Las cosas de palacio...

En Lombardía, un palazzo del siglo XVI ha sido recuperado para atesorar la colección de obras contemporáneas del arquitecto Massimo Ghisi y Vanna Bernardelli. En él viven y trabajan rodeados de su pasión

palazzo del siglo XVI

Mezclar trabajo y placer no tiene por qué ser una mala idea. En ocasiones, puede resultar, incluso, muy beneficioso. Así lo demuestra la pareja formada por Massimo Ghisi y Vanna Bernardelli en su hogar, una residencia noble de la segunda mitad del siglo XVI situada en pleno centro de la ciudad lombarda de Mantua, en el norte de Italia, que la pareja ha recuperado con diligencia y autenticidad, para transformar en su residencia permanente y para alojar la sede de su proyecto, Disegno, compuesto por un estudio de arquitectura y por una galería de arte contemporáneo en la que exponen las piezas que han ido atesorando durante toda su vida. Fue el propio Massimo, junto a su equipo, expertos en la restauración de lugares con historia, quien se encargó de devolver el esplendor del pasado y la estructura primigenia al palazzo Beccaguti Cavriani, nombre con que se conoce a este edificio tan emblemático, que fue bautizado así por la familia de marqueses que lo mandó erigir hace ya más de cuatro siglos y medio.

La rehabilitación perseguía dos claros objetivos. Por un lado, planteaba recuperar la arquitectura original de la construcción, eliminando todos los añadidos que sus anteriores propietarios perpetraron a lo largo de su historia. Así, se volvieron a abrir los arcos del patio principal, que habían sido tapiados, se derribaron los muros que fueron levantados con posterioridad, para sostener bóvedas y escaleras y que rompían con la simetría clásica y se limpiaron y pulieron piedras y maderas de sus paredes y suelos, para recuperar el aspecto que tenían cuando se colocaron allí por primera vez. La otra meta a lograr era adaptarla a los nuevos usos y actualizar los espacios a las comodidades actuales, teniendo siempre en mente como premisa estética la del menos es más, seña de identidad de todos los proyectos que firma el arquitecto. "Buscábamos respetar la historia del palacio, no repetirla", explican desde Disegno. Para albergar la nueva galería de arte y la oficina de arquitectura, era necesario aprovechar al máximo la luz natural. El estudio quiso dar más luminosidad a sus interiores, con paredes pintadas de blanco, suelos cubiertos con mármol de ese mismo color y ventanas anchas.

Este telón de fondo lleno de luz, tan palaciego como minimalista, era perfecto para exponer la colección de obras de arte contemporáneo que el matrimonio ha ido reuniendo durante tres décadas, nutrida por sus hallazgos en ferias como la Bienal de Venecia, Art Basel, Artissima de Torino o ARCO Madrid. A la hora de poner el ojo en una nueva adquisición, no tienen en cuenta si el nombre de su autor es conocido, sino el rigor y originalidad de la pieza en sí y el lenguaje que emplea, teniendo predilección por el abstracto más reciente, como las instalaciones de cristal o de tubos fluorescentes, las esculturas de madera y papel, las obras realizadas con materiales biodegradables o las pinturas monocromáticas y realizadas con spray. Su colección puede verse expuesta en los espacios de su galería y en su hogar, conviviendo con discretos iconos del diseño del siglo XX firmados por Le Corbusier, Arne Jacobsen o Mies van der Rohe y muebles creados por el estudio Disegno. "Para nosotros el arte es una presencia imprescindible en el día a día", afirma Massimo, y añade, "nuestra actividad se caracteriza por la interacción entre la arquitectura, el diseño y el arte". Su propia casa da fe de ello. www.galleriadisegno.it

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Gran formato

El patio del palazzo acoge una instalación del artista japonés Hiromi Masuda realizada con cristales de Murano. Los arquitectos reabrieron los arcos originales de la construcción , que habían sido tapiados por propietarios posteriores.

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Técnica mixta

Uno de los espacios expositivos de la galería , con  paredes blancas y suelos de piedra, en el que conviven obras de Andreas Bee con sillones LC3, de Le Corbusier, y sillas Brno, de Mies van  der Rohe para Knoll. En la pared, escultura  de hierro y cristal, de Eduard Habicher.

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Naturaleza viva

Vista del jardín desde la entrada de la casa, con la obra de Hiromi Masuda en primer plano. La vegetación existente se respetó y se completó con especies como el bambú, para crear un "oasis de paz oculto en medio de la ciudad", explican los propietarios.

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El comedor, presidido por una obra de Marco Gastini. Las sillas son el modelo Swan, de Arne Jacobsen, editadas por Fritz Hansen, y la mesa es diseño del estudio. Su sobre de superficie espejada, inspirado en los frescos de La Cámara de los Esposos, del Palacio Ducal de Mantua, realizados por Andrea Mantegna, permite apreciar el techo pintado.

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Retiro artístico

La casa cuenta con un frondoso jardín con especies que alcanzan los quince metros en una de sus fachadas y un patio en la parte trasera.

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De cara a la galería

Otra perspectiva del salón, con Play the glass, de Hiromi Masuda, en la pared. Muestra colectiva.

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Diseño povera

En el salón principal, tres sofás modelo Mantilla, de Kazuhide Takahama para Paradiso terrestre, delimitan la zona de estar. La silla-escultura de la derecha es el trono de bronce Margarita, de Roberto Matta y, sobre la pared de la izquierda, obra Passamaneria de la artista italiana Paola Pezzi. Al fondo, el comedor.

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Retiro artístico

La habitación de invitados, de un estilo casi monacal en el que destaca la lámpara modelo Cadma, de Carlo Mollino.

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Retrato ecuestre

En el dormitorio principal, un balancín en forma de caballo distribuido por De Padova a principios de la década de los 80. Los suelos de las zonas más íntimas se han cubierto con una madera de palisandro indio.

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Paisaje exterior

Vistas del centro de la ciudad de Mantua desde la piscina de la propiedad. El estudio Disegno también se encargó de adaptar el jardín a la estética del edificio y de los alrededores.

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