Hablamos de viajes con Judith Jáuregui

Esta donostiarra es una de las grandes intérpretes españolas y, probablemente, la pianista con mayor proyección de su generación. A sus 26 años, confiesa que cuando tiene un concierto redondo lo celebra con un buen vino, y cree firmemente que algunos compases de Beethoven podrían ser el principio del house.

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Tu último trabajo está dedicado a la pianista Alicia de Larrocha y lo has editado con un sello discográfico propio. ¿Es una apuesta por lo femenino?

He crecido admirando a Alicia de Larrocha, como intérprete y como mujer, es un ejemplo de fuerza, talento, autoridad y humildad. Esta decisión es más un envite dedicado a uno de mis referentes más importantes y editado por mí para conseguir la libertad de guiar mi carrera.

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Afirmas que la música clásica está llena de abrigos de visón y le quieres poner vaqueros, ¿cómo lo conseguirás?

Este es un arte intocable y no pretendo cambiar ni una sola nota,  pero sí la manera de presentarlo. Los clásicos tenemos un halo elitista que nos aleja del público, al que ahora necesitamos más que nunca. Desde mi juventud trato de animar a todas esas personas para que se atrevan a disfrutar de la música. No hace falta entenderla para emocionarse y la clásica, como la vida en general, está hecha para sentirla.

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Consideras que hay buen nivel en  tu disciplina en España. ¿Cuál ha sido el público más sorprendente en tus recitales? 

Últimamente, estudiantes. Cada vez veo más gente joven que se acerca a los auditorios. Me gustó ver en el Festival Musika-Música de Bilbao conciertos con buena parte del público que no tenía más de 30 años. ¡Absolutamente genial!

De adolescente viajabas cada semana a Madrid para estudiar piano. ¿Qué es lo que más te gusta de la capital?

Su vida, siempre llena de gente y planes: teatros, cines, cañas, conciertos. Y paseos, tengo mi recorrido favorito, desde el Parque del Oeste, pasando por el templo de Debod, hasta el Palacio Real.

Y de tu tierra, San Sebastián, ¿nos recomiendas algún paisaje?

¡Todos! No existe un rincón en el que no se encuentre la magia donostiarra. Desde el mítico paseo de la Concha al Peine de los Vientos, los parques más desconocidos, como el de Ayete o el de Cristina Enea, y, cómo no, el paisaje de la Parte Vieja con sus pintxos.

Te sientes muy identificada con Schumann y viviste durante 4 años en Múnich, ¿nos descubres tu rincón secreto?

El paseo a través del río Isar. Sobre todo en otoño, el suelo se viste con una espectacular alfombra de hojas. Es mi momento de evasión cada vez que vuelvo.

¿Cuál crees que es la ciudad más musical?

París, Berlín, pero quizá sobre todas ellas, Londres. Es un happening continuo con conciertos de gran calidad. 

¿Qué destino logra inspirarte más?

Francia es un país por el que tengo especial debilidad. Un paseo en el sur por pueblecitos como Biarritz o San Juan de Luz es un lujo que me encanta darme de vez en cuando. Y más si al paseo se le añaden unos mejillones a la marinera.