Hotel Los Enamorados ¡Check in love!

En la bahía de Portinatx, al norte de la isla de Ibiza, existe un lugar mágico donde el tiempo se detiene y la vida se disfruta. Se llama Los Enamorados y es un pequeño hotel donde se atesoran recuerdos: los que proporciona su especial decoración... y los que crearán sus huéspedes.

hotel los enamorados

Resulta muy difícil resistirse al hechizo del amor cuando uno se aloja aquí. Amor por el acompañante elegido, amor por el impresionante paisaje, amor por la serenidad que lo impregna todo, amor por este coqueto hotel boutique... Quienes nos trasladan a este estado de sentimientos apasionados son Rozemarijn de Witte y Pierre Travesier, una pareja que ha cumplido su sueño de abrir un hotel muy personal. Ella, holandesa, trabajó muchos años como redactora jefe de revistas de lifestyle y continúa llevando a cabo proyectos como asesora editorial. Él, originario de Martinica, es un ex jugador profesional de basket y ávido coleccionista que comenzó atesorando pines y zapatillas deportivas y ahora acumula alfombras, hamacas, lámparas... "Creo que soy el único hombre en el mundo que adora tanto ir de tiendas. Recorrer los mercadillos es mágico; cada vez es una nueva historia y un hallazgo. Cuando compro un jarrón podría estar hablando durante 45 minutos y cuando estoy en Marrakech, no me iría", confiesa Pierre.

Hacían falta dos coleccionistas compulsivos para personalizar un hotel con tantos hallazgos eclécticos. ¿Su regla? "Siempre elegimos entre los dos y compramos por todo el mundo: en Japón, África, Francia, Holanda, Italia y, por supuesto, España", nos cuentan a dúo, "salimos de viaje siempre con una maleta de 23 kg e inevitablemente volvemos con 75 kg cada uno". Con una energía formidable llevaron a cabo el proyecto de convertir un antiguo hostal en un hotel único, conservando prácticamente intacta la estructura pero transformando el interior en un lugar mágico gracias a todos los tesoros deco. Cada habitación y cada baño tienen su propia identidad a partir de una mezcla de muebles de diseño, objetos insólitos, arte étnico... y, sobre todo, de un uso atrevido de los colores. Quien quede prendado de alguna pieza está de enhorabuena pues todo se encuentra a la venta. ¿Un plus? Además de descansar, soñar, comprar... en Los Enamorados también se da gusto al paladar a través de los exquisitos platos del chef Alberto Pacheco.
Y es que en casa de Rozemarijn y Pierre todo está diseñado para el disfrute de los sentidos.

www.losenamoradosibiza.com

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Con el mar a sus pies.

La terraza de Los Enamorados es un lugar privilegiado para rendirse al relax. Se diseñó con una barandilla de madera de sabina, tumbonas XXL
adquiridas en Ibiza, pufs trenzados y grandes sombrillas de esparto
realizados a la medida en Marrakech.

Pierre Traversier y Rozemarijn de Witte

Los propietarios del hotel boutique Los Enamorados posan en la terraza, sobre un mueble en vibrante naranja del diseñador Piet Hein Eek. Decorando la pared han colocado dos de los caprichos que encuentran en sus viajes: antiguos rótulos de estancos franceses adquiridos en un mercadillo holandés. 


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Las apariencias engañan.

El hotel ha conservado intacta la arquitectura de los años 60 de un antiguo hostal, construido sobre los cobertizos para barcas pertenecientes generación tras generación a las familias de pescadores. En contraste, en la terraza y el interior, el estilo cambia radicalmente.

Bienvenidos al paraíso

A Los Enamorados se accede por una gran puerta traída de Marruecos. Para el suelo, se utilizaron losetas de barro cocido y de cantos rodados cortadas en círculos de diferente diámetro y combinadas con rodajas de troncos.

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Pura sencillez.

Un antiguo hangar de botes, al final de la terraza, es ahora la oficina de Pierre y Rozemarijn.

Pequeños tesoros

En cada rincón se descubre ese aire de brocante, seña general del hotel. En una
de las terrazas se agrupan una mesa antigua, unas sillas vintage, varias damajuanas de vidrio y un falso cáctus de hierro pintado procedente de Senegal.

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Ecos del pasado.

En el interior del hotel, tan solo la escalera y su barandilla, de 1964, se han conservado intactas. En este hall, la sobriedad del terrazo y las paredes de cemento se rompe con los colores de la vidriera de la ventana.

Escultura de calor

La zona de tertulia parece un salón donde se han reunido, en torno a una chimenea Focus, un sofa Togo, de Michel Ducaroy para Ligne Roset; un puf Rasta, de Arcade; una alfombra marroquí; una lámpara, de Tom Dixon...

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Zona de caprichos.

Las estanterías muestran piezas a la venta: vajillas marroquís y japonesas; mantelerías de Harmony; detalles de Tom Dixon y jarrones de Jonathan Adler. Encima de la mesa, de Piet Hein Eek, lámpara años 70 y escultura de nasas de pesca del artista Korakot.

Aires del trópico.

Un rincón con sillas de Gubi, tapizadas con tejidos de Pierre Frey, y sobre la mesa de bambú y mármol, una piña tricotada de la creadora Anne-Claire Petit. 

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