En tendencia: Paredes con brillo

Las paredes lacadas, que conquistaron a interioristas míticos de los años 60, resurgen aportando un plus de sofisticación a las nuevas decoraciones.

Paredes lacadas

El día que David Hicks pintó las paredes de su salón londinense del color y brillo amarronado de la coca-cola, algo cambió en el modo en que sus contemporáneos tenían de ver la decoración. Aquéllas paredes espejadas causaron desconcierto y fascinación en un público moderno ansioso de dar a sus casas un toque de glamour contemporáneo. No cuadraba vivir escuchando a los Rolling Stones, cortándose el pelo en Vidal Sassoon y comprando la ropa en la boutique de Mary Quant, mientras el interior de su casa era una réplica del siglo anterior. Al fin y al cabo, si una se calzaba una botas altas de charol podía también darle un toque similar a la pared de su cuarto de baño. Así lo tenía el escultor Miguel Berrocal en su casa-palacio de Verona, a donde me arrastró la diseñadora Paloma Canivet en otro milenio y donde compartimos un cuarto de baño rojo de aspecto charol, muy a tono con muchos de los muebles de aquel increíble salón palaciego donde se acumulaban muebles de Joe Colombo y otros maestros de los setenta.

En realidad, las paredes lacadas con brillo refulgente no eran cosa nueva, pero su impacto nunca antes había sido tan extendido. Ya en el siglo XVIII, por influencia oriental, los hermanos Martin decoraron habitaciones en Versalles con su técnica de laca llamada "vernis Martin" que el mismísimo Voltaire elogió, pero no debía ser nada fácil conseguir que las lustrosas paredes lacadas no se craquelasen, de modo que aunque la moda de lacar muebles y objetos siguió vigente -sobre todo en los años del movimiento art deco-, no volvimos a ver paredes lacadas hasta los años cuarenta con el trabajo de la Maison Jansen en París. De ella se conserva un increíble apartamento parisino con las paredes del salón lacadas en un llamativo tono de verde sin precedentes. Una interpretación de lo lujoso que admitía una dosis de excentricidad.

Al tiempo que David Hicks experimentaba con el brillo de la laca en el Londres de los sesenta, en París estaba trabajando Michel Boyer, decorador favorito de los Rothschild, que se distinguió por ese gusto capaz de conservar aspectos tradicionales y ponerlos del revés, añadiendo paredes e incluso techos en laca brillante que él acompañaba de muebles y objetos de aluminio u otros metales cromados. Su apartamento parisino daba a la Place des Victoires y de noche, dicen que la luz del exterior aportaba infinidad de reflejos en aquellas paredes lacadas en rojo. Al otro lado del Atlántico también los norteamericanos habían entrado al trapo de los lacados capitaneados por el gran Billy Baldwin, que también pintó su salón de Manhattan de un marrón brillante. De su mano es asimismo la biblioteca de Cole Porter en el Waldorf, realizada en caoba, latón y laca, que ha servido de fuente de inspiración a innumerables estancias como la que hizo Albert Hadley para la filántropa Brooke Astor, en laca color sangre de buey.

Y como suele ocurrir, las paredes lacadas desaparecieron una vez más por un tiempo hasta que ahora vuelven a estar presentes. Luis Bustamante siempre ha tenido debilidad por ellas. A él le gusta contrastarlas con otras paredes muy "secas", de fieltro, por ejemplo, ese juego del brillo/mate le parece que tiene mucho interés. Además, Bustamante habla de la limpieza y pureza que aporta la laca, de cómo favorece a los colores planos a los que aporta intensidad y profundidad. Él es partidario de usarlo en colores intensos en habitaciones que se visitan por cortos periodos de tiempo, como un comedor o un cuarto de baño. Y en los pasillos, ¡porque los ensancha! A su última casa se entra a través de una biblioteca lacada en negro en paredes y techo, esto último hace que las hileras de libros tengan un efecto infinito. El drama está servido. •

Publicidad

Paisaje interior

Paredes lacadas en negro, con perfiles de latón dorado que aportan luz, presiden este rincón de lectura junto a la biblioteca en la casa del interiorista Luis Bustamante.

Publicidad

Brillante sobriedad

La interiorista Magdalena Aguilar apostó por un tono muy oscuro, casi negro, para teñir la tarima del sueloy laca color chocolate, para revestir las paredes del salón de este apartamento madrileño de aire masculino. El contrapunto lo pone el intenso naranja en la butaca y la banqueta. Un juego de contrastes con un resultado de alto nivel.

Estilismo: Eugenia V. Cienfuegos. Foto: P. Zuloaga / I. Sentmenat.

Publicidad

La fuerza del rojo

Los proyectos del interiorista Luis Bustamante son un magistral ejemplo del resurgir de las paredes lacadas, para crear ambientes sofisticados, elegantes y con gran potencia visual, como este comedor en una vivienda de Las Lomas, Ciudad de México, que se recoge en su último libro "Otra Mirada" (editado por This Side Up).  Refinamiento de alto impacto.

Foto: Ricardo Labougle.

Publicidad

Elegancia en púrpura

La laca morada imprime el toque de distinción en la biblioteca de este apartamento en Manhattan, diseñado por Timothy Haynes y Kevin Roberts, con arquitectura de Oscar Shamamian. ¿Las clave decorativa? El mix de estilos con chimenea del s. XVIII y piezas singulares como la mesa custom-made, de Mattia Bonetti, y las butacas, de Jean Royère. It's great!

Publicidad

Glossy green

En este salón, las paredes brillan con el tono Very Green, de Benjamin Moore. El responsable es el interiorista Miles Redd, que creó un relajado refugio de fin de semana en Southampton para Erika Bearman, antigua directora de comunicación en Oscar de la Renta. Se propusó una decoración actual y joven con un sofá de Dune y un taburete-mesita, de Treillage.

Estilismo: Robert Rufino. Foto: William Waldron.

More from Elle: