los espacios tienen estilos muy diferentes, solo unificados por la originalidad Bartillat y su esencia personal: "lograr ambientes interesantes no tiene nada que ver con el dinero que gastas en decorar sino con la habilidad de tener un toque singular para poner objetos únicos e incluso divertidos". Elisa dedicó casi dos años a renovar todos los ambientes de este château hasta conseguir una vivienda irrepetible: "fue una tarea intensa, pero gratificante, y gané en calidad de vida". Y así Elisa logró su sueño de trasladarse a vivir en plena naturaleza para disfrutar a diario de espacios verdes al aire libre. "A mí me ocurre lo contrario que a los demás, voy algunos fines de semana a París si quiero un poco más de ruido y ver escaparates. Cuando todo el mundo viene al campo, yo voy a la ciudad, ¡me encanta la ecuación!"

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Fachada de corte clásico

Si tras esta fachada se espera una vivienda clásica, nada que ver. La diseñadora Elisa de Bartillat ha llenado su château en Normandía de guiños contemporáneos.

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Juego de contrastes

Las mismas boiseries del salón se mantienen en el estudio, pero esta vez en tono natural, lo que aporta un toque de elegancia y sofisticación al espacio. El contrapunto moderno lo ponen el escritorio con sobre de cristal, de Julie Prisca, así como las  butacas, diseño de Werner Platner para Knoll, y los pufs que se adquirieron en Caravane.

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Sube enteros

Para la escalera se escogió un papel pintado de Jane Churchill, con print de flores. La silla y la banqueta son del mercado parisino de Paul-Bert y la fotografía es obra de Desiré Doldron.

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Entre dos épocas

Para acercar el pasado al presente, las boiseries neogóticas de las paredes se pintaron en blanco y se apostó por mobiliario contemporáneo. Los cuadros sobre la chimenea son de Helmut Dorner; las lámparas de gasa se adquirieron en Merci, al igual que las sillas; la mesa de mármol es un diseño de la propietaria; los platos con caras que recorren el zócalo son de la tienda parisina Les Mille Feuilles, y los tejidos de los cojines, de Pierre Frey.

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El toque personal

Fiel a su máxima "las casas tienen que hablar del propietario y no del decorador", Elisa combina épocas y estilos. Un ejemplo: este colorista aplique años 60 encontrado en Le marché aux puces de Saint Ouen, en París, junto a las boiseries neogóticas.

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Piedras preciosas

El gusto de Elisa de Bartillat por las piezas exquisitas es evidente en cada ambiente. En el salón, sobre la mesa de mármol diseñada por ella misma, se exhiben unas copas y un florero de opalina en blanco adquiridos en la tienda Les Mille Feuilles.

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Detalles de altura

Los materiales nobles son una constante en el château, como la mesa de granito pulido de la zona de desayuno o las vidrieras originales de las puertas, restauradas por un artesano local.

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Tradición reinterpretada

La cocina se reformó por completo, para que resultase más funcional, pero sin perder personalidad.

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Encimera de granito

Se respetó el suelo original y los nichos de las paredes y se apostó por un mobiliario de aire clásico, diseñado por Elisa con ayuda de un carpintero, pero con mucha fuerza, gracias al tono rojo en contraste con el negro del granito de la encimera.

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Descanso vigilado

En el dormitorio principal, el eclecticismo del resto de la casa se representa en los detalles. El curioso ganso de la pared y la lámpara con triple pantalla del techo se adquirieron en la tienda Les Mille Feuilles, y la cómoda taraceada, en un mercadillo de Normandía. Los cojines son de Jane Churchill.

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