Una casa made in France

Entramos en la preciosa vivienda de una estilista de moda.

Una casa en Francia

Si pensabas que todo el mundo se muere por vivir en París, te sorprenderá saber que hay quien toma la carretera en dirección contraria. Así lo hizo la estilista de moda infantil Anne Millet, quien cambió una vida trepidante en la Ciudad de la Luz por otra en la apacible Clisson, una encantadora villa medieval cercana a Nantes, en la costa oeste de Francia. Este lugar ¡de cuento! le pareció ideal para construir con Yorick, su marido holandés, su particular nido, al que después llegarían, Reina y Niels.

Estilista, blogger (mymobilhome.blogspot.com) y fotógrafa, Anne es una virtuosa a la hora de elegir las piezas justas para componer espacios bellos. Y ha conseguido hacer de esta casa, construida en 1890 y abandonada durante años por sus antiguos propietarios, un espacio desbordante de color y alegría, a la medida de sus hijos, plasmando en él todas sus ideas y hallazgos. Por profesión y afición, es una viajera empedernida y una fan de los años 50. Adora rescatar tesoros y piezas vintage de anticuarios y mercadillos en diversos puntos del globo. En esta casa se rodea de todos los que la hacen sentirse feliz a ella y a su familia. 
Un aire bohemio y travieso se respira en rincones llenos de sorpresas: Anne ha puesto 
salvamanteles de ganchillo como lámparas, pañuelos y cometas en la pared a modo de 
cuadros, se ha atrevido a pintar de amarillo rabioso la encimera de su escritorio comprado en un anticuario; en el salón, ha puesto en el suelo una colchoneta enfundada en telas 
de Bangkok, y ha convertido el dormitorio de su hija en la “cabaña privada” más divertida. 

Probablemente el “síndrome del nido” habrá tenido que ver, el caso es que Anne hizo las dos reformas durante sus embarazos. La primera, hace seis años, cuando esperaba a Reina; 
y la segunda, cuando esperaba a Niels. En la primera reforma, y con la ayuda de artesanos locales, Anne cambió de arriba abajo el diseño y el tamaño de las habitaciones, eliminó tabiques para abrir espacios, instaló baños en la planta superior, pintó paredes y techos... En la segunda remodelación abrió la casa al exterior, ampliando el salón hacia el jardín, con cristaleras que atraen la luz. Una genialidad fue la creación de una habitación extra sobre el garaje, destinada al cuarto de juego de los niños y a la vez dormitorio-cabaña de Reina. 
Y lo mejor: sus cristaleras que permiten disfrutar de los árboles que rodean toda la casa.

“Adoro combinar piezas de los años 50 con artesanías del extranjero y modificar los interiores constantemente. Las paredes cambian de color y los sofás se visten con 
mezclas de telas en una permanente experimentación de tonos y texturas”, confiesa Anne. En esta casa se respira libertad por los cuatro costados: aquí, lo áspero se mezcla con lo terso, lo suave con lo tosco, lo viejo con lo nuevo... El glamour dialoga con la informalidad; y los juguetes de los niños conviven con muebles u objetos venidos de la India, Tailandia, Marruecos o comprados en rastrillos europeos. ¡Charme en estado puro!

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El porche

Vestido con unas alegres colchonetas y varios 
cojines. La estilista y blogger es también una gran cocinera, que no duda en preparar deliciosas meriendas como esta increíble tarta  de fresa. ¡Mmmm!

Un look bohemio

Gracias a inspirados mix: alegres telas originales de Bangkok en el sofá, de Red Edition, una silla de jardín años 50 descubierta en un mercadillo... 
El suelo de resina revestida de cemento 
se viste con una estera de color blanco.

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Un aire hippy chic

Se respira nada más entrar. 
El recibidor conecta con el despacho de Anne 
y con el estar, donde se ha organizado otra zona de trabajo. La silla de mimbre es de un anticuario y la alfombra de una tienda en Bangkok.

Lleno de charme

El despacho de Anne tiene como protagonistas a las telas años 50 de la pared, de la tienda Au petit bonheur la chance y del mercadillo parisino Aligre. En la escalera, una colección de la ONG Traperos de Emaús. Las baldosas son todas originales.

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Alegre

Un toque rompedor es el Azul Aqua de la pared del comedor. En este tono se pintó la mesa de teca del mercadillo Cholet de la India. Este color contrasta con las sillas tipo spaghetti amarillas que Anne descubrió en un 
mercadillo de Nantes. Un pasaplatos conecta
comedor y cocina. 
Las baldosas son casi el único elemento 
original de la casa.

Bicolor

El juego azul-amarillo del comedor sigue en la cocina. Las sillas son de un mercadillo de Nantes. Anne pintó en dos colores las puertas bajo el fregadero y customizó los 
armarios blancos, de Ikea, con números como tiradores. Lámpara industrial de Jieldé.

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Joyas de mercadillo

Una colección de pañuelos hallados en mercadillos se exhibe en la pared, al igual que la 
cometa tailandesa.

Los reyes de la casa

Con sombreros y tumbados sobre un mullido banco de abedul, en su cuarto de juegos, Reina y Niels 
reponen fuerzas para seguir jugando. Debajo, maletas antiguas, guardan sus “tesoros”.

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En el reino de Reina

La cabaña-tienda-palacio... 
lo que se tercie, alberga su cama y hace 
posible infinitos mundos llenos de fantasía. Un dosel, una alfombra marroquí, banderolas dignas de una princesa, una rayuela pintada en el suelo prometen diversión constante.

Rumbo a la diversión

Un par de alfombrillas que Anne se trajo de Grecia conducen al cuarto de juegos-dormitorio de Reina.