Exclusiva: Los escándalos del Elíseo

Desvelamos el libro de Valérie Trierweiler, ex pareja de François Hollande, que se publica en España el 21 de octubre.

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“Después de tres meses de nuestra separación François me asegura que se ha equivocado, que perdió el norte, que sólo me quiere a mi, que ve muy poco a Juliet Gayet”. Ésta, y otras sorprendentes revelaciones, son algunas a las que ELLE ha tenido acceso con anterioridad a la publicación oficial del libro“Gracias por este momento”, en el que Valerie Trieweiler “se venga” del presidente francés Francois Hollande, quien le fue infiel con la actriz Julie Gayet. El libro llegará en su versión española el 21 de Octubre, publicado por la editorial Maeva.

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“Gracias por este momento” llega precedido por la polémica en Francia, donde se acusó a su autora de sacar a la luz, no sólo secretos de alcoba, sino también de Estado. Con más de 700.000 ejemplares vendidos en el primer mes, se ha convertido en el de éxito más rápido en la historia de Francia.

Estos son algunos de los fragmentos a los que ELLE ha tenido acceso:

Las súplicas de François Hollande:
François Hollande es un político, maneja el lenguaje. Llevaba esa respuesta preparada. Sus palabras me destrozan. Hace tres meses de nuestra separación, y él me ha suplicado en varias ocasiones que retomemos nuestra historia y nuestra vida en común. Quiso verme, y yo acepté. Me propuso que fuéramos a cenar a un restaurante que nos gustaba a los dos, y yo le dije que sí.

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Después de tres meses, me asegura que se ha equivocado, que perdió el norte, insiste en que solo me quiere a mí, que ve muy poco a Julie Gayet. Quince días después del comunicado a France Presse, me decía que se arrepentía de la separación. Cuatro días más tarde, me proponía que nos viéramos. Me manda flores constantemente, incluso cuando yo estoy de viaje. Me hace declaraciones apasionadas. Y a veces no puedo evitar que me afecten. El resurgimiento repentino de su amor me inquietó. La puerta estaba entreabierta, y en algunos momentos sentía la tentación de ceder y entrar. Pero se volvió a cerrar enseguida. He recuperado mi libertad, y eso me gusta. Además, no puedo perdonarlo. La ruptura fue demasiado brutal.

Las palabras que acaba de pronunciar en la radio, llenas de mentiras y confesiones disimuladas, unas palabras que no expresaban ni una pizca de arrepentimiento, reavivan el dolor. François quiere recuperarme, pero por culpa de su orgullo no es capaz de insinuar el menor remordimiento. El menor principio de disculpa pública. Me lo había prometido. Siempre le costó pronunciar mi nombre ante los demás. ¿«Dignamente», ha dicho? ¿Dignas, las fotografías de un presidente de paquete en una motocicleta que no se sacaba el casco hasta entrar en el portal para que no lo reconocieran?

Impresionada por Michelle Obama:
Michelle Obama es la persona que más me ha impresionado en el curso de estos últimos años. De entrada, físicamente. A pesar de mis altísimos tacones, me saca una cabeza. ¡En cuanto a savoir faire, no le llego ni a la altura del zapato! Es alta, bella y mucho más fina de lo que reflejan las imágenes. Posee carisma, es algo palpable. Proyecta un aura imponente. Despliega sus largos brazos como alas de cisne.

Michelle Obama interpreta el papel de la perfecta anfitriona y nos invita a visitar la Casa Blanca antes de pasar a la mesa. Me hablo interiormente para tomar conciencia de dónde me encuentro. Me repito que no debo perder ni un segundo de esos momentos que me ofrece el destino. La first lady se ha informado sobre cada una de nosotras. Cambiamos impresiones brevemente a propósito de mis proyectos con la fundación Danielle Mitterrand. En mi inglés deficiente, la interrogo sobre su programa contra la obesidad. Me confiesa que necesitó un año tras las elecciones para adaptarse a ese papel tan especial de primera dama. Todo el mundo ha olvidado que al principio hizo unas declaraciones escandalosas sobre su marido y sus calcetines sucios, que fueron mal vistas por los americanos, a quienes les ha costado acostumbrarse a la primera pareja negra en la Casa Blanca.

Como buena profesional, Michelle Obama concede el mismo tiempo de charla a cada primera dama. La conversación es bastante trivial. La observo. Me interrogo sobre ella, tan perfecta y tan impenetrable en realidad. ¿Le agrada recibirnos, o bien interpreta un papel escrito de antemano, en el que no se permite la menor improvisación?

De Primera Dama... a Primera Novia
Al día siguiente vuelvo a encontrarme con Michelle Obama en Chicago. Esa mañana he descubierto en internet que ahora tengo derecho al mote de first girlfriend: un periódico americano ha utilizado esa expresión, y toda la prensa francesa disfruta de lo lindo con ella. Hago una mueca. Tengo la impresión de haber superado la edad de ser la novia de nadie, tras siete años de vida en común, pero así es el juego mediático.

Criticando a los ministros
Unos días después de las elecciones, vuelo junto con el presidente en dirección a Washington. Al subir al avión presidencial, descubro lo que la prensa ha llamado «Air Sarkozy»: un amplio dormitorio, un cuarto de baño, un despacho para el presidente y una sala de reuniones o comedor. Once personas a la mesa. Casi siempre los ministros, el jefe del Estado Mayor y el consejero diplomático. Dos hombres de gran valía. Exceptuando a Laurent Fabius, no es preciso ser un experto para comprender que la mayor parte de los nuevos ministros que forman el Gobierno no dan la talla.