¡Como una reina!

No es necesario irse demasiado lejos para descubrir arquitecturas asombrosas: estos son los seis palacios más increíbles del continente europeo.

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Palacio Nacional da Pena (Sintra, Portugal)

Muy cerca de Lisboa se sitúa este edificio de aspecto ecléctico, que fascinó al mismísimo Lord Byron. Se asienta en lo alto de una colina y su principal atractivo es su singular arquitectura, que mezcla estilo gótico, islámico, renacentista... Como recién salido de Las Mil y Una Noches. Para llegar hasta él tendrás que subir la colina, pero tanto el edificio como las vistas merecen la pena. Reserva un rato para perderte por sus jardines.

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Palacio de Diocleciano (Split, Croacia)

En la ciudad de Split (Croacia) se encuentra este edificio que en otro tiempo fue palacio y hoy es nada más y nada menos que todo el centro histórico de la ciudad. ¿Cómo? En el siglo IV, el emperador Diocleciano decidió construirse un palacio en su tierra natal, Spalato, lo que hoy conocemos como Split. Dos siglos después, el palacio se encontraba deshabitado hasta que las invasiones eslavas llevaron a muchos ciudadanos a refugiarse en su interior. Poco a poco, las casas y comercios fueron surgiendo en la zona de intramuros. Hoy en día, las antiguas dependencias del palacio se funden con casas, tiendas, restaurantes...

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Palacio Topkapi (Estambul, Turquía)

Antiguo centro administrativo del Imperio Otomano, este hoy museo permite conocer con todo lujo de detalle la era imperial turca. Tómate tu tiempo para deambular entre su lujosa arquitectura y jardines, sin perderte las vistas del mar sobre las terrazas del edificio. El harén del palacio es de obligada visita, aunque su entrada se paga aparte y los horarios difieren de los del edificio principal.

Palacio del Parlamento (Bucarest, Rumanía)

Esta descomunal construcción recibía el nombre de Palacio del Pueblo durante la época del dictador Ceaucescu. Está considerado como el edificio civil más grande del mundo, además del más caro y pesado. Ocupa un total de 340.000 metros cuadrados y para su construcción fue necesario el derribo de doce iglesias, dos sinagogas, tres monasterios y más de 7.000 casas. A la muerte del dictador en 1989, se barajaron distintas posibilidades para aprovechar esta gigantesca mole de mármol, desde convertirlo en casino hasta enterrarlo formando un símbolo en contra de las dictaduras. Finalmente, se decidió que albergara las dos cámaras del Parlamento rumano, dos museos y un espacio para conferencias. Además, muchas de sus 1.100 habitaciones pueden alquilarse para celebrar todo tipo de eventos.

Palacio de Versalles (Versalles, Francia)

Este destino, perfecto para una excursión de un día si se está visitando París, es en realidad un complejo compuesto de tres palacios y unos jardines de gran extensión. Su construcción fue ordenada por Luis XIV, y en él se puede apreciar la fastuosidad de la vida de los monarcas franceses de la época. Una de las salas más impactantes es la de los espejos, que cuenta con diecisiete en forma de arco. De aquí proviene la creencia de que romper un espejo supone siete años de mala suerte, ya que si un empleado rompía alguno, se le descontaba de su paga durante ese período de tiempo.

Palacio de Invierno (San Petersburgo)

El asalto al Palacio de Invierno en 1917 es todo un símbolo de la revolución rusa. Este fastuoso edificio, hasta ese momento residencia de los zares, es hoy en día el museo más extenso del mundo, el Hermitage. Aparte de la pinacoteca, muchas salas del palacio se mantienen como muestra de lo que este edificio de estilo rococó fue en la época zarista. Así, aún puede visitarse el gran salón del trono, majestuosos y lleno de detalles dorados, o la espectacular sala de la malaquita, en la que las novias se vestían y preparaban antes de su gran día. Como su nombre indica, la estancia está decorada con columnas y mobiliario de malaquita, lo que le confiere un tono verde espectacular.